Capítulo 30
— ¿Qué tengo que ver con tu historia? No lo tomes a mal, realmente siento mucho lo que te pasó pero no creo que yo tenga algo que ver —expresé convencida.
Alyssa esbozó una sonrisa. No era de felicidad, era una sonrisa triste.
—Te diré algo que descubrí hace poco. Seguramente te va a asombrar pero he corroborado los datos y son certeros…
—Te escucho…—la ansiedad que empezaba a atenazarme se reflejaba en mi voz.
—La mujer por la que tu padre te abandonó…o si prefieres, por la que te dejó al cuidado de tu tía, es mi madre —espetó sin rodeos.
Agradecí estar sentada. De otra forma hubiera caído redonda al suelo. ¡Qué pequeño es este mundo! Un pañuelo, sin duda.
— ¿Estás segura de lo que estás diciendo? —me costaba creerlo y no pude evitar la pregunta.
Asintió con la cabeza.
—Absolutamente —respondió y de seguido añadió—contraté un servicio de investigaciones y tengo fotos de ellos juntos. Siempre salen solos en las fotos, no hay niños. No estás tú ni tampoco estoy yo. Siempre se ven felices. Puedo mostrártelas si quieres.
— ¿Por qué hiciste eso? ¿Qué te hizo ponerte a averiguar sobre tu madre? Te lo pregunto porque a mí la mía no me interesa.
Alyssa volvió a la sonrisa triste.
—A ti no te interesa porque nunca te quedaste sola. Siempre tuviste el amor de tu tía, tanto así que es para ti una verdadera madre. A ti nunca te negaron cariño, ni te sentenciaron a la soledad de un internado. Tú no sabes lo que es necesitar un abrazo y no tenerlo, querer sentirse amada y solo encontrar una pared. Tú no necesitabas a la mujer que te abandonó cuando tenías a una persona que se encargaba de llenar ese vacío. Yo, en cambio, me pasé la vida buscando amor y aceptación —las lágrimas brotaban de su rostro a borbotones. Ya no se molestaba en ocultarlas. Necesitaba dejarlas salir.
Quise hablarle de su padre. Sé que era tierra movediza, un peligro al que me exponía de desatar su furia y que luego no quisiera ayudarme. Pero no podía esquivar el tema.
— ¿Qué hay con Frank? Él no es un mal hombre. Puede que haya cometido errores contigo y también conmigo pero no lo considero un mal hombre. Incluso llegué a amarlo profundamente —le hablaba con sinceridad y le abrí mi corazón como ella lo había hecho conmigo.
—Frank es un hombre egoísta que solo piensa en sí mismo. Cuando mi madre lo abandonó se dedicó solo a trabajar y a sumirse en su propio dolor. No pensó en lo mucho que yo lo necesitaba. Se alejó de todos, de su familia y de sus amigos. ¿No te diste cuenta que nadie lo llamaba ni lo visitaba? ¿No te parecía raro que un hombre tan exitoso fuera tan solitario?
Reflexioné sobre sus palabras. Era cierto.
—Mi madre me dijo exactamente lo mismo. A ella le parecía muy extraño que fuera tan callado y solitario. Solo que yo jamás imaginé lo que se escondía detrás de todo aquello —riposté reflexiva. Comenzaba a comprender que era cierto aquello de que el amor es ciego y todo lo ve mejor quien está fuera de la ecuación.
El sollozo de Alyssa era cada vez más profundo y por ratos le impedía continuar hablando. La dejé desahogarse. Luego se limpió la cara y respiró profundo. Podía darme cuenta lo mucho que le hacía falta hablar y por eso no tuve reparos en hacerle preguntas.
—Veo que guardas resentimientos hacia Frank… ¿es por eso que dices que no es tu padre? —le pregunté. ¿Tanto es el coraje que sientes por él?
—Es cierto que tengo mucho rencor hacia él pero no es por eso que digo que no es mi padre. Es solo que comencé a tener dudas de todo. Hasta por la cabeza me pasó la idea de que fuera adoptada y por eso ninguno me quería. Así fue como decidí hacerme una prueba genética…
Me sorprendí. Eso no me lo esperaba.
— ¿Qué dices? ¿Estás hablando en serio?
—Totalmente en serio. ¿Quieres saber que reveló la prueba?
Asentí ansiosa.
—Por supuesto, cuéntame…
—Que Frank no es mi padre biológico.
Quedé impresionada por aquella revelación. Ella continuó hablando.
—Creo que él siempre lo supo, quizás por eso no me quería. Yo era la prueba viviente de la traición. Mi madre me dejó con un extraño que nunca pudo amarme —la voz se le quiebra y ya no quiero escuchar nada más.
De pronto, un pensamiento me cruza por la mente. Es inevitable no llegar a conclusiones. Por descabelladas o impensables que parezcan.
—Quiere decir que…—se me cortó la voz. Era difícil verbalizar la lógica deducción que discurria por mi mente y de seguro por la mente de Alyssa también. Ella pareció leerme el pensamiento.
—Es muy posible que tú y yo seamos hermanas —espetó escueta- Y aunque no lo creas, en este tiempo he meditado mucho sobre eso.
La revelación fue contundente. Si esa era la historia, Alyssa y yo podíamos estar compartiendo un mismo padre y ser hermanas. Solo había una forma de saberlo.
— ¿Has hecho una prueba de paternidad con mi padre Randolf?
Negó con la cabeza al tiempo que me explicó que no conoce su paradero y por lo tanto, es imposible. Entonces sugirió que la hiciéramos entre nosotras.
— ¿Te das cuenta de lo que esto significa para mí? Si eres en verdad mi hermana, eres entonces la única familia que tengo.
Caí en cuenta que era cierto. No lo había pensado hasta entonces.
—Me he portado muy mal contigo. No voy a justificarme pero me gustaría que comprendieras que tengo rencor por todo. Y saber que Frank había encontrado la felicidad contigo mientras yo siempre mendigaba sobras de cariño me encolerizaba. Ese resentimiento lo pasé hacia ti. Ahora todo es distinto.
— ¿Distinto de qué forma? ¿A qué te refieres? —indagué. Cada palabra suya era importante. Era un descubrimiento inesperado. Una vuelta de la vida que jamás imaginé. ¿Mi hermana? ¿Sería Alyssa realmente mi hermana?
—Es posible que seas mi hermana. Y si eso es así, no permitiré que Frank te haga daño. Ya basta.
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Editado: 11.03.2024