Microcuentos

El Minero

José Antonio no era un minero, pero la pobreza lo obligó a aprender ese oficio. Llegó a Uraima, en pleno macizo guayanés y supo lo que era la incomodidad. Todo el día se la pasaba sucio, con barro hasta el cuello, las botas de hule que usaba le estaban matando los pies y la humedad le ocasionaba sabañon. En la noche llegaba cansado, se tiraba en la hamaca y se cubría con el mosquitero hasta dormirse. Cierta noche, deshecho por el cansancio, se acostó y enseguida se durmió. Al despertar había dejado afuera del mosquitero su brazo y este estaba hinchado, algo lo había picado, quizás un murciélago o un tábano. José Antonio se desesperó, no había médico sino a 2 días de camino, por lo que emprendió la marcha selva adentro, nadie lo acompañó, todos estaban en lo suyo, buscando oro.

José Antonio nunca llegó a su destino, la selva se lo tragó, algunos dicen que fue rescatado por pemones quienes lo sacaron para Colombia y allá lo curaron, lo cierto es que no se supo que pasó con él.




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