Mis Dos Maridos

Capítulo 32

 

Capítulo 32

 

— ¡Hija mía! ¡Qué felicidad volverte a ver! —mamá soltaba las palabras con visible emoción.

Me acariciaba el cabello y palpaba mi rostro con sus dos manos como queriendo asegurarse de que era yo a quien tenía de frente. Tenía los ojos arrasados de lágrimas al igual que yo. Solo que estas eran lágrimas de felicidad. De alivio y de consuelo.

Por mi parte, estaba feliz de haber recuperado la libertad. Se sentía glorioso ver otra vez la luz del día  y sentir el calor del sol sobre la piel. Me quedé abrazada a mamá por un rato. En ningún lugar podía sentirme más segura que entre sus brazos.

— ¿Y mi hijo? ¿Dónde dejaste a Randy? —pregunté ansiosa por saber de mi bebé.

—Se quedó en la casa con Matteo. Como imaginarás, no iba a traerlo hasta acá. Hubiera sido peligroso…

Estuve de acuerdo.

—Sí, por supuesto. Tienes razón. Es que estoy loca por verlo. He extrañado demasiado a mi chiquillo…

Un agente de la policía se acercó a nosotras. Nos impartió instrucciones de que debíamos acompañarlo al cuartel a dar declaración sobre lo que había sucedido. Sus palabras no eran como un pedido amable sino una orden.

—Por favor, le ruego que me permita llegar antes a mi casa a ver a mi hijo. Es un pequeñín y me necesita…además, necesito asearme y cambiarme de ropa. Le aseguro que me presentaré a la mayor brevedad posible. —le rogué.

Su respuesta fue tajante. Estaba reacio a concederme el beneficio de ir antes a la casa.  

—Eso no es posible, señora. Es bueno que sepa que existe la posibilidad de una acusación por secuestro y restricción de libertad y que también es posible que el señor Grimaldi haya muerto en el intercambio de disparos…—soltó sin más.

Me estremecí de pies a cabeza al escuchar aquello. Ahora comprendía que aquellos disparos que escuché hirieron a Frank y que seguramente la ambulancia que vi salir lo llevaba herido al hospital. El horror se volvió a apoderar de mí. Otra vez el fantasma de la muerte lo rodeaba.

Mamá me animó a seguir las instrucciones. No le permitieron acompañarme en el auto para rendir declaración.

—No te preocupes por el niño. Está al cuidado de su padre y ya pronto lo verás.

Respiré hondo y asentí. Me vi sin otra opción que acceder.

Alyssa ya había salido y se acercó a nosotras. Nos fundimos en un abrazo y se nos escapó un sollozo de alivio pero también de felicidad. Cierto que habíamos pasado un duro momento juntas, pero sirvió para encontrar a una hermana y aquella colmaba mi alma de emociones.

Mamá observó la escena desconcertada. No tenía idea de lo que estaba pasando. El recuerdo que tenia de Alyssa no era precisamente agradable pero ya me encargaría yo de explicarle.

—Mamá, te presento a Alyssa, mi hermana —expresé con satisfacción.

— ¿Qué estás diciendo? —atinó a preguntar, el rostro con gesto incrédulo.

El agente de la policía ya no pudo esperar más.

—Señoras, necesito que me acompañen. Toda esta charla la podrán tener después…—instruyó con firmeza mientras abría la portezuela de la patrulla y nos instaba a entrar.

Nos vimos en la obligación de interrumpir la plática y obedecerle.

Dirigí la mirada a mamá quien seguía con la expresión de desconcierto en la cara.

—Ya te explicaré luego…no te preocupes. Todo está bien entre nosotras —respondí.

Alyssa y mamá se miraron por un segundo pero ya el auto patrulla estaba poniéndose en marcha y no hubo tiempo para aclaraciones.

—Te espero en la casa, Kat…—se despidió mamá encorvando su cuerpo para alcanzar a verme dentro el auto.

Pero antes de alejarnos, sentí una comezón en el pecho. Algo que no quería retrasar en saber, una inquietud agobiante.

—Mamá… ¿Y Matteo? ¿Por qué no vino él en tu lugar? —logré preguntarle a través de la ventanilla del auto que ya se iba alejando.

Mamá no alcanzó a responder. Sin embargo, su rostro contrito me dijo muchas cosas. Fue una transformación instantánea de una tristeza a otra. Era distinto y supe que algo no estaba bien. Tuve la sensación que la ausencia de Matteo no se debía tan solo a que se hubiera quedado cuidando el niño. Ese pensamiento se me colocó en la mente de tal forma que no pude deshacerme de el.

Llegamos al cuartel de la policía poco después. Estaba agotaba, como si cien años me hubieran caído encima de golpe. Quería apresurar el momento, salir de todo aquello e irme a mi casa.

Comenzaron a tomar nuestras declaraciones. Tuve que hacer memoria hasta de los detalles más insignificantes de lo que había sucedido. Horas exactas, lugares precisos, palabras textuales. Me esforcé por dar un testimonio fidedigno pero no sé si logré toda la exactitud que pedían. El final de aquel nefasto acontecimiento parecía que nunca iba a llegar. Me sentí feliz cuando al fin nos dijeron que habíamos terminado. Quería cerrar ese capítulo y olvidarlo para siempre.

Alyssa y yo quedamos en reunirnos para hablar en otra ocasión. Nos despedíamos con aquella promesa. Estábamos cansadas pero satisfechas de poder regresar a nuestros hogares.

Íbamos ya de salida cuando un agente nos detuvo para darnos una información.

—Disculpen…tengo una noticia que darles —nos retuvo el guardia cuando ya casi atravesábamos la salida —Nos acaban de confirmar el fallecimiento del señor Grimaldi. Lo sentimos mucho.

Tardé en digerir aquellas palabras. Quedé inmóvil por un instante. Dirigí la mirada a Alyssa y su expresión muda parecía ser un reflejo de la mía. Nunca hubiéramos esperado ese desenlace. Tampoco nunca lo hubiera deseado.

—Es nuestro deber informarles que ésto no da por concluida nuestra investigación de los acontecimientos y que necesitamos que se mantengan sin salir de la ciudad. Podría ser que tengamos que volver a pedirles declaración.

—Comprendo, señor oficial. Así será…—respondió Alyssa. Yo fui incapaz de abrir la boca para dejar salir una palabra. Estaba anonadada con la noticia de la muerte de Frank. Esta vez sin dudas, una muerte confirmada. Triste e innecesaria. Y por alguna razón, sentí culpabilidad. Quizás ese sentimiento fue el que no me permitió hablar ni expresar dolor. Aunque por dentro, una infinita tristeza me embargaba.




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