Capítulo 33
Cuando llegué a la casa, encontré dormido al pequeño Randy. Tuve que contenerme para no despertarlo. Tenía un deseo inmenso de tomarlo en brazos y cubrirlo de besos. Lo miraba dormido como un ángel y solo mamá logró convencerme de no despertarlo.
— ¡Es que me muero por abrazarlo! —protesté.
—Lo sé. Y no creas que no te comprendo. Pero me ha costado un mundo dormirlo. Déjalo descansar que seguro despierta pronto. Vamos, mejor vayamos a la sala a conversar. Quiero que me cuentes todo lo que pasó —me convencía mamá con palabras a la vez que me hacía sentarme en el sofá para platicar.
Pero yo no pensaba hablar ni una palabra hasta saber de Matteo. Era extraño no verlo en casa. Más aun, era incomprensible que no me hubiera esperado para recibirme, que tampoco fue al cuartel de la policía a buscarme.
— ¿Dónde está Matteo? —pregunté.
Mamá puso cara de angustia. Se notaba que estaba haciendo un esfuerzo por mantener la calma pero no lo estaba logrando.
— ¡Dime, mamá! Es inconcebible que me haya pasado todo esto y Matteo brille por su ausencia. ¿Es que acaso no le importa lo que me ha pasado? —estaba al borde de las lágrimas y la desesperación. Intuía que nada bueno iba a salir de esto.
Mamá rompió al fin el silencio.
—Hija…Matteo se fue a trabajar y…
Me puse de pie de un brinco.
— ¿A trabajar has dicho? Pero… ¿Qué le pasa? ¿Cómo es que no le importa lo que me ha pasado y se larga a trabajar?
Mamá intentó serenarme pero yo estaba demasiado alterada. ¿Cómo era posible tanta indiferencia? ¿Qué fue lo que pasó en cuestión de horas para que cambiara tanto? Movía mi cabeza de lado a lado en señal de negación. Por más que quisiera, no lograba comprenderlo.
—Cálmate, Kat…déjame explicarte – mamá pasó su mano sobre el sofá como invitación para que me volviera a sentar—ven, siéntate.
Volví a sentarme e intenté serenarme. Quería escuchar lo que tuviera que decirme.
—A ver, cuéntame…y espero que haya una buena justificación a su comportamiento —me senté a su lado.
Ella comenzó a hablar.
—Cuando no aparecías por ningún lado ni lográbamos que respondieras ninguna de las llamadas que te hicimos ni los mensajes que enviamos, Matteo comenzó a desesperarse. Yo traté de calmarlo pero, como comprenderás, yo también estaba angustiada. En realidad, los dos teníamos un caos en la cabeza. Solo que al menos, yo sí sabía de las amenazas de Frank y de que habías salido a una cita en el Tribunal de Familia. Y bueno, hija…tuve que decirle.
Comencé a notar el rumbo de las cosas.
—Se molestó que no le conté…—concluí.
—Y no lo culpes. Es normal que resintiera que no le hubieras contado. Es tu esposo, debiste confiarle todo y no tratar de resolverlo sola.
—Lo sé, lo reconozco. Admito que no actué correctamente y vaya que lo pagué caro. Pero aun así, no era como para que ahora no esté para recibirme y se haya largado a trabajar…
—Hay algo más…
Me sorprendí.
— ¿Algo más? ¿Pero qué más puede haber?
Me explicó que le costó mucho trabajo convencerlo de que no había maldad en mi proceder. Que, por el contrario, yo estaba intentado proteger la paz familiar, tratando de resolverlo todo para que no afectara nuestro matrimonio.
—Creo que al final logré que se le pasara un poco el disgusto aunque todavía estaba un poco enojado. Pero entonces…apareció Frank.
Eso no me lo esperaba.
— ¿Frank llegó hasta aquí para hablar con Matteo? ¿Qué pasó entonces? —el asunto comenzaba a tomar otro cariz, uno que vislumbraba conflicto.
—Frank llegó y le dijo que tú te habías ido con él por decisión propia. Que no lo querías y que tampoco te importaba dejarle el niño. Que no se sorprendiera porque igual hizo tu padre contigo. Que al fin de cuentas, él era tu verdadero esposo y que era a él a quien tú amabas. Que no te buscara…y no sé cuántas cosas más…
Volví a ponerme de pie de un brinco. Estaba furiosa.
— ¡Eso no fue así, mamá! ¡Frank me llevó con él a la fuerza! ¡Jamás lo hubiera abandonado ni a él ni a nuestro hijo! ¡Jamás! —sentía que lanzaba chispazos de fuego por los ojos.
Mamá también se puso de pie y trató de calmarme con sus palabras.
—Lo sé, hija. A mí no tienes que convencerme. Yo traté de hacerlo entender. Incluso le conté sobre la manera en que Frank había llegado a tratar de coaccionarte. Le dije que no hiciera caso, que ese hombre estaba en negación y que no aceptaba que ya tú no eras parte de su vida. Pero, entiende que ya le habías ocultado a Matteo lo que estaba pasando y estaba susceptible a creer las mentiras de Frank.
Me eché a llorar. ¿Es que yo nunca sería feliz? ¿Es que todo sería una desgracia tras otra? Estaba deshecha. Aquello era demasiado para soportar.
Mamá intentaba consolarme. Me decía que le diera tiempo a Matteo, que ahora estaba herido pero que iba a reaccionar. Que su comportamiento era solo la respuesta lógica a mi falta de confianza para hablarle sobre la maldad y las mentiras de Frank.
—Lo voy a buscar, mamá. Me presentaré al trabajo y lo obligaré a escucharme. Y tendrá que creerme solo a mí porque con Frank ya jamás volverá a hablar.
— ¿Cómo sabes? Tal vez lo busque para corroborar tu versión de la historia.
—Frank ha muerto, mamá. Falleció de camino al hospital. La propia policía me lo ha dicho…—expliqué.
— ¡Por todos los cielos! ¡Qué increíble ha sido todo! Sobrevivió la caída de una avioneta para ahora perder la vida por su propia tozudez, por una obsesión malsana. No había necesidad…—al decir esto, el espanto y la incredulidad se mezclaban en el semblante de mamá.
Un corto silencio se instaló en la sala. Cada una quedó sumergida en sus propios pensamientos. Luego, me dispuse a tomar mi bolso para salir a buscar a Matteo. Él era mi verdadero esposo, el hombre que amaba, el padre de mi hijo. Todo eso. Y no estaba dispuesta a perderlo. No sin antes luchar.
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Editado: 11.03.2024