MIS DOS MARIDOS
Capítulo 1
— ¡Qué bueno que llegas, Katerina! Me muero aquí de aburrimiento sin nadie con quien hablar…—me saluda mi madre apenas llego y me acomodo en el asiento del conductor. No deja de sorprenderme que en lugar de quejarse de hambre, hastío o cansancio, mi madre tan solo lamente no tener con quien hablar.
Es una tarde calurosa y me encuentro abatida. He estado afuera todo el día, buscando trabajo calle arriba y calle abajo sin encontrar alguno con un salario lo suficientemente decente para pagarnos un alquiler. Llevamos tres días durmiendo en el auto que logramos ubicar en el estacionamiento de un hotel, es tan amplio que todavía no reparan en nuestra presencia. Sabemos que pronto notaran que no nos hemos movido de aquí en días y nos echaran. Pero en lo que eso sucede, el auto ha pasado a ser nuestro hogar.
“El Chustro” no es cómodo y con nuestras pertenencias encima ocupando tanto espacio es mucho peor. Pero al menos sus asientos reclinan y nos sirven de cama para dormir en las noches.
—Pero si tú hablas sola…—le respondo.
Ella me mira por encima de sus anteojos y mueve la cabeza en señal de negación.
—Pero llega el momento que no tengo nada que decirme. Y a veces, soy respondona…y yo no puedo hablar con gente así —asegura.
Me encanta eso de ella. Ha sabido enfrentar la situación con el mayor estoicismo y humor posible.
Luego sonríe, y gira la conversación hacia mí.
—A ver, cuéntame… ¿Cómo te fue hoy? —inquiere ansiosa de escuchar otra voz que no sea la propia y con la esperanza de que las noticias sean buenas.
—Como habrás podido notar por el poco entusiasmo que traigo, no conseguí ningún empleo que nos saque de aquí. Todo lo que ofrecen es que entregues la vida por unos centavos diarios. No es que menosprecie esos empleos pero necesitamos un buen ingreso para pagarnos al menos la fianza y el primer mes de renta. Ya después, resolveremos lo demás.
—Quizás entre las dos podemos lograrlo. Pero cada vez que soy yo quien busca trabajo, el dinero que me ofrecen tampoco nos rendirá. Estamos atrapadas —analiza y noto frustración en su voz. Luego añade:
—Es horrible. Además me aburro como una ostra. Al menos antes me entretenía leyendo pero ya no podemos darnos el lujo de comprar libros – dirige entonces la mirada al libro que sostiene en la mano y como si yo le estuviera cuestionando me aclara: “Éste es la tercera vez que lo leo…”
Sonrió ante su aclaración. A veces parece una niña pequeña a la que han regañado y eso no deja de enternecerme pese a todas nuestras circunstancias.
—Te diré algo…-le digo y se entusiasma tan solo al escuchar el tono en que le hablo- Conozco una aplicación de internet donde podrás leer novelas gratis. Te la voy a añadir a tu teléfono para que no te aburras tanto y disfrutes de esas lecturas que tanto te gustan.
Sus ojos se engrandecen de la emoción y una sonrisa se dibuja en sus labios.
— ¿Hablas en serio? ¿Gratis? —pregunta.
— ¡Por supuesto que hablo en serio! Yo nunca te mentiría con algo así. Te cuento que no todas son gratis, algunas hay que pagar. Pero empecemos con las gratis y luego ya compraremos cuando podamos. ¿Te parece?...A ver…dame tu teléfono para bajarte la aplicación.
Mamá saca deprisa el teléfono de su bolsillo pero su ilusión se desvanece al instante que lo mira.
— ¿Qué pasa? —le pregunto.
—Olvidé que ya no tiene saldo y que la batería parece que se le ha muerto porque ni siquiera prende…
Su tristeza me carcome. ¿Es que no podemos tener al menos una pequeña alegría?
No quiero que la pesadumbre se apodere más de nosotras. No quiero lágrimas ni lamentos. No quiero que nos rindamos ante esta mala racha que atravesamos. Estoy segura que esto será temporero y que pronto saldremos adelante. Necesito decirle algo que la entusiasme, que nos anime a las dos porque no puedo desfallecer ante ella. Tengo demasiado que agradecerle.
—Sin embargo…hoy tuve una propuesta…—le digo para animarla aunque a mí misma la propuesta no me convenza.
A mi madre otra vez se le ilumina la mirada con esperanza y alegría.
— ¡Cuéntame! —exclama tirando el teléfono de lado y prestándome toda su atención.
El frio comienza a colarse al interior del auto porque un cristal se ha atorado y no sube por completo. Noto el vaho que se forma cuando hablamos y eso es señal que debemos conseguir pronto un lugar donde vivir o esto se pondrá peor. Si es que eso fuera posible.
—Hoy cuando pedí empleo en una tienda, la chica que me atendió fue muy amable. La noté compasiva y no de esas que miran de arriba abajo…ya sabes como es.
Mi madre asiente con la cabeza, sin interrumpirme, ansiosa de que continúe con el relato.
—Entonces, como estábamos solas y tenía la corazonada que era una buena chica, le abrí mi corazón y le conté la situación tan precaria que estamos viviendo.
— ¿Le dijiste que estamos durmiendo en el auto? —pregunta escéptica.
—Sí…y fue entonces cuando me dijo que conoce una casa que están buscando una cocinera y una chica para la limpieza.
El rostro de mi madre vuelve a ensombrecerse. La noticia no le ha caído tan bien como yo esperaba.
— ¡Ay, mi amor! Pero tú que has estudiado tanto, que sabes hablar inglés y hasta algo de francés y ahora irte de sirvienta. Estudiaste en las mejores escuelas y ahora… ¡Ay, no!…—dice esgrimiendo una sonrisa triste.
Tengo que animarla, no puedo permitir que su espíritu decaiga porque también caería el mío y ya la calamidad sería demasiada.
—Espera, aun no te he dicho lo más importante…este trabajo incluye quedarnos en la casa. Tendríamos nuestra propia habitación. ¡Te imaginas! Un techo, agua, electricidad, calefacción, alimentos… ¡Todo! ¿No crees que sea una buena oportunidad?
#3778 en Novela romántica
#1150 en Novela contemporánea
bigamia, amor romance dudas odio misterio, inseguridad confusión
Editado: 11.03.2024