Capítulo 16
—Pasen, por favor. Adelante…tomen asiento…—mi voz lucha por no quebrarse.
Mamá ya está a mi lado, sosteniéndome porque, al igual que yo, intuye que esta visita no puede ser nada bueno.
Los dos policías agradecieron no tener que quedarse parados en la puerta con la lluvia helada que comenzaba a salpicarlos. Dieron pasos hasta llegar al recibidor pero declinaron llegar hasta la sala ni quisieron tomar asiento.
—Aquí estamos bien, señora. Lo que tenemos que decirle será breve —informó el policía.
Mi ansiedad crecía con cada segundo que pasaba. ¿Por qué la policía había llegado hasta mi casa? ¿Qué estaba pasando?
—Les ruego que me digan que los trae por aquí. No he tenido noticias de mi esposo desde esta mañana y he sabido que todos los vuelos han sido cancelados —solté sin pérdida de tiempo y ellos advirtieron la exasperación de mi voz.
—Lamentamos tener que informarle esto, señora Grimaldi, pero tenemos razones para creer que su marido era uno de los pasajeros de la avioneta que se precipitó al mar al poco tiempo de haber despegado…su nombre aparece en la lista de pasajeros y…—dijo uno de ellos.
Sentí que perdí las fuerzas al escucharlo. Mamá tuvo que sujetarme fuerte porque las rodillas comenzaron a temblarme con tal fuerza que a duras penas me sostenían en pie.
— ¡No! ¡No puede ser! —grité con los ojos arrasados de lágrimas.
Ambos hombres mantenían los rostros compungidos. Supongo que nunca será fácil dar este tipo de noticias.
—Lo sentimos mucho. En cuanto tengamos más información, le avisaremos.
—Pero…es que no puede ser. Mi yerno no iba en avioneta. Tenemos la información de su vuelo y el número registrado. Ya supimos que todos los vuelos fueron cancelados. Seguramente él no tomó ningún vuelo ni fue a ninguna parte. Quizás está en algún hotel o varado en el propio aeropuerto. ¿Están ustedes seguros de lo que dicen? …—intervino mi madre que comenzaba a temblar tanto o más que yo misma.
—Completamente, señora. Aunque es cierto que los vuelos comerciales fueron cancelados, en ocasiones sucede que las personas toman vuelos con aviones pequeños no comerciales. Ya sabe, vuelos privados. Puede ser que la avioneta ya se encontraba en el aire cuando se emitió la orden de cancelación de vuelos. Comprenda que estas cosas pueden suceder y seguimos investigando —concluyó convencido de lo que hablaba.
Yo sentía una opresión en el pecho que apenas me permitía respirar. Traté de serenarme para pensar con claridad. Aquello no podía estar pasando. No a Frank, no a mí. Me resistía a creerlo.
—Entonces… ¿Qué se sabe de esa avioneta que cayó al mar? ¿Hubo sobrevivientes? —pregunté temiendo la respuesta pero al mismo tiempo necesitando saber. Me urgía tener información o me volvería loca.
—Lo que se sabe hasta ahora es que llevaba a cuatro personas, dos tripulantes y dos pasajeros, entre ellos al señor Frank Grimaldi. Se han avistado restos de la avioneta flotando en el mar pero no hemos recuperados ningún cuerpo todavía. Es muy pronto pero ya el equipo de rescate se encuentra trabajando en ello.
Los dos hombres ofrecieron mantenerme al día con cualquier novedad que surgiera y me instaron a permanecer en mi casa y estar pendiente al teléfono por si tenían que volver a comunicarse conmigo.
—Lo sentimos mucho, señora —dijo uno de ellos, su voz sonaba sincera.
Caminaron entonces hasta la puerta para marcharse. Yo no me resignaba a que se fueran sin más, sin darme algo con que sustentarme. Retuve a uno de ellos por un brazo y no lo solté hasta que me hiciera una promesa.
—Prométanme que harán todo lo posible por encontrarlo. Se lo suplico…—mi voz se fue apagando hasta terminar en un sollozo.
—Lo haremos, señora. Puede confiar que haremos todo lo posible —dijeron antes de irse.
Me asomé a la ventana y los vi montarse en la patrulla y marcharse. El viento arreciaba cada vez más fuerte. Solo pude pensar en lo difícil que sería encontrar sobrevivientes bajo esas condiciones. Mi mente cavilaba todas las posibilidades hasta detenerse en la que me causaba menos dolor. Lo único que me daba algo de consuelo era pensar que Frank estuviera herido pero no muerto. No podía soltar ese rayo de ilusión, me aferraba a esa esperanza porque de lo contrario me desmoronaría y mi mundo colapsaría por completo.
En cuanto los vi marcharse ya no pude mantenerme en pie. Me tiré en el sofá con total desconsuelo. Mamá se sentó a mi lado, pasando su mano por mi espalda. Intentaba infundirme aliento aunque lucia tan abrumada y desconcertada como yo.
— ¿Cómo es posible, mamá? Llevamos solo dieciocho días de casados. ¡Ni siquiera hemos cumplido un mes, mamá! ¡No puede ser! ¡NO LO ACEPTO! —terminé dando alaridos de dolor, completamente abatida, llorando lágrimas amargas sobre el regazo de mi madre.
—Mi amor…mi amor… ¡Cuánto lo siento! —repetía mamá una y otra vez.
Así nos quedamos en la penumbra de aquella sala que lucía tan triste como nosotras. Escuchando el ruido del viento que soplaba afuera. A través de la ventana, el paisaje estaba completamente pintado de blanco y al menor ruido que se escuchara, tenía la ilusión de que fuera Frank que regresaba.
La noche llegó sin que el teléfono timbrara por noticias. Nos mantuvimos atentas al noticiero con la esperanza de nueva información. Pero aparte de la recuperación de los restos de la avioneta, todavía no se encontraba ningún cuerpo. Pude distinguir la hélice en los visuales televisivos y me entristecí imaginando el terror de Frank ante la inminente caída. Pensar aquello me hacía daño pero no lo podía evitar. La mente me jugaba en contra.
Ya entrada la noche nos retiramos a nuestras habitaciones. No pude conciliar el sueño sino por cortos intervalos de tiempo. La pasé dando vueltas inquietas en la cama y cuando lograba alcanzar algo de sueño, solo veía imágenes de una avioneta caer y el rostro espantado de Frank.
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Editado: 11.03.2024