Míster arrogante✓

10. Esa chica

Elijah

Aliah sabe que detesto esa clase de irrupciones, pero no parece importarle. Ella no estaba allí porque lo deseara, y a veces solo tienes que ceder un poco de terreno para evitar que se te venga una avalancha más grande encima. Aliah representaba ese poco de terreno y me estaba costando aceptar que podía hacer cosas que me molestaban. Pero tenía que soportarlo y solo esperaba que fuera momentáneo. O hasta que se cansara. 

Nadie iba a dictar como debería vivir mi vida.

—Por supuesto la echaste, ¿verdad?

Quisiera decir que es una consulta, pero para nada tiene ese talante. 

—¿Por qué iba a echarla? —respondo, y como es de esperarse abre sus ojos disgustada. 

Me pongo en pie y salgo de detrás del escritorio.

—Ella está relacionada con ese hombre, no puedes permitir que siga aquí, corres el riesgo de arruinar tu reputación por su culpa —expone.

—Eso es una acusación infundada —repongo mirando el manual.

No se lo llevó, medito mentalmente.

—Te dije que él venía a verla a ella —Aliah exclama, pero no la estoy escuchando.

Observo ese manual y las razones que me dio del porqué de lo sucedido. 

¿Había tratado de raptarla? 

Eso fue lo que me quiso decir, aunque no lo dudo viniendo de alguien como él. Alguien con quien no te esperas tropezar dos veces.

—¿Me estás escuchando? —ella exclama irritándome.

Largo un suspiro, tomo el manual y me vuelvo hacia ella.

—Ya te escuché lo suficiente y mi pregunta es: por qué pareces ensañada con esa chica. No es propio de la magnánima Aliah.

—Solo protejo nuestros intereses, y también te pregunto por qué le das tanta importancia.

—Debe ser porque estoy en mi derecho de hacer lo que me da la gana —replico mostrándome desagradable.

Por mí parte doy el tema por zanjado, aunque es obvio que no lo está del suyo. 

—¿Qué la hace tan especial? —pregunta y está vez hace que le miré atentamente.

—¿A qué viene tu pregunta, Aliah?

—En que en un comienzo no es nadie y ahora pareces tomarte demasiadas molestias con ella. No dudaste en echar la Catalyn French, pero a ella le pasas todas las faltas por alto.

Más que faltas, yo diría injusticias. Lo odio, pero mucho más a quienes pretenden pasarse de listas porque creen que así van a agradarme.

—La señorita French es una mentirosa y sabes que detesto las mentiras.

—Selenne también y vaya que se las pasas.

 Las palabras de Aliah me hacen rememorar la conversación que he tenido con ella esta noche. Ha sido de todo, menos falsa.

—Si es así, debo admitir que es una buena mentirosa porque ha logrado convencerme de su inocencia —declaro y ella se muestra enervada—, tanto, que creo que ha logrado cautivarme.

Su cara es un poema mal declamado. No pensaba decir algo así, pero Aliah me irrita.

—Ten cuidado con lo que haces, Elijah. Sabes muy bien la razón por la que estoy aquí.

Y obvio son las razones por las que me causa irritación.

—Por desgracia lo sé —admito, y desearía decirle que no se meta en mis asuntos, pero no puedo porque ella está precisamente aquí para eso. Camino hasta la puerta y la abro—. Es hora de que te vayas, tengo cosas que hacer antes de cerrar —agrego.

Me alegra saber que, a pesar de sus ínfulas, sigo siendo el amo de mis dominios. Ella parece cambiar de expresión, y eso solo quiere decir que sabe que no puede ir tan alto como pretende.

—Esperaba que nos fuéramos juntos.  

Su tono nota a algo meloso.

—He puesto un conductor a tu disposición, úsalo —mascullo y aguardo impaciente a que decida salir. Para mí alivio lo hace—. La próxima que vengas a mi oficina, toca antes de entrar. En eso no tienes ningún privilegio —agrego cerrando la puerta.

No me pongo a pensar si se queda allí o se larga. Miro de nuevo el manual y es tan extraño que me haga sonreír un libro que yo mismo mandé a redactar con mucha rigurosidad, luego recuerdo que son emociones que hacía mucho tiempo nadie me provocaba. Desde que ella dejo de hacerlo, y Aliah cree que con su presencia me hará recordar todo eso, pero está equivocada. Y es porque creo que es una gracia especial y muy pocas la tienen.

La mayoría viene aquí por mí, como si creyeran que soy un activo disponible de mi propio club, sin embargo, ninguna se pregunta si estoy bien con eso. Ni siquiera Aliah, a quien le habría tomado aprecio si no supiera cuáles son sus verdaderas intenciones, y a las que chicas como Selenne parecen convertírsele en un obstáculo. 

No diría que me tiene cautivado, pero si muy intrigado y de algún modo quiero verla un poco más. Sonrío satisfecho con ese pensamiento y luego decido que es hora de terminar y salir. Así que me dedico a sacar las copias de las cámaras de seguridad y los informes del día para guardarlos en mi laptop. Todo para revisar en casa.




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