Mis Dos Maridos

Capítulo 29

Capítulo 29

 

Di un traspié cuando intenté caminar hacia ella. La oscuridad del lugar no me permitía ver con claridad. Pero si de algo estaba segura era de que aquella era Alyssa. Ahora no me quedaba la menor duda de que estaba en el sótano de la casa de Frank.

—Alyssa, por lo que más quieras, ayúdame. Déjame salir de aquí —le rogué. Si hubiera tenido que suplicarle de rodillas, también lo hubiera hecho.

Alyssa cerró la puerta con fuerza y la vi asegurarse que no podía ser abierta. Bajó los escalones alumbrándose con la linterna de su móvil. Camino despacio y se acercó.

Otra vez volví a rogarle.

—Te lo suplico…mi hijo me necesita. Es una criatura y aun lo lacto. Déjame ir…—esta vez apelé a sus sentimientos, a su humanidad. No logré nada pero al menos rompió el silencio.

— ¿Cómo llegaste aquí? —indagó sin preámbulos y su pregunta me tomó por sorpresa.

Titubeé. Ni siquiera yo estaba muy segura de la respuesta pero al menos ya había logrado rescatar algo de mis recuerdos.

—Esta mañana me dirigía a una cita en el tribunal de familia cuando fui interceptada por tu padre y…

— ¡Él no es mi padre! —ladró furiosa.

El shock que recibí al escuchar aquellas palabras fue indescriptible. Por un instante enmudecí intentado registrar lo que acababa de oír.

— ¿Qué dices? Estoy hablando de Frank, tu padre…el dueño de esta casa donde estamos ahora mismo.

Mis ojos se habían ajustado a la luz que producía la linterna de su móvil y ahora podía ver con claridad su rostro. Estaba seria, con una expresión de completa rigurosidad.

—Sé a quién te refieres. Estas hablando de Frank Grimaldi, tu esposo.

—No es ya mi esposo. Recuerda que despareció después del accidente y lo dimos por muerto. Yo volví a casarme y tengo un hijo. Necesito volver a ellos, te lo ruego por favor, déjame ir —no me importaba cuantas veces tuviera que rogar, estaba dispuesta a insistir hasta lograrlo.

—Tú y yo tenemos mucho de qué hablar, Katerina. Y creo que ha llegado el momento. Siéntate, por favor —su tono cambió al decirme esto.

Me intrigaba sobremanera que teníamos que hablar ella y yo pero no tenía otra cosa que hacer sino escucharla. Me senté en borde de la cama y ella hizo lo propio en la única silla disponible.

Un silencio permeó entre nosotras. Yo no tenía nada que decir que no fuera mi constante ruego de que me dejara ir. Así que decidí escuchar lo que fuera a decirme. Que hubiera empezado diciendo que Frank no era su padre ya me parecía bastante alarmante. Esperé en silencio a que ella comenzara a hablar.

—Antes de hablarte del que creía mi padre, quiero que me hables del tuyo —soltó de manera inesperada.

— ¿De mi padre? —pregunté incrédula.

— ¿Tienes algo que objetar? —preguntó molesta.

—No, por supuesto que no….es solo que me extraña. Pero bueno, no hay mucho que decir. Mi padre se llama Randolf y no sé nada de él desde hace mucho tiempo. No conocí a mi madre biológica porque cuando tenía dos años de edad mi padre me entregó a su hermana Lucrecia. Ella es en verdad mi tía, pero fue quien se encargó de mi crianza y es a quien reconozco como madre.

Le hablé con toda la verdad que yo conocía y Alyssa escuchaba atenta. No podía entender cuál podría ser su interés o cual era la relevancia de conocer la historia de mi familia. Mucho menos en un momento tan inoportuno como éste. Yo solo quería regresar a casa.

— ¿Desde cuándo no sabes de él? —inquirió. El tema parecía interesarle bastante.

—Desde hace unos años. Aunque apenas lo veía, siempre se ocupó de nosotras. Pagaba mis estudios, la casa que vivíamos, todo. Nunca nos faltó nada. Pero un día dejó de hacerlo. Sin explicaciones. No sé…desapareció de nuestras vidas.

— ¿Nunca te has preguntado qué le pasó? —continuó con el interrogatorio.

—A decir verdad, no. Luego de eso nos vimos en tales apuros económicos que se nos iba la energía en tratar de sobrevivir. Fueron tiempos difíciles. No me puse a buscarlo…ni siquiera se me ocurrió. Pero… ¿A qué debo todo esto? ¿Por qué deseas saber sobre mi familia? —me atreví a preguntar.

—He estado indagando sobre Frank…y lo que he descubierto podría ayudarte.

— ¿Ayudarme? ¿Cómo? Yo solo quiero salir de aquí. Es toda la ayuda que necesito —otra vez volví a mi interés principal.

—Escúchame y deja la insistencia. Antes que todo debemos hablar —sentenció molesta.

Me quedé callada. Necesita que Alyssa me ayudara y no me convenía indisponerla.

—Te voy a contar algo. Nuestras historias se parecen solo que yo sí recuerdo a mi madre. Estaba casada con Frank y vivíamos felices. O eso creía yo. Hasta que una vez desapareció de nuestras vidas. Me quedé sola con Frank quien no supo que hacer conmigo. Se sumió en una depresión tan profunda que no tenía ánimos para cuidar una niña. Así fue como mi crianza pasó a manos de tantas nanas y sirvientas que ya perdí la cuenta. Al final, decidió enviarme a un internado. Desde ese día comencé a odiarlo —remarcó con rabia las últimas palabras.

Sentí dolor por Alyssa. Por el tono de voz pude constatar que llevaba asuntos internos sin resolver. Que había sufrido un abandono que no había superado y aquello me llegó profundo al alma.

Quedé en silencio. No quise interrumpirla porque sabía que estaba exorcizando sus demonios. Yo, mejor que nadie, podía comprender el dolor de saberse abandonado.

—Desde el momento que me sacó del liceo francés para enviarme a un internado comencé a odiarlo. Cuando cumplí la mayoría de edad, me dediqué a buscar a mi madre. Necesitaba muchas explicaciones sobre cómo era posible que los dos seres a los que más había amado me hubieran fallado de esa manera —Alyssa se limpia una lágrima de su rostro. Lo hace con rapidez a modo de que yo no lo note pero lo he visto. Ella no lo sabe, como tampoco sabe lo mucho que la comprendo.




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