Mis Dos Maridos

Capítulo 5

Capítulo 5

 

Nos apretujamos en aquella cama pequeña cuyos resortes rechinaban al menor movimiento. Afuera se escucharon pasos y voces durante toda la noche y no fue sino hasta la claridad del día que llegó el silencio. Para entonces, ya nos habíamos levantado listas para comenzar una nueva etapa en nuestras vidas. Teníamos el propósito de quedarnos trabajando hasta que pudiéramos reunir el suficiente dinero para mudarnos a otro sitio y conseguir un empleo mejor. Por lo pronto, encontrar un lugar donde trabajar y vivir a la vez nos parecía fantástico.

—Ay, Katerina…¿Qué tal si no le gusto al patrón? —preguntaba mi madre mientras recogíamos todo para irnos.

— ¿Cómo no le vas a gustar? Es imposible que no puedas agradarle a alguien. Además, se va a enamorar de esos platos tan exquisitos que preparas y no va a querer que te vayas nunca. Ya lo verás.

Mis palabras la animaron.

— ¿Sabes que voy a hacer con mi primer sueldo?

—A ver….

—Voy a ponerle saldo a mi teléfono para que me bajes la aplicación esa de novelas que me hablaste…

—Me parece bien. Solo espero que no te envicies…

— ¿Y tú, hija? ¿Qué harás? —preguntó entusiasmada ante la perspectiva de que le hablara de comprar algún vestido o zapatos.

—Lo voy a ahorrar todo, mamita. Recuerda que solo estaremos de paso en esa casa y que tenemos que recuperar El Chustro…

—Tienes razón. Yo también tendré mi guardadito…

—Sí, mamá, porque esto de haber vivido bien toda la vida y luego estar en la calle no me ha gustado nada. Me voy a encargar de que nunca más vuelva a pasarnos.

—Así es, Kat. Pero ya pronto eso será pasado y nos reiremos luego de todo lo que hemos vivido.  

—Eso espero, mamá. Eso espero…

Había agotado el saldo de mi tarjeta de transporte pero a mamá le quedaba suficiente para las dos. Estábamos viviendo al extremo y no veía la hora de salir de la mala racha.

Al bajarnos del transporte, tomamos rumbo a la dirección maletas en mano. El camino fue agotador siendo que los transportes no suele hacer paradas cerca de los barrios finos. Los que allí viven no necesitan usar transporte públicos y solo la servidumbre los necesita. Pronto aprendí ese tipo de cosas. Ahora estando al otro lado de la situación veía las cosas más claras.

Mientras nos acercábamos a la casa, el panorama iba cambiando. Dejábamos atrás el paisaje de viviendas modestas y nos encontramos con las inmensas y modernas residencias que se asentaban en las colinas. Todas bordeadas de un bien cuidado césped verde y en medio de una tranquilidad paradisiaca.

— ¿No te parece un sueño vivir aquí? —preguntó mamá mientras admiraba extasiada el paisaje.

—No es lo ideal haciéndolo en calidad de sirvientas pero es un buen comienzo —respondí.

Al fin llegamos a la casa. A aquella hora de la mañana ya estábamos  sudorosas y cansadas por el peso de las maletas pero felices de haber llegado. La casa era grande y moderna, imaginábamos la felicidad de aquella familia de poder vivir en un lugar tan exclusivo y hermoso. Tocamos el timbre y poco después la puerta se abrió.

El mismísimo señor Grimaldi nos recibió. En seguida noté la diferencia en ver a una persona en su ropa de trabajo, con traje y corbata,  a verlo mucho más relajado, descalzo, con unos blue jeans y una camiseta blanca. El cabello un tanto despeinado pero se veía igualmente guapo, incluso más que la vez anterior. Aquel hombre me doblaría la edad pero como el buen vino, añejaba bien.

— ¡Que gusto que hayan venido! Pasen, por favor…—dijo mostrándose contento y agradecido de que estuviéramos allí y no nos hubiéramos arrepentido.

Se hizo a un lado para dejarnos pasar e insistió en ayudarnos con las maletas las cuales tomó una en cada mano sin que le supusiera demasiado esfuerzo.

—Supongo que es tu mamá, la gran cocinera de la que me hablaste.

Mamá se sonrojó.

—Mucho gusto, señora. Un placer tenerlas en mi casa.

—Lucrecia San Marino, para servirle. Pronto conocerá mi cocina y ya veremos si soy la gran cocinera que alega mi hija —se presentó mi madre.

—No tengo ninguna duda de eso. ¿Se les hizo fácil encontrar la casa? Espero que no hayan tenido problemas —.

—Caminamos un poco pero no tuvimos problemas. Es hermosa su casa, señor Grimaldi — le dije.

Notaba como él no dejó de sonreír en ningún momento. Parecía auténticamente feliz de que estuviéramos allí. Mamá también sonreía complacida. Supe de inmediato que el señor Grimaldi le había caído bien porque siempre ha apreciado a las personas con buenos modales y él hacia derroche de ellos.

— ¿Y el resto de la familia? ¿Cuándo los conoceremos? —pregunté. Me quedaba claro que aquel caballero no podía ser soltero ni vivir solo en aquella casa tan grande.

—Oh, no. Vivo solo…

Quedé sorprendida.

—Bueno, tengo una hija pero no vive conmigo y a decir verdad, casi nunca me visita. Será muy raro verla por aquí —expresó y pude apreciar cierta tristeza en su voz.

Luego que decir aquello, se quedó observando nuestra reacción como temiendo que desistiéramos del trabajo y nos fuéramos. Era normal que lo pensara, él no conocía nuestra desesperada situación.

—No hay ningún problema con eso, estaremos encantadas de servirle —aseguró mamá y yo estaba de acuerdo.

Menos gente para servir significaba menos trabajo —pensé y me comenzó a agradar mucho la idea de saberlo solo…y soltero.

De allí pasamos a conocer el resto de la casa. Era increíble ver sus espaciosas habitaciones, un sinfín de cuartos de baños, terraza al aire libre y con piscina. Tenía su propio gimnasio y sin olvidar la inmensa cocina con enseres de última tecnología.

—Como ven, la casa tiene suficientes habitaciones como para que cada cual tenga la propia —nos indicó dándonos la oportunidad de elegir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.