Capítulo 24
No puedo creer mi buena fortuna de haberme casado con Matteo. Mamá lo adora porque él ha sabido ganársela y se comporta como lo haría un verdadero hijo con su madre. Todo me gusta de él. Matteo no solo es un hombre atractivo y de buena posición económica sino que también es amoroso, trabajador, detallista y vigoroso. Con él he tenido mi verdadero despertar en las cosas del amor. Dinámico, fogoso, romántico y sensual. Sería ingrato pedirle algo más a la vida.
Tres meses después de nuestra boda, Matteo ha comenzado en insistir que tengamos un hijo. Dice que es lo único que nos falta para que nuestra felicidad sea completa. Me parece un poco apresurado pero al mismo tiempo también me ilusiona la idea de ser madre. Formar nuestra propia familia y que mi hijo tenga siempre el amor de su padre y no sufra el abandono que yo viví. Sé que éste es mi momento, mi oportunidad de tener una familia completa como siempre soñé.
Así que hemos puesto manos a la obra y ahora solo es cuestión de que la cigüeña se aparezca un día en nuestro hogar. Estoy en una nube, esperando ilusionada algún día ver en la prueba las dos rayas del positivo.
Seguimos trabajando juntos y nos va muy bien. Sin embargo, ya he decidido que cuando lleguen los hijos, quiero dedicarme a ellos exclusivamente. Estoy tan ansiosa con la maternidad que ya he tomado decisiones sin que todavía haya ocurrido.
Pero un mes después, no fui a trabajar y estoy en la oficina del ginecólogo haciéndome un examen de rutina cuando me da la buena noticia ¡Estoy embarazada! Me embarga una emoción tan inmensa que simplemente no lo puedo creer. Fui solo para pedirle un examen médico rutinario solo para estar segura que todo estaba bien con mi cuerpo y podía concebir sin problemas. Como parte de la revisión, el médico ordenó una prueba de embarazo y ¡zas! ¡Salió positiva! ¡Tengo cinco semanas de embarazo!
No sé cómo me contuve para no llamar a Matteo y contárselo. Por alguna razón que no logro comprender quería decírselo primero a mi madre. Solo que no deseaba darle la noticia por teléfono, deseaba ver su rostro, su expresión, que me abrazara en el calor de sus brazos y me dijera lo feliz que estaba por mí. La frialdad de una llamada no iba a permitir vivir la experiencia de esa manera en aquel momento tan único. Así, que salí de la oficina del médico envuelta de emociones y manejé directo a la casa de mi madre. El camino se me hizo eterno. ¡No podía esperar a contarle!
El destino, sin embargo, tenía otro plan para mí. Un plan inoportuno, inesperado, cruel.
Al llegar a la casa de mamá noté que afuera estaba estacionada una patrulla de la policía. El alma se me fue al piso. ¿Qué estará haciendo la policía en la casa de mi madre? No quería pensar en nada, me negaba a imaginar siquiera cuales serían las circunstancias. No obstante, miles de malos pensamientos cruzaron por mi mente, cada uno peor al anterior.
La puerta estaba entreabierta y entré sin tocar y sin anunciarme. Me encontré con dos agentes que parecían ir de salida y el rostro de mamá reflejando la palidez que dejan las malas noticias. Entré despacio, con los pies que apenas podían dar pasos adelante.
—Mamá… ¿Qué significa esto?—pregunté. Luego torné la vista a los agentes y les interrogué de igual manera. — ¿A que debemos esta visita?
Ambos me miraron con algo de asombro, como reconociéndome.
— ¿Es usted la señora Grimaldi? Vinimos a darle una noticia a usted pero como no estaba le dejamos la información con su madre…—explicó uno de los agentes.
— ¿Qué información? ¿Qué tengo que saber? —Omití la aclaración de que ahora era la señora Alvize. Eso no era importante. La ansiedad me ganaba y se reflejaba en mi voz y mis palabras.
El otro agente carraspeó y luego tomó la palabra.
—Hemos recuperado restos humanos de las aguas donde cayó la avioneta en la que viajaba su esposo, el señor Frank Grimaldi, y se han enviado al departamento de Ciencias Forenses. Esperamos tener la confirmación de identidad en los próximos días. Cuando tengamos una identificación certera, estaremos comunicándonos con usted —informó.
Tuve que sentarme de la impresión que recibí. Mamá se sentó a mi lado y pasó su brazo sobre mi hombro.
—No te preocupes, hija. Quizás esto es lo que necesitas para quitar esa sombra del pasado y dar al fin clausura a esa historia.
Asentí, estremecida por la noticia pero aceptando que, después de todo, era lo mejor.
Los agentes convinieron en mantenerme informada y se retiraron. Me quedé allí con mamá un largo rato. Las lágrimas comenzaron a fluir de mis ojos como torrentes. Me consumía pensar que el hombre que alguna vez amé y que fue mi marido ahora se reducía a unos restos encontrados, que era solo huesos sobre la mesa fría de un experto forense. Supe que su vida terminó el mismo día que supe que una vida nueva germinaba en mi interior. ¡Que ironías tiene la vida!
Intenté reponerme de la impresión que me causó la visita de la policía y me concentré en la gran noticia que tenía para compartir. Me sequé las lágrimas y le conté a mamá quien sabe evolucionar de una emoción a la otra con una rapidez pasmosa.
— ¿Es en serio, Katerina? ¿No me estas engañando? —preguntó turbada, interrogándome con los ojos ansiosos.
—Nunca te mentiría con algo así, mamá. ¡Estoy embarazada! ¡Voy a ser madre y tú serás abuela! ¿Qué te parece? —solté echando a un lado el sinsabor y ya contagiada de entusiasmo.
Mamá lanzó un grito de alegría y nos abrazamos.
— ¿Se lo has dicho a Matteo? —preguntó.
—Todavía no. Esperaré a que regrese a la casa. Esto es demasiado importante como para soltarlo por teléfono.
Luego se puso seria.
— ¿Le contarás también lo de la visita de hoy? —inquirió.
—Lo haré, pero después de decirle lo del embarazo. No quiero que nada empañe el momento.
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Editado: 11.03.2024