Miguel era un niño que trataba de ser feliz. No entendía el desprecio de sus primos que rechazaban jugar con él o por qué le decían "hijo de nadie". Lloraba en las noches, en silencio, a causa de ese desprecio. A sus 6 años era consciente que no sabía nada de su padre y que pese a que su tío le mostraba cariño y lo orientaba, este era su tío y tenía sus propios hijos. Cuando le preguntaba a su mamá por quien era su progenitor, esta evadía la pregunta con visible vergüenza, por lo que dejó de de preguntar. A todas luces ella también sufría por esa ausencia.
A la larga el destino compensó aese niño. Su madre se enamoró y casó con un hombre que en todo momento lo trató como a su hijo propio. Le dio su apellido, le compró un carro cuando se graduó de bachiller, le pagó la universidad, le ayudó a comprar una vivienda cuando se casó y quiso a los hijos de ese niño como un abuelo quiere a los propios. Hoy y siempre te pido la bendición abuelo y le doy gracias a Dios por haberte tenido en mi vida y por todo lo que hiciste por mi padre.