Cuando se acercó a nuestro grupo nadie sospechó de él. Sin embargo, en retrospectiva, su actitud radical nos empujó a realizar acciones violentas y eso debió prender nuestras alarmas. Pronto esa forma de ser audaz y arriesgada lo hizo ganarse un puesto privilegiado en nuestra organización. Se encargó de preparar las barricadas para las protestas, organizó un grupo de choque con escudos de protección para hacer frente a las fuerzas públicas que enviarían a reprendernos y planificó varias acciones de protesta para llamar la atención nacional e internacional.
Fue muy tarde cuando comprendimos que cada uno de los eventos en los cuales él participaba, culminaban con varios de nuestros compañeros presos y victimas de tortura. Cuando nuestras sospechas se posaron sobre él, desapareció. Tratando de indagar nos dimos cuenta que antes de su irrupción en nuestro grupo nadie lo conocía. Para nuestra desgracia lo volvimos a ver cuando allanaron la casa donde nos reuníamos. Él apareció uniformado con armas largas en su mano, nos golpeó, nos humilló, se burló de como nos engañó y de como nosotros lo habíamos ayudado a ganar renombre dentro del aparato de represión del Estado