Me debieron intuir la cara de asco por la sonrisa socarrona que le apareció a Héctor en el rostro.
—Te he de dar las gracias por presentarme a la mujer con más arte del mundo. —dijo.
Levantó el brazo y la abarcó por los hombros sin soltar su mano. ¡Ugh, qué meloso!
Ella encantada, y el patriarca más.
Pues muy bien, todo el mundo feliz como una lombriz.
—Héctor, ¿dónde está Miguel? —les interrumpió mi madre.
—¡Ah! Con Enid, que le ha entusiasmado un cuadro de un triángulo rosa sobre fondo gris.
—¡Ay, el perro!
Ana se levantó como un resorte y se fue fuera del grupo. Detrás de ella se fue Amaranta.
—Ternura y grima a la vez. —Susurré.
—¿Cómo dices? —quiso saber mi madre.
Algo oscuro y siniestro había en el corazón de mi joven hermanastra si le gustaba ese cuadro. Me hizo gracia imaginarme la cara cuando lo averiguaran.
—No es nada.
Me senté en la parte donde se había sentado antes Ana y, apoyándome en Lidia, llamé la atención de Eva para que me mirara.
—Creo que el señor Carmona os quiere contratar para que seáis su imagen en las ferias andaluzas.
—Pero si no entendemos nada de desfilar. —Estaba realmente extrañada con la propuesta.
—Yo necesito a dos folclóricas que no sean gitanas para demostrar que los vestidos Carmona visten bien; y no solo a los calé.
El patriarca presentó su propuesta perfectamente.
—Yo canto lírico, caballero. Ni flamenco, ni copla, ni siquiera pasodobles.
Supongo que mi tía Eva no se quiso meter en ningún lío; y menos después de entender que, incluso yendo por libre, acababa con un destino paralelo al de Ana.
—¿Tenéis redes sociales?
Eso pareció haberla descolocado.
—¿Estás hablando de Instagram y Facebook, o te refieres a Tikitaka y Clapchat?
—En vez de Tikitaka se dice TikTok, tía —la corregí—, y en vez de Clapchat se llama Snapchat.
—¿Tenéis algo de eso? Me vale cualquiera de las que has nombrado.
—Instagram, yo. —Observaba nerviosa a la gente alrededor, uno a uno, hasta acabar en el señor Carmona—. ¿Pero por qué hablas en plural?
—Necesitaría que estuvierais las dos de acuerdo con el compromiso.
—¿Ana y yo?
—Sí.
Me ofrecí a buscar la que faltaba para poder alejarme de todo aquello por un momento.
La galería tenía varios apartados y no me supe orientar muy bien, por lo que tardé más de lo previsto en encontrarla.
Por el camino pude ver a Bruno y a Jon rodeados por los primos de mi novio y sus parejas.
Me pareció ver también a Vicente mirando de una manera un tanto extraña al cuadro de la encina morada.
Cuando por fin encontré a mi tía Ana, estaba junto a Miguel y Enid. Y Amaranta les observaba a una distancia prudencial de dos metros.
—Sigo sin entender el significado del cuadro. —Miguel miraba el lienzo con los brazos cruzados y el ceño fruncido.
—¡Es tan intenso! —por fin oí la voz de mi hermanastra—. ¡Me encanta!
—Gracias por admirar el valor artístico de algo tan cruento y enternecedor. —A Ana le brillaban las pupilas de la emoción.
¿Cruel y tierno, un perro reventado en el asfalto? Lo de mi tía era para hacérselo mirar.
Me acerqué.
—Tía, Eva te necesita. —Dije con una sonrisa.
—¿A mí?
—Sí, a tí.
Enid y Miguel siguieron intentando descifrar el triángulo del cuadro mientras Ana y Amaranta me seguían.
—¿Para qué le podría hacer falta a mi hermana?
Llegamos enseguida gracias a que la galerista estuviera con nosotras.
Estiré el brazo, mostrando el panorama.
El señor Carmona sujetaba dos perchas. En cada una colgaba un vestido de flamenca índigo y violeta.
¿Lo de ladear la cabeza como un perro para comprender? Lo hizo Ana esta vez.
—¿Qué pasa aquí?
No pareció gustarle lo que vio.
—Ana, querida, el consuegro de Lidia quiere contratarnos como influencias de las redes. —Eva fue directa al grano.
—Querrás decir influencers.
—¡Lo mismo da!
—¡Pero yo soy pintora!
—¡Y yo cantante!
Aquella discusión no tenía ni pies ni cabeza. La solución fue que el señor Carmona le tendió uno de los vestidos directamente a Ana.
—Pruébatelo. —Sugirió.
Puedo asegurar que ninguna de ellas estaba convencida del todo con lo que le habían planteado hasta el momento en el que Ana agarró el vestido.
—¿Yo?
Y fue tomarlo en sus manos para que cambiara algo en ellas.