Mis Dos Maridos

Capítulo 26

Capítulo 26

 

—Necesito, me urge, que me cuentes que fue lo que pasó. Se suponía que fuera un viaje de pocos días, que regresarías y nos iríamos a Grecia. De pronto…no apareciste. Y solo tengo especulaciones de lo que pudo haber sucedido pero no tengo la verdad y necesito escucharla de tu boca —solté con estas palabras todo lo que contenía en mi interior y que llevaba cargando por largo tiempo.

Frank no dejaba de mirarme. Su mirada sobre mí me incomodaba, parecía quemarme. Lo examinaba todo: el cabello, la ropa, el calzado. Era como si de pronto el fantasma fuera yo y no lograra creer que estaba allí frente a él.

Al no escuchar respuesta, insistí.

—Te pido de favor que me cuentes que fue lo que sucedió —no iba a claudicar en mi pedido. Ya había pasado demasiado tiempo sin saber.

Él carraspeó y se acomodó en el asiento. Se sentía pesado el ambiente entre nosotros. Al fin, comenzó a hablar.

—Aquel día cuando llegué al aeropuerto ya habían anunciado la posibilidad de la suspensión de vuelos. Todos los pasajeros estábamos pendientes al reporte del tiempo con la esperanza que las cosas mejoraran y que se autorizaran los vuelos. Sin embargo, el clima empeoró tanto que decidieron cancelar todas las salidas. Solo recibían los vuelos que ya estaban de camino. Como podrás imaginar, estábamos contrariados.

Hizo una pausa como esperando algún comentario de mi parte pero yo no le hice preguntas ni lo interrumpí de modo alguno. Quería que continuara y aquel receso lo tomé como preparación para lo que vendría después. Esperé en silencio, ansiosa pero de ningún modo apurando su relato.

Entonces continuó.

—Estaba a punto de llamar para avisarte cuando se acercó un pasajero que debió tomar mí mismo avión a ofrecerme un vuelo en avioneta hasta otro aeropuerto donde todavía permitían despegar. Acepté de inmediato y pagué la parte correspondiente y nos fuimos. Según supe después, este es un servicio de emergencia que se utiliza solo en vuelos domésticos entre aeropuertos. A ellos la torre de control les da el visto bueno cuando a las grandes aerolíneas pudieran denegárselo.  Eso fue lo que entendí. El caso era que a mí no me importó el modo, yo solo quería irme.

Esta vez no pude contenerme.

— ¿Por qué, Frank? ¿Por qué mejor no esperaste a que el clima mejorara? Más importante aún, ¿Por qué no me avisaste?

Bajó la cabeza avergonzado. Vi cómo le palpitaban las sienes y se pasaba nervioso la mano por el cabello. Cuando levantó el rostro, dirigió la mirada al vacío. Sus ojos no querían encontrarse con los míos.

 Mis reclamos ya no servirían de nada pero igual yo necesitaba saber. Era imperativo conseguir una explicación a todo aquello.

—Quieres una razón y no creo que la tenga. Quizás porque no deseaba atrasar nuestro viaje. Ya todo estaba dispuesto para irnos a Grecia y aquello me hacía mucha ilusión. Tampoco quería desilusionarte a ti porque igual estabas deseosa de ir.  Pensé que… ¡Oh, Katerina, lo siento tanto!…—se le escapa un suave sollozo. Me toma por sorpresa verlo así, eso no lo esperaba.

Por un momento se ahoga y no puede continuar hablando. Sé que está reprimiendo las lágrimas, observo como lucha para no derrumbarse. Yo mantengo silencio.  Nunca había visto a un hombre llorar, mucho menos con tanto sentimiento.  La escena me estremece. Siento que me quiebro por dentro.

 Lo dejo desahogarse hasta que se repone.  

—Fui un imbécil. Pensé que podía imponer mis deseos sobre el destino —noté como le temblaba la voz. Entonces me sobrevino una inmensa tristeza por él, por mí, por nuestro futuro truncado, por lo que pudo ser, por todo.

—Fue un gran error, Frank…Mira todo lo que ha pasado. Si me hubieras llamado, yo te hubiera dicho que volvieras, que retrasáramos nuestro viaje, o que igual no fuéramos nunca. Aquello no era en verdad tan importante. Que estuvieras conmigo sí lo era…—expresé, no con saña ni maldad sino con dolor y decepción.

Un hondo silencio volvió a instalarse entre nosotros. ¿De qué nos servía ahora el arrepentimiento o los reclamos? ¡De nada! ¡De nada!

Luego me contó que estando la avioneta ya en el aire, comenzó a sufrir desperfectos y pronto se vieron en caída libre. El piloto maniobraba sin éxito y todo se volvió un caos. Dijo que no recordaba demasiados detalles, que todo fue rápido y confuso.

No supo en que momento cayeron al mar ni cómo logró salvarse. Cuando abrió los ojos, estaba en una cama desconocida junto a una familia igualmente extraña, aturdido y sin saber quién era o como se llamaba. De todas formas, cuando recobró la conciencia y pudo hablar dijo que sintió miedo a no saber y les rogó que no avisaran a nadie. Entonces les ofreció dinero.

—Ellos me contaron que me rescataron del agua en su bote y que no tenían idea de quien era pero que avisarían de mi hallazgo a las autoridades. Pero no lo hicieron porque existe un factor común entre todas las personas: ¡El dinero! Es increíble como la idea de ganarse un dinero puede acallar las consciencias. Aun si saber si yo era capaz de pagarles, les ofrecí una fuerte cantidad y decidieron cuidarme hasta que me restableciera y les pagara lo ofrecido. ¡Yo ni siquiera sabía si tenía dinero para pagarles!

En ese punto de la historia me siento confundida.

— ¡Por todos los cielos, Frank! ¿Por qué les dijiste eso? ¡Yo estaba acá muriéndome de la angustia! —esta vez no pude refrenarme y le reclamé.

Otra vez se mostró avergonzado con su proceder.

—No sabía quién era. Sentí miedo a ser un delincuente que la policía estuviera buscando o algo así. No quería tomar decisiones sin estar claro de quien era o que me había llevado hasta allí. Fue por miedo. Estaba confundido y ahora siento mucho haber sido tan cobarde —le costó decir aquellas últimas palabras y fueron casi un susurro.

Otra vez silencio. Ofuscación. Impotencia.




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