Mis Dos Maridos

Capítulo 31

Capítulo 31

 

Quedamos paralizadas al escuchar el martilleo y su voz gritando al otro lado que no íbamos a salir. Frank había perdido el juicio, sin duda.

Luego del susto inicial, Alyssa me pidió que nos tranquilizáramos y actuáramos con cautela.

—No te preocupes. Tengo el móvil conmigo y llamaré al número de emergencias. No vamos a quedarnos aquí. Ya verás que vendrán a rescatarnos pronto.

Sentí un inmenso alivio al escucharla. En medio de la angustia había olvidado esa posibilidad. Alyssa tomó el móvil y se dispuso a marcar cuando de pronto me miró con cara de angustia. La vi marcando con rapidez pero la llamada no salía.

—No hay conexión. ¡Maldita sea! —ladró furiosa.

Yo intenté mantener la calma. De nada servía enfadarnos las dos, solo era un gasto de energía y debíamos pensar bien.

— ¿Qué tal si te mueves al tope de la escalera? No sé… a veces estos aparatos tienen mejor recepción en lugares altos —sugerí. Aunque no estaba demasiado convencida de que mi estrategia fuera a funcionar, valía la pena intentarlo.

Alyssa subió a la escalera sin ningún resultado.  Recorrió todos los rincones del sótano pero igual no salía la llamada. Tampoco salían los mensajes que intentó enviar.

—Para colmo de males, estoy quedándome sin carga de batería. Esto no pinta bien, Katerina.

—Te diré una cosa, hermana… ¿Puedo llamarte hermana? —pregunté insegura.

Ella asintió mirándome con una mezcla de asombro y alegría. Yo también estaba feliz. Siempre quise tener una hermana.

—Mi marido no tardará en aparecerse por aquí. Estoy segura que él nos va a rescatar. Mamá sabe dónde queda la casa y ya debe sospechar que me ha sucedido. Puede que hasta haya llamado ya a la policía.

— ¿Estas hablado de tu otro marido? Porque Frank cree que él es el único y el verdadero y, ya ves, te ha encerrado aquí. ¡Valiente amor el que te tiene! —expresó con sarcasmo.

Sonreí ante lo cruel de aquella verdad. Frank actuaba como un hombre egoísta y enloquecido. Se negaba a aceptar que ya yo no era parte de mi vida.

—Otra vez perdió a su esposa…eso es lo que lo que lo tiene así…—Alyssa reflexionó en voz alta.

Comenzamos a escuchar ruidos en la parte de arriba. Muebles siendo arrastrados, martillazos en la pared, y rechinidos de puerta. Sentí miedo al no saber que estaba ocurriendo. Alyssa y yo nos movimos a intentar forzar la puerta pero no lo logramos. Empujamos la puerta, la pateamos, quisimos romper la cerradura. Lo hicimos todo pero nada funcionó.

Agotadas por el esfuerzo nos sentamos a descansar. Necesitábamos idear un mejor plan.

Yo intentaba no pensar en el pequeño Randy porque me echaba a llorar cada vez que lo recordaba. Mi único consuelo era saber que estaba al cuidado de mamá y de Matteo. ¡Oh, Matteo! ¡Cuánto lo extrañaba!

Alyssa, por su parte, me avisó que tenía una idea.  Dijo que utilizaría la estrategia del convencimiento. Ya estábamos seguras que no lograríamos salir de allí por nuestras propias fuerzas. Quizás unas palabras con Frank podrían lograr lo que con fuerza no podíamos.

— ¡Papá! ¡Necesitamos hablar!  —gritó innumerable veces tras la puerta.

— ¡Frank, por lo que más quieras…ábrenos la puerta! —imploraba yo por mi parte.

Le hablaba directamente, apelando a sus sentimientos, a su razón, a su conciencia, a lo que fuera. Pero solo recibíamos un completo silencio por respuesta. Nuestra insistencia no servía de nada. Ni siquiera sabíamos si nos escuchaba. Al cabo de un rato estábamos rendidas.  Aquello resultó otro plan fallido. Nuestra única esperanza radicaba en que alguien viniera a rescatarnos. Por suerte, el sótano contaba con un pequeño baño y allí lavé mi rostro y tomé un poco de agua. Estaba realmente agotada y ya me comenzaba el hambre.

De pronto, escuchamos una sirena. Se nos iluminó el rostro de solo pensar que saldríamos pronto de allí. Quedamos a la expectativa pero por mucho esfuerzo que hicimos no logramos escuchar nada más. La casa es una mansión y cualquier cosa que ocurra arriba difícilmente será escuchada en al fondo de aquel sótano en que nos encontrábamos.

Los ruidos que nos llegaban era difíciles de descifrar. ¿Un forcejeo? Tal vez. Solo especulábamos y temíamos en como fuera a terminar todo aquello. Rogué al cielo y a todas las deidades. Ya no sabía que más hacer.

Entonces, de forma inesperada, escuchamos un par de tiros. Sí, eran tiros. El terror se apoderó de las dos. Nos abrazamos como buscando refugio de una en la otra. ¿Qué habrá sucedido? ¿A quién se dirigían aquellos disparos? Era horrible. Todo lo que estaba pasando era horrible.

Los minutos pasaron lentos, como si el tiempo se hubiera detenido.

Un golpeteó en la puerta aumentó la tensión.

¿Quién será? ¿Nuestro rescate o nuestro verdugo? No supimos si alegrarnos o no cuando la puerta comenzó a abrirse a golpes hasta caer al suelo.

Intentamos protegernos como pudimos. El lugar era demasiado pequeño para tener un escondite así que nos quedamos petrificadas contra la pared. Vimos un brazo masculino asomarse. ¿Quién será? Alyssa estaba pálida y supongo que yo también. Estábamos solas a merced de quien fuera que estaba llegando. ¿Nuestro rescate o nuestra perdición?

Una figura masculina se asomó. Se identificó como un agente de la policía.

— ¿Están bien? —preguntó.

— ¡Sí! ¡Muchas gracias por venir! —respondió Alyssa, aliviada tanto o más que yo.

Yo me quedé pensativa. Una pregunta que salió de mis labios casi involuntaria. Estaba feliz porque alguien había llegado a rescatarnos pero me preocupaba el precio que se pagó.

— ¿Qué fueron esos disparos que escuchamos? ¿Están todos bien? —inquirí. Temía la respuesta pero deseaba saberla.

—No se preocupen por eso ahora. Vengan, salgamos de aquí —nos ordenó.

Caminé como autómata. Cierto que estaba feliz de irme a casa pero las circunstancias de haberlo logrado me inquietaban.




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