Lo conocí cuando él era un joven oficial. Diligente y muy responsable, siempre buscando destacarse porque amaba su carrera y aspiraba a llegar a altos cargos. Por eso, cuando me dijeron que estaba en las protestas contra el gobierno, no podía creerlo. Al poco tiempo supe que era un desertor del Ejercito, pero había logrado escapar del país. No volví a saber de él; sin embargo, imaginé que estaba a salvo y que haría su vida en otras tierras. Veinte años después reapareció repentinamente.
Me lo encontré en una panadería por casualidad. Me contó sus aventuras: Llegó a Estados Unidos, trabajo por 10 años en construcción hasta llegar a tener su propia empresa, pequeña pero propia. Se casó y formó una familia, ya tenia cierta estabilidad; sin embargo, una leve infracción de tránsito dio inicio a su infierno en la tierra. Fue deportado, al llegar a Venezuela fue apresado por deserción y traición a la patria. Fue torturado y estuvo casi cinco años preso hasta que logró amnistía. Ahora vive de ayudas familiares, luchando por reencontrarse con su esposa y sus hijos que aún están lejos