Capítulo 13
—Por favor, no es necesario llegar a esos extremos para que no me vaya de su casa —fue lo único que se me ocurrió decir. Su propuesta matrimonial fue tan imprevista que logró nublarme el entendimiento.
Él dio dos pasos hacia adelante, acercándose a mí. En ese punto yo no sabía cómo actuar. ¿Debía mirarlo? ¿Intentar salir corriendo y escapar por el hueco de la ventana como pensé hacerlo cuando lo conocí? Las manos me temblaban y tuve que recargarme contra la pared para recuperar el aliento.
— ¿Cómo se te ocurre? Esa no es la razón por la que deseo que te cases conmigo. Pero… ¿es que no te has dado cuenta? Estoy enamorado de ti, Katerina —su voz fue suave al decirlo, casi pude palpar el sentimiento.
—Es que…no sé ni que pensar…es todo tan inesperado —repliqué con la voz delatando mi nerviosismo.
—Lo comprendo – se acerca aún más y su rostro se encuentra tan cerca del mío que no puedo rehuir su mirada - A mí también me ha costado entenderlo y aceptarlo. Llevo mucho tiempo solo, dedicándome solo al trabajo. Ninguna mujer logró despertar mi interés en todos estos años. Creo que incluso ya había renunciado al amor. Pero…
Hizo una pausa como si estuviera eligiendo bien las próximas palabras que me diría. Yo quedé atenta, necesitaba escucharlo.
—Pero…llegaste tú y lo cambiaste todo. Y lo que más me sorprende es que no has hecho nada. ¡Solo has sido tú! Y me ha encantado todo lo que he conocido de ti. No solo eres hermosa sino que eres inteligente y trabajadora – toma mi rostro entre sus manos y me mira directo a los ojos- También me emociona ver cómo eres tan buena hija. Esas son cualidades difíciles en encontrar en una persona. Y tú lo posees todo. ¡Cómo no me iba a enamorar!
Tenía el corazón a punto de estallar. Entonces acerca tu boca a la mía y me besa. Es un beso cálido, repleto de dulzura, suave. Siento que me entrega su vida con aquel beso y yo me someto gustosamente a él. ¿Así se siente el amor? Es sublime.
Frank separa su boca de la mía solo para repetir la pregunta.
“¿Quieres casarte conmigo?” Y vuelve a besarme. Si no fuera porque ha ocupado mi boca con ese otro beso ya le hubiera respondido que sí.
Frank no solo me había propuesto matrimonio sino que quería que fuera lo antes posible. Tenía un viaje de trabajo programado para dentro de un mes y deseaba que ya estar casado conmigo para esa fecha.
—Luego que regrese de ese viaje, quiero que tengamos un viaje de bodas. Quiero que tú elijas el destino y me gustaría que fuera a algún lugar que siempre hayas soñado conocer. Así lo conoceremos juntos y yo seré aún más feliz viendo como lo eres tú.
Sonrío porque me enternece ver lo feliz que se ve haciendo planes para nosotros.
—Además podemos quedarnos a vivir en la misma casa. Claro, ya en calidad de mi esposa. Buscaremos alguien que se encargue de la limpieza y, por supuesto, tu madre ya no será la cocinera. Será mi suegra y como tal, también será señora de la casa.
—Pero, Frank…
—Claro, que si lo prefieres nos movemos a otra casa que sea más a tu gusto. No te preocupes por mí. Yo seré feliz donde tú estés, ese será mi hogar.
—Escúchame, Frank…vas muy a prisa. Todavía no te he dicho que acepto…
Su rostro se ensombreció al instante. De pronto temió mi respuesta.
—Tienes razón…he sido un tonto – se aleja de mi dando un paso hacia atrás. Sus ojos no dejan de mirarme, solo que ahora noto un halo de duda en ellos.
— ¿Me aceptas? —preguntó con un hilo de voz—no importa si aún no estas enamorada de mí. Yo sabré ganarme tu amor…
Yo le sonreí cándida.
—No habrá necesidad. Si no te he dicho antes que sí es porque no me has dejado hablar…Acepto ¡Claro que acepto! —respondí sonriente y colmada de felicidad.
Nuevamente se acerca, me abraza y me toma por la cintura plantándome un beso lleno de pasión. ¡Me siento tan mujer entre sus brazos! Frank es el hombre con el que cualquier mujer soñaría y ahora es mi dulce realidad.
—Hoy mismo voy a pedirle tu mano a la señora Lucrecia —susurró entre besos como quien cuenta una travesura.
—Creo que será mejor que me dejes hablar primero con ella. Yo la conozco y creo que no es conveniente que te le aparezcas de golpe con esa noticia. ¿Te parece?
—Como tú digas, pero que sea rápido. Ya he vivido demasiada vida sin si —respondió otra vez entre besos.
***
— ¿Con que esas tenemos? ¿Un día te ofrece trabajo y al siguiente te ofrece matrimonio? ¡Vaya, pues…¿mañana que te ofrecerá? ¿Un viaje a la luna? —fue la respuesta de mamá en cuanto le conté.
—Mamá, por favor. Frank no es un chiquillo y quiere hacer las cosas bien. Me ha propuesto matrimonio y te aseguro que en este momento no hay nada que yo desee más que estar junto a él —traté de convencerla de la mejor forma que pude.
Ella me miró sin creerme una palabra.
—Bien lo has dicho: “En este momento.” Ahora estas deslumbrada con él, con su caballerosidad, con sus buenos modales, con todo lo que te ofrece y con que todavía luce bien. Pero en algunos pocos años será demasiado mayor para ti. Tú seguirás siendo una joven y él se convertirá en un viejo que necesite cuidados como un bebé. ¿Es que no te das cuenta que el tiempo pasa muy rápido y que pronto ese galán maduro se convertirá en un anciano? No quiero eso para ti.
—Mamá, por favor. ¿Es que acaso en esas novelas que lees no dicen eso de que “el amor no tiene edad.”
—Vaya que lo dicen…pero tu vida no es una novela, Katerina…
—No quiero tener esta discusión, por favor.
Mamá suspiró hondo. Se quedó mirando algún punto indefinido y distante hasta que decidió volver a hablar.
—Sigo sin cambiar de opinión pero reconozco que eres mayor de edad y no necesitas mi consentimiento —soltó resignada.
#3784 en Novela romántica
#1151 en Novela contemporánea
bigamia, amor romance dudas odio misterio, inseguridad confusión
Editado: 11.03.2024