Capítulo 15
—Hija, ya salte de la puerta y entra a la casa. Hace mucho frio y te vas a enfermar —me dijo mamá cuando luego de ver marcharse el taxi de Frank me quedé allí inmóvil, incapaz de moverme.
Sus palabras me hicieron salir del letargo en que caí. No fue hasta entonces que me di cuenta que una llovizna helada había comenzado a caer y las gotas me salpicaban. Cerré la puerta y entré a la casa.
Mi madre me pasó su brazo por mis hombros, apretándome con cariño. La tibieza de su cuerpo era reconfortante.
—Tengo que decirte que quizás me equivoqué —dijo mamá al verme tan triste por la partida de Frank —Los veo muy enamorados y él se nota que se desvive por ti. ¡Hasta ha dejado de ser tan callado y serio! Ahora siempre está sonriente y pareciera que no soportara estar ni un segundo lejos de ti.
—Así es, mamá. Frank es el mejor hombre que pude encontrar en la vida y yo tampoco quisiera estar ni un segundo lejos de él. Por suerte, en unos días ya estará de vuelta y podremos por fin hacer nuestro viaje de boda. ¡Estoy ansiosa por conocer Grecia! —.
Según Frank me había contado, su vuelo salía a las 10:20 de la mañana y tres horas más tarde llegaría a su destino. Por lo que esperaba recibir una llamada o mensaje suyo alrededor de la 1:30 pm. Me puse a ayudar a mamá en la cocina para sentir que el tiempo pasaba más rápido. Mamá se había negado rotundamente a renunciar a su labor de cocinera.
—De ninguna manera. Si no me mantengo ocupada en algo, ¿qué haré todo el día? —preguntaba sin esperar respuesta, solo para dejar claro que no pensaba renunciar a la cocina.
—Puedes dedicarte a leer tus novelas. Te mantendrás ocupada con la vida de mentiritas de esas historias —respondí en tono de broma.
—No me hables de eso. Estoy enojada con la última que leí porque él la humilló y se casó con la otra…—responde mamá siguiéndome el juego.
Seguimos el resto de la mañana preparando el almuerzo. Fue algo sencillo solo para nosotras dos. Hasta en eso la ausencia de Frank me parecía inmensa. Un plato menos en la mesa, un hueco enorme en mi corazón.
“Solo serán unos días, Katernina” no dejaba de repetirme una y otra vez.
Luego mamá me ayudaría a elegir que llevarme para el viaje. Me llevaría zapatos cómodos, ropa apropiada para el clima, algunas piezas que incluso tenia sin estrenar. Otra vez, no tuve que comprar nada. Suerte la mía, con el frio que arreciaba no sentía ganas de salir de tiendas.
—Deja espacio en la maleta para que traigas cualquier cosa que consigas allá —me aconsejó mamá pero no le respondí. Mis ojos estaban en el reloj. Había reparado en la hora y eran casi las dos de la tarde y aun no recibía llamada o mensaje de Frank como habíamos acordado.
Revisé mi teléfono algo inquieta. No tenía llamadas perdidas ni mensajes recibidos. Me aseguré de tenerlo cargado y a modo de timbre. Nada. Verifiqué otra vez la bandeja de mensajes. Nada.
— ¡Ay, mamá! Como que ya se suponía que el vuelo de Frank hubiera aterrizado pero nada que me llama —comenté con la angustia que ya me comenzaba.
—Pero… ¡Por todos los cielos, Katerina! A veces los vuelos se atrasan o los teléfonos no encuentran buena señal para sacar llamadas —me decía tratando de aplacar la desesperación que comenzaba a sentirse en mi voz y a reflejarse en mi semblante.
—No puedo esperar, lo llamaré yo —le dije mientras pinchaba su número en mi teléfono.
Mamá volteó los ojos.
—Como tú quieras…desesperada…—la escuché murmurar entre dientes.
El silencio que emitía el teléfono es solo comparable con la tensión que se me acumulaba. La llamada no daba señales de hacer conexión y tan solo lograba escuchar un extraño pitido, una estática rara. Entonces, opté por enviarle un mensaje. Fue breve y tranquilo, sin signos de alarma.
“¿Ya llegaste? Déjame saber. Te extraño.”
Media hora más tarde seguía sin respuesta. En ese tiempo lo llamé con mi teléfono, con el de mamá y con el teléfono fijo de la casa. Pero nada. Nada. Le envié un correo electrónico. Nada.
Entonces recordé que gracias a la tecnología, se puede saber el estado de un vuelo con solo poner su número en el app de la aerolínea. No perdí tiempo y tecleé el número con las manos, que ya comenzaban a temblarme.
Cancelado.
¡El vuelo aparecía cancelado!
Comencé a sentir un leve mareo. Mamá me ayudó a sentarme y, aunque no lo admitía, sé que ella también estaba comenzando a preocuparse.
—No comprendo. Si el vuelo fue cancelado… ¿por qué no me avisó? Es que no entiendo nada…
—Cálmate, Kat. Quizás se cambió a otra aerolínea cuando vio que no podría viajar por esa —razonaba mamá y me pareció acertada su deducción. Era posible, esas cosas pasan todo el tiempo.
Busqué mi laptop para verificar todos los vuelos que salían aquella mañana. Estaba frenética. Tal vez estaba exagerando pero en aquel momento no se me ocurrió otra cosa que hacer. Además, hacer algo calmaba mis nervios. Quedarme quieta me enervaba aún más.
Lo que descubrí en internet fue aún más desalentador. Una escueta noticia donde se avisaba cancelación de todos los viajes debido a las malas condiciones del tiempo.
—No comprendo. No había aviso de tormenta ni de mal tiempo —balbuceé atontada.
Mamá intentó buscarle la lógica a lo que estaba sucediendo.
—Hija, ya sabes cómo es la naturaleza. Seguro la visibilidad no era buena o alguna tormenta eléctrica de esas que a veces pasan de repente…
—Lo entiendo, mamá. Pero….entonces ¿Por qué no me avisó? ¿Qué le costaba decirme lo que pensaba hacer y no dejarme así de preocupada con esta incertidumbre?
Mamá ya no dijo nada más. Se quedó mirándome y sé que ella también pensaba igual ¿Por qué no avisó?
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Editado: 11.03.2024