Mio, Tuyo, Mi Secreto

¿Qué ocurrió después?

La puerta se cerró detrás de Clarissa.

Oliver permaneció inmóvil.

No la siguió, no la llamó, ni siquiera intentó detenerla.

Simplemente se quedó mirando la puerta por donde había desaparecido.

«Yo tuve que vivir las consecuencias.»

La frase volvió a su mente.

Una vez, después otra y otra.

Oliver caminó lentamente hasta su escritorio.

Se detuvo frente a la silla, pero no se sentó.

Había pasado los últimos días intentando recuperar un recuerdo que creía perdido.

La lluvia, el auto, su voz, su rostro.

La noche.

Todo había regresado con una claridad que no esperaba.

Pero ahora había algo más.

Algo que no pertenecía a sus recuerdos.

Consecuencias.

¿Qué consecuencias podía haber tenido aquella noche para Clarissa?

Oliver frunció el ceño.

Había sido una noche, una sola.

Sin promesas.

Sin números intercambiados.

Sin intención de volver a verse.

Eso habían decidido ambos.

O al menos eso había creído él.

Entonces, ¿qué había ocurrido después?

Se dejó caer finalmente en su silla.

Apoyó los antebrazos sobre el escritorio y pasó una mano por su mandíbula.

Intentó recordar la mañana siguiente.

Y por primera vez se dio cuenta de que no podía.

Recordaba haberse despertado.

Recordaba la sensación de cansancio.

Recordaba haber mirado el reloj y comprender que tenía compromisos que no podía seguir posponiendo.

Recordaba haber pensado que aquella noche debía quedarse exactamente donde pertenecía.

En el pasado.

Pero no recordaba haber pensado en ella después.

No de verdad, no como ahora lo estaba haciendo y eso lo inquietó.

Porque Clarissa tenía razón en algo.

Él no la había buscado.

No había intentado encontrarla.

No había preguntado quién era.

Durante años ni siquiera había sabido su nombre.

Y ahora pretendía comprenderla como si tuviera derecho a hacerlo.

Oliver se levantó nuevamente.

Caminó hacia el ventanal.

La ciudad se extendía frente a él, llena de movimiento.

—¿Qué ocurrió después? —murmuró.

No esperaba una respuesta.

Pero la pregunta ya estaba instalada.

Y cuanto más intentaba apartarla, más crecía.

Entonces recordó algo.

Una pequeña imagen.

Clarissa antes de bajar de su auto.

Su mano sobre la manija de la puerta, el momento antes de marcharse.

Había algo en su expresión.

Algo que en aquel momento no comprendió.

No era arrepentimiento.

Tampoco miedo.

Era una especie de decisión.

Como si ella hubiera sabido que debía marcharse antes de que aquella noche se convirtiera en algo más.

Oliver cerró los ojos.

Ahora lo veía diferente.

Tal vez ella no había olvidado aquella noche.

Tal vez había sido él quien no quiso mirar lo suficiente.

Tomó el teléfono que había dejado sobre el escritorio.

Lo desbloqueó.

Su dedo se detuvo sobre el contacto de Clarissa.

No llamó.

Porque ella había sido clara.

Si iba a buscarla, debía hacerlo por trabajo.

Oliver dejó el teléfono nuevamente sobre la mesa.

Pero antes de apartarse, una idea cruzó su mente.

Una posibilidad que hasta ese momento nunca había considerado.

Si para él aquella noche había terminado al amanecer...

¿por qué para Clarissa parecía haber comenzado algo después?

La pregunta lo dejó completamente quieto.

Y desde que la había reconocido en aquella sala de juntas, Oliver comprendió que quizá el verdadero misterio no era por qué había vuelto a recordar a Clarissa.

Era qué había ocurrido en la vida de ella después de aquella noche.




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