Mis Dos Maridos

Capítulo 19

Capítulo 19

 

—Ay, Katerina…quizás no tengas cabeza para esto pero a la verdad es que ya deberíamos ir pensando en irnos —sugirió mamá pasadas las dos semanas de espera.

—Lo sé, mamá…es que todavía guardo una pequeña esperanza de que aparezca. Ningún cuerpo fue recuperado y…no sé…—respondí.

Hubiera querido renunciar al destello de ilusión del que me colgaba sin poder soltar. Quizás así se haría más fácil el proceso. Pero mi corazón se negaba a renunciar a la idea de verlo regresar. O de que hallaran sus restos y poder dar clausura. Mientras no sucediera una cosa ni la otra, era difícil seguir adelante.

—Te comprendo, hija. Esto no es nada fácil…pero el demonio de Alyssa no tardará en aparecerse y será mejor ahorrarnos la pena de ser echadas de aquí —insistió.

Sabía que mamá tenía razón. De hecho, me parecía que Alyssa se había tardado demasiado en aparecer y reclamar la casa. Hice acopio de todas mis fuerzas, sequé mis lágrimas como pude y comenzamos con la tarea de empacar lo poco que teníamos. No me llevaría nada de aquella casa porque lo único que me hubiera gustado conservar era a Frank. Y él ya no estaba.

—Tienes razón, no le demos el gusto de que nos saque. Nos iremos antes de que aparezca por ahí a fanfarronear que la casa es suya —sostuve. Había perdido muchas cosas, pero todavía conservaba la dignidad.

—Tal vez no lo sea. Deberíamos consultar luego con un abogado. Quizás alguna ley proteja el patrimonio de Frank. Deben existir leyes de herederos que no conocemos.

Conozco tan bien a mi madre que me consta que, aunque nunca se aferraba a lo material, le molestaban los malos modos de Alyssa a tal grado que hubiera preferido incendiar la casa antes que verla pasar a manos de aquella hija ingrata y egoísta y que no demostraba el mínimo afecto por su padre.

—Ya más adelante veremos esa posibilidad. Por ahora, no tenemos dinero para meternos en asuntos legales. Por suerte, sí tenemos para pagarnos un lugar decente para vivir. No volveremos a vivir en El Chustro…eso te lo prometo.

— ¡El Chustro! –Exclamó mi madre como quien recuerda el nombre de un viejo amigo- ¿Qué te parece si lo vamos a buscar? Ahora tenemos el dinero para sacarlo —sugirió animada.

A veces me da pena ver como mamá se ilusiona como si fuera una niña pequeña.

—No podemos, mamá. Te recuerdo que nos dijeron que teníamos un mes para hacerlo. Ya ha pasado demasiado tiempo, seguro ya lo convirtieron en chatarra y ahora no es otra cosa que metal de reciclaje.

Su cara se entristeció un instante pero volvió a iluminarse casi de inmediato.

—Ah…pero mira que aquel joven se veía buena gente. Quizás lo guardó…

— ¡Ay, madre mía! Ya tienes que dejar de creer que la vida es una novela como esas que lees. Tienes que aterrizar a este mundo. El auto lo perdimos y bueno…ya compraremos otro más adelante…

—Pero ve a averiguar como quiera…uno nunca sabe…—insistió.

Blanqueé los ojos resignada. Nunca sé cómo negarme a algo que me pida mamá.

—Está bien, iré a averiguar. Pero, vamos, apurémonos que no quiero que esa fulana llegue y nos encuentre aquí.

Terminamos de empacar y llamé un taxi para que nos llevara hasta un pequeño hotel. Cuando llegamos, nos dedicamos el resto del día a buscar en los clasificados un sitio donde mudarnos de forma permanente. Por suerte, encontramos varias opciones dentro de nuestro presupuesto y quedamos en ir a verlos al siguiente día. Estaba ansiosa por establecerme, por conseguir un empleo, por lograr estabilidad y, sobre todo, por pasar la página. Con dolor en el alma, debía dejar a Frank atrás, soltar la ilusión de su regreso y continuar hacia adelante. Esa se convirtió en mi meta.

A la mañana siguiente nos fuimos a ver los lugares que habíamos marcado. Esta vez no hubo problema en conseguir donde vivir porque cuando se tiene dinero todo es más fácil. Nos decidimos por un modesto pero cómodo departamento en el corazón de la ciudad. Me entusiasmaba la idea de lo céntrico de su localización puesto que mi próximo paso era conseguir un empleo y desde allí podría irme incluso caminando a muchos lugares. De pronto comencé a sentirme mejor. Era como si las nubes negras al fin comenzaran a despejarse., el cielo a aclarar y un pequeño rayo de sol me confortara.  

—Ahora, nos dedicaremos a buscar trabajo.

Pasaron varios días y nuevamente nos encontrábamos en la disyuntiva de aceptar un empleo mal remunerado o continuar buscando algo mejor. Esta vez no quería dejar pasar demasiado tiempo sin generar ingresos y que volviéramos a pasar las mismas penurias. Me inclinaba por aceptar lo primero que apareciera continuando la búsqueda hasta que diera con algo rentable. Los días pasaban con una rapidez asombrosa. Me habían ofrecido una posición de mesera en un restaurante cercano y me inclinaba a aceptar la oferta.

— ¿Qué crees, mamá? No es mucho pero ya luego me moveré a otra cosa…

—Peor es nada. Creo que debes aceptarlo.

—Ya cuando esté establecida con ellos, voy a sugerir tu nombre para cocinera.

— ¡Me parece estupendo, Kat! –dijo mamá para luego dar un giro al tema-  ¿Y El Chustro? ¿Cuándo vas a ir a buscarlo? —preguntó.

Sonreí ante su insistencia. Creo que era la primera vez que lo hacía en mucho tiempo.

— ¿Sabes qué? No voy a dilatarlo más. Quédate aquí que yo iré a averiguar qué pasó con el auto. Quiero salir de eso porque de lo contrario, estarás dándome cantinela todos los días con lo mismo ¿Cierto?

Mamá sonrió.

—Cierto. Vaya, pues…

Me fui caminando hasta el depósito de autos de la ciudad. Por el camino iba llena de pensamientos. Me parecía increíble que mi vida hubiera dado una vuelta tan grande para terminar regresando al punto donde peor me encontré en la vida. Pero allí estaba, comenzando otra vez de cero.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.