Capítulo 21
Mi primer día de trabajo fue emocionante. Llegué más temprano de la hora de entrada porque la ansiedad no me permitió quedarme en la casa ni un segundo más y porque todo es diferente cuando tienes tu propio automóvil para transportarte. Era una mañana esplendorosa, al menos así me parecía.
Para mi sorpresa, el señor Alvize ya se encontraba allí, sentado detrás de su escritorio.
—Buenos días, señor Alvize —saludé al llegar, con un poco de esos nervios que causan los primeros días de trabajo.
—Buenos días, Katerina. Ya tengo la primera tarea para ti —respondió al tiempo que se ponía de pie.
Me sorprendió ver que ya tuviera pensada mi primera tarea pero al mismo tiempo me gustaba comenzar con esa energía.
—A ver…
—Queda prohibido llamarme señor Alvize. Quiero que me llames por mi nombre. Así que desde hoy en adelante, soy siempre Matteo para ti ¿Entendido? —sonreía al decirlo.
Eso no lo vi venir pero no puedo negar que me gustó su actitud desenfadada, sin prepotencia y sin aires de mandamás.
—Pues espero acostumbrarme…
—Te advierto que te descontaré parte del sueldo por cada vez que me llames señor Alvize…
—Oh…en ese caso…ya me acostumbré…Matteo —seguí su juego.
Así rompimos el hielo aquella mañana y comenzó mi entrenamiento. Mis tareas primarias consistían en clasificar los vehículos en cuentas privadas y comerciales. Debía crear un documento a cada uno con la fecha de llegada y expiración. Era importante que cada auto estuviera registrado con todos sus datos y que el inventario reflejara exactamente lo documentado.
—Quiero decir, que no podemos tener ni un solo vehículo del cual no tengamos registro. Los plazos de cumplen al mes -sin excepciones- y de ahí pasan al próximo proceso. La ley es rigurosa y hay que cumplirla si no queremos multas —explicaba con seriedad.
Yo escuchaba en silencio, aprendiendo y anotando todo aquello que me parecía importante. Intentaba absorber la mayor información posible y puse todas mis energías en ello. A medida que pasaron las horas y fui conociendo más sobre el proceso de incautación de vehículos, más claro pude ver como se saltó las reglas para ayudarme. Eso nunca lo olvidaría.
Me di cuenta de lo inmenso del lote de autos cuando tuve que hacer la contabilidad. El trabajo fue arduo pero apasionante. Era un nuevo mundo que no conocía, un empleo digno, un buen salario y un jefe paciente y con destrezas para enseñar.
Al concluir mi primer día de trabajo, estaba exhausta pero complacida. En especial, estaba agradecida por mi nuevo empleo. Pero más que todo eso, estaba feliz trabajando con Matteo.
Al despedirnos noté como Matteo luchaba por decirme algo sin atreverse. Finalmente, lo soltó.
— ¿Podemos ir a tomarnos un café y hablar de otras cosas que no sean trabajo? —preguntó tímido e inseguro.
Me causaba incomodidad tener que negarme, pero no podía aceptar. Todavía se negaba a morir la pequeña esperanza del regreso de Frank. Me parecía una traición aceptarle un café a Matteo.
—Lo siento…no puedo —respondí con un hilo de voz apenas audible.
Sé que para él fue una desilusión recibir mi negativa pero aceptó mi decisión con estoicismo.
—Está bien, yo sabré esperar. Hasta mañana, Katerina.
—Hasta mañana, Matteo…no me descuentes nada que te estoy llamando por tu nombre…—dije para alegrarlo y sonrió.
Fue una sonrisa triste que volvió a repetirse en muchas otras ocasiones. Nunca se mostró molesto, tan solo se resignaba. Él invitaba y yo me negaba, era casi una rutina a la que nos acostumbramos.
Así fueron pasando los días, que se convertían en semanas y finalmente se transformaron en meses. Trabajábamos mano a mano y aprendí muchísimas cosas nuevas. Me ofrecí para hacerle traducción al inglés y francés de los documentos más importantes y él se mostraba fascinado con mi disposición para trabajar.
—Eres la mujer perfecta —solía decirme.
No le contaba nada de esto a mi madre por temor a que me insistiera a aceptar la invitación. Pero no tengo nadie más con quien hablar, así que un día le dije.
— ¿Qué estas esperando para aceptar? ¿Acaso no me has dicho que es un hombre bueno, respetuoso y que ha sido muy paciente? Además, no es un don nadie, es el dueño de la empresa remolcadora que maneja todo el país. Todo eso sin olvidar lo guapote que está. No lo pienses más, Kat… ¡Acéptale la invitación!
Me quedé pensativa por un rato. Hasta mi madre entendía que ya era tiempo de continuar mi vida, de pasar la página y soltar la idea del regreso de Frank. Ya nadie buscaba los cuerpos y el caso fue cerrado. Todo había concluido. Solo faltaba yo.
Aquella tarde que finalmente acepté su invitación, lo tomé totalmente desprevenido.
—Está bien, acepto —respondí.
Él quedó tan sorprendido que me lo volvió a preguntar.
No pude contener la risa.
—He dicho que sí, no has oído mal —respondí enternecida al ver su emoción.
Sugirió que fuéramos a un café bar recién inaugurado al que estaba deseoso de visitar. Estuve de acuerdo. En realidad, para mí el lugar era lo de menos. Lo verdaderamente promisorio era haber dado ese primer paso a un nuevo capítulo en mi vida. Estaba optimista de salir del duelo.
Llegamos y el lugar era cálido y hermoso, con un embriagante olor a café que despertaba el deseo de probarlo. Una joven mesera se acercó y tomó nuestra orden.
—Un café latte, con crema batida y canela —pedí para mí.
—El mío igual…solo que le echaras un poco de whiskey —dijo él. Se veía feliz, radiante por decir lo menos.
La joven tomó la orden y nos dejó solos.
—No puedo creer que al fin aceptaste. Me diste mucho trabajo…—dijo sonriente, sin pizca de reproche, mordisqueando su labio inferior de aquella manera tan difícil de ignorar.
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Editado: 11.03.2024