Capítulo 28
— ¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí? —le pregunto a la nada, a la oscuridad, al silencio.
Miro a mi alrededor y no logro distinguir donde estoy. Sin embargo, los colores de las paredes y la forma del techo se parecen mucho a la casa de Frank. Solo que no recuerdo haber estado nunca en esta parte de la casa. Su propiedad era una mansión y esto parece ser el sótano. No tengo manera de saberlo porque jamás bajé unas escaleras que me llevaran hasta aquí. Alguna vez intenté bajar al sótano pero encontré un candado en la puerta. Lo dejé estar y lo eché al olvido. Pero, ¿será éste ese sótano al que nunca logré accesar? Podría ser aunque no estoy segura. Está un poco oscuro y no alcanzo a distinguir nada familiar. No sé nada, estoy confundida. No logro recordar como llegué aquí. Estoy sola, tengo miedo y estoy aturdida.
— ¿Hay alguien ahí? ¡Por favor, sáquenme de aquí! —grito otra vez a la nada, con la esperanza de que alguien me oiga y venga a rescatarme. Aquí no hay ventanas y he luchado sin éxito por abrir la puerta pero parece estar asegurada por fuera. Es inútil intentar salir y el esfuerzo me deja agotada.
He buscado en mi cuerpo por si tengo alguna herida pero no la encuentro. Tampoco me duele nada. Me siento sobre la cama donde estuve acostada antes de despertar en este lugar. Tengo una almohada y una cobija. Noto que alguien removió mis zapatos que se encuentran en el suelo, bien acomodados justo al lado de la cama. Erguida y atenta a mi alrededor, observo todo e intento captar algo que arroje luz sobre lo que me ha sucedido. Recorro con mi vista todo el espacio. Del techo pende una lámpara que no logro alcanzar para encender y tampoco encuentro el interruptor. Es el tipo de lámparas que había en la casa de Frank, las recuerdo muy bien. En una esquina veo una mesa y una silla. Sobre la mesa, una jarra de agua y un vaso. Más al centro advierto una pequeña maleta. Me pongo de pie para revisarla y encuentro ropa mía. La reconozco. ¿Será ropa que olvidé cuando salí de la casa de Frank? Podría ser.
— ¿Hay alguien ahí? ¡Por favor, sáquenme de aquí! —grito una vez más. Tengo intenciones de seguir haciéndolo hasta que aparezca alguien. Aunque no sé cómo llegué hasta aquí, estoy segura que no fue por voluntad propia. Alguien me trajo y ese alguien sabe que estoy aquí. Necesito que responda y tengo que convencerlo para que me deje ir.
No traigo mi bolso, lo buscó por todos los rincones pero no está. Me urge el teléfono celular para avisar a Matteo y mamá lo que me ha pasado. Deben estar desesperados sin saber de mí. Además, el pequeño Randy ya debe estar extrañándome. No puedo contener las lágrimas cuando pienso en él. Quiero sonreír al pensar que al menos mi bebé está bien cuidado pero no existe algo más difícil que sonreír cuando lo que tienes es ganas de llorar. ¡Necesito salir de aquí! ¡Estoy desesperada!
— ¿Hay alguien ahí? ¡Por favor, sáquenme de aquí! —grité una vez más.
Vuelvo a tirarme sobre la cama. Estoy exhausta pero necesito aclarar mis pensamientos. Debo concentrarme en recordar las circunstancias que me trajeron hasta aquí. Luego de bastante esfuerzo, logro recordar que salí en la mañana a la cita en el Tribunal de Familia.
—Ay, Katerina. No deberías ir sola. Cuéntale todo a Matteo y que él te acompañe —fueron las palabras de mamá antes de salir.
—No, mamá. Voy a ir a esa cita sola y en base a lo que me digan, tomaré una decisión. Por supuesto que se lo contaré a Matteo pero primero quiero saber todos los detalles, saber si se me acusa de algo. No te preocupes, voy a dar la lucha, buscaré un abogado y me defenderé. Pero primero debo informarme y ya luego le explico a Matteo todo este enredo. Además, tengo la esperanza de que Frank desista, que recapacite y se dé cuenta de lo absurda que son sus pretensiones.
Mamá me observaba con desconfianza. Mis palabras no la convencían.
—No te acompaño porque me quedaré con el niño pero no me gusta la idea de que vayas sola.
—Ya está bueno, mamá…iré a ver que tienen que decirme y hoy mismo hablo con Matteo y le cuento todo. Como te dije… ¿Y si no pasa nada? ¿Y si luego de escucharme se dan cuenta que no procede y que no hay caso? Ningún tribunal puede obligar a una mujer a quedarse con un hombre por muy marido que haya sido. No en este país, mamá. Que no estamos en la prehistoria…
Mamá suspiró resignada y me hizo prometerle que la llamaría en cuanto saliera de la audiencia. Así pensaba hacerlo. Pero ahora estoy aquí encerrada y no puedo avisarle. Debe estar muerta de angustia.
Poco a poco llegan los recuerdos, son difusos y tengo que armarlos en mi mente como un rompecabezas. Son pantallazos que llegan espontáneos a mi mente, desordenados pero contundentes.
De una cosa no tengo duda. Yo vi a Frank en la mañana, antes de entrar al tribunal. Lo encontré en el estacionamiento y él se acercó a mí.
—Katerina…que puntualidad —expresó como saludo. Escuché su voz a mis espaldas y cuando fui a voltearme para verlo, colocó un pañuelo sobre mi boca y mi nariz. Creo que tuvimos un corto forcejeo hasta que todo se fue a negro y no recuerdo más. Cuando volví a abrir los ojos ya estaba aquí. Ahora no tengo dudas… ¡Frank me ha secuestrado!
Me resulta increíble tanta tozudez de su parte. Que haya llegado a estos extremos por retenerme. Su amor se ha convertido en una obsesión. Eso es peligroso…podría incluso llegar a ser letal. Tengo miedo.
— ¿Hay alguien ahí? ¡Por favor, sáquenme de aquí! —no me cansaré de pedir auxilio. Alguien tiene que ayudarme. Estoy comenzando a desesperarme y eso no es buena señal. Debo conservar la calma, tener la mente clara para idear un plan de escape. No debo gastar energías en vano. Tengo que actuar con sensatez, con astucia. Mi enfoque debe ser liberarme. Creo que si ya logré recordar las circunstancias que me trajeron aquí, también podre idear la manera de escapar. Tengo que hacerlo. Estoy sola. Solo yo y mis circunstancias.
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Editado: 11.03.2024