Mis Dos Maridos

Capítulo 23

Capítulo 23

 

— ¿Me estás diciendo que sí, Katerina? ¿No estoy soñando? —me preguntaba Matteo en repetidas ocasiones como si no pudiera creerlo y necesitara que le asegurara mis palabras.

Yo le respondía al tiempo que sonreía y mi corazón rebosaba de paz, de sosiego, de felicidad.

—Tal y como lo oyes, Matteo Alvize. ¿Cuántas veces tengo que repetirlo para que me lo creas? —respondía juguetona, siguiendo con él aquella línea de ilusión y emociones.

—Entonces… ¿Cuándo nos casamos? ¿Cuántos hijos vamos a tener? —preguntó tomándome fuerte por la cintura hasta elevarme del suelo y darme un par de vueltas que me hacían gritar del divertido susto que me causaba verme con los pies en el aire.

— ¡Ya bájame! – le respondía entre risas- ¡Además vas muy rápido! ¡Apenas te he dicho que sí y ya estás hablando de hijos! —le decía mientras recuperaba el aire y sentía el corazón dando golpes en mi pecho.

Me bajó pero sin nunca dejar de sonreír ni apartar la vista de mí, como si necesitara constatar que, en efecto, aquello estaba sucediendo, que era realidad y no un sueño.

—Ya sé que es muy prematuro pero prométeme que no me harás esperar demasiado ¿vale? Tu eres la mujer que he esperado toda la vida y ahora no quisiera esperar ni un minuto más para formar una familia, para que seas mi esposa, para que seas Katerina Alvize…¡KATERINA ALVIZE! ¿Te das cuenta lo hermoso que suena? —se mordió el labio inferior luego de decirlo y admito que es mi debilidad verlo hacer esto.

— ¡Tú eres el hermoso! –le dije liberándome de la vergüenza que antes me causaba decirle algo así a un hombre. Junto a él soy otra, estoy aprendiendo a ser libre y a amar de nuevo- Eres un ser humano increíble que estoy segura que me amas y que contigo seré muy feliz.

—No lo dudes nunca – respondió estrechándome entre sus brazos, con visible emoción.

Entonces me besó. Se sintió dulce a la vez que apasionado. Fue nuestro primer beso y con el sellamos el pacto de amarnos.

Desde ese día comenzamos a caminar juntos, a fortalecernos, a ser exclusivos uno del otro. Desde ese día, mi vida cambió. Sonreía con más frecuencia, divagaba sobre nuestro futuro vislumbrándolo con ilusión. Era cierto que había sufrido, que había tenido mucha carencia de afecto paternal y un hueco enorme por la pérdida de mi primer matrimonio. Pero todo quedó atrás. La vida me recompensaba con un hombre estupendo, el tipo con el que cualquier mujer soñaría. Y era mío. Me amaba a mí. No podía imaginar mejor fortuna.

Por su parte, mamá estaba que rebosaba de felicidad. Dedicaba su vida cuidar de la casa y también hacia servicio de catering por encargo. Eso la mantenía ocupada y la hacía sentir útil. Sin embargo, en cuanto le anuncié mi relación con Matteo, no quería hacer otra cosa que planificar mi futura boda.

— ¡Ay, madre mía! Estas tan apresurada como él. Tomemos las cosas con calma…—le decía para frenarle sus ansias.

— ¡Ay, hija mía! Es que la vida es muy corta e ingrata. A la que uno no aproveche las oportunidades se esfuman. Lo sabes bien…

Tenía razón. Cuando recordaba mi vida en retrospectiva analizaba las veces que un hombre me amó y luego desapareció. Primero fue mi padre, luego fue Frank. ¡Que efímero es el amor!

—Eso no pasará con Matteo. Es un hombre maravilloso y está enamorado de mí —me decía y recitaba como mantra.

Esto lo repetía a mí misma tantas veces como fuera necesario para internalizarlo. Me urgía evitar que la más leve duda creciera en mí, no podía dejarla germinar. Me había propuesto que el pasado no hiciera sombra en mi presente. Ya no sentía nada por Frank salvo convertirse en una triste memoria. Su ausencia pulverizó mis sentimientos hasta reducirlos a recuerdos.

Luego de un par de meses – y de mucha insistencia- acepté la propuesta de matrimonio de Matteo.

— ¿Me estás hablando en serio? —su ojos brillaban con esa luz que producen los sentimientos puros.

—Sí, señor. Hablo muy en serio —repliqué.

—Entonces… ¿Cuándo es la boda? ¿Mañana? —decía riéndose de sus propias palabras.

— ¡No seas loco! ¡Una boda necesita prepararse con tiempo! —reñí.

Me resultaba difícil creer tanta felicidad. Sobre todo, ver como al fin giraba la rueda y estaba arriba. Bien sé que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, pero aun así con frecuencia me cuestionaba si lo que estaba viviendo era real.

— ¡Por supuesto que lo es! —decía mamá quien ya había puesto manos a la obra buscando el modelo del vestido que usaría para ese día y no había manera de quitarle el empeño de que todo fuera perfecto.

— ¡Pero, mamá! Apenas seremos nosotras y la familia de él. No tengo amigos a quien invitar y la familia de Matteo no es tan numerosa.

—No importa, tenemos que celebrarlo en grande. ¿Es que no te das cuenta que este será el primer día de tu felicidad y no puede pasar sin celebrarse en grande?

Me rendía ante ella. Estaba rebosante de felicidad y no aceptaba que la contrariaran. Se esmeró hasta el último detalle y cuando finalmente llegó el día pudimos ver el resultado de toda su dedicación.

La ceremonia se llevó a cabo en una pequeña pero hermosa capilla de un pintoresco pueblo en las afueras de la ciudad. La familia de Matteo viajó desde el otro lado del país donde residían y nos acompañaron. Su padre era un señor maduro y muy elegante con el cual Matteo poseía un gran parecido físico. Su madre era una señora sencillamente encantadora que me dijo palabras de recibimiento a la familia que me hicieron brotar lágrimas. Con su hermana Esther hice conexión de inmediato. Espero que se convierta en una amiga y en la hermana que nunca tuve. Más que decir que fue hermoso conocerlos, diría que fue interesante. Pude ver que sus padres componían un matrimonio feliz y estable y eso era lo que Matteo quería para nosotros. Los frutos nunca caen lejos del árbol.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.