Mujer de alquiler

Capítulo 2.1 Pepino

Capítulo 2.1 Pepino

– ¡Pues yo seré la persona más feliz del mundo cuando me mude de aquí, nadie se burlará de mí, nadie irá detrás de mí como un perro guardián! –se enfadó Sasha.
– ¿Y dónde vamos a encontrar a ese hombre santo que te aguante? –volvió a burlarse de su hermana Alekséy.
– Ya aparecerá solo –dijo la chica, le sacó la lengua y se fue al cuarto de baño.
– Alekséy, ve con ella para que no se meta en líos. Es Sashka –pidió la madre.
– De acuerdo –asintió Alekséy y tramó su propio plan de venganza contra su hermanita. ¿Pensaba que la iba a dejar con hambre así como así? ¡Ni hablar! ¡Eran de la misma sangre! Por eso la venganza sería equivalente.
Mientras Sashka se arreglaba, Alekséy se vistió rápidamente y entró en silencio en la habitación de su hermana. Estaba en un plan bastante bélico. Despacito, de puntillas, arrastró una silla hasta el cuarto de baño y atrancó la puerta de tal manera que su hermanita no pudiera salir. Vio que el teléfono de ella parpadeó con una notificación de Olga avisando de que ya la esperaba en la calle.
– Vaya suerte –dijo el chico para sí mismo y escribió un mensaje en nombre de su hermana:
«Ve tú con Alekséy, yo iré más tarde. Tengo cosas que hacer».
Alekséy bajó rápidamente y se encontró con Olya, la cual le gustaba bastante. Aunque su hermana fuera una insoportable, sabía elegir buenas amigas.
– ¡Hola! Sashka se ha ido a no sé dónde, me dijo que te alcanzara y te distrajera –dijo Alekséy. Sabía que al final se enteraría de la verdad, pero esta noche la pasaría con la chica que le gustaba.
Sasha se puso guapa, pero cuando intentó abrir la puerta del cuarto de baño, no pudo. Empujó por segunda vez, por tercera, por séptima, y comprendió que la puerta estaba bloqueada.
– ¡Prepárate, hermanito! –se enfureció Sashka. Sabía que no tenía sentido gritar ni golpear, porque en su habitación había insonorización. Ya había ocurrido una jugada parecida, solo que aquella vez fue ella quien encerró a su hermano en su baño. Él golpeó, gritó, pero nadie de la familia escuchó nada, porque la familia Sribny no escatimó en gastos para la reforma de la habitación de su querida hijita.
Solo en ese momento Sashka recordó que había dejado el teléfono en la mesa. Sabía que saldría únicamente cuando a su querido hermanito le diera la gana de liberar a la prisionera. ¡Solo deja que la libere! ¿Acaso no le había prometido una noche divertida? ¡Iba a recibir una sorpresa de verdad!
Sasha se sentó en el borde de la bañera y se miró al espejo.
– ¡Maldita sea! Tanto esfuerzo para ahora tener que quitármelo todo –se dijo la chica a sí misma y empezó a desmaquillarse, consciente de que su noche con su amiga se había ido al traste. No pasa nada, ¡ya habrá ocasión de pensar en la venganza para su querido hermanito! ¡Y ya tenía una idea, así como los materiales para llevarla a cabo! ¡Je, je, el hermanito no se va a reconocer por la mañana!
Alejandra abrió el agua caliente, echó una bomba de espuma con aroma a rosas y se desvistió. Unos minutos después ya estaba relajada en la bañera. Por alguna razón, entre miles de pensamientos y acontecimientos, recordó al dueño del apartamento treinta y seis de la calle Mirna. Alto, atractivo, y qué porte tan digno mantenía con aquellos coreanos, aunque no entendía ni una palabra. ¡Menudo actor! Sasha recordó sin equivocarse el color de sus ojos y sonrió al recordar el elogio que le hizo a su borsch. De alguna manera, aquel Vlad la había cautivado. Solo que se sintió un poco ofendida porque no le pidió el número. ¿Acaso tendría novia?
Alekséy, aprovechando la oportunidad, llevó a Olga a un restaurante en vez de a una discoteca. Mira por dónde, su hermanita le había dado dinero por el trabajo realizado. ¡Aunque era una sabandija, era justa! Sabía perfectamente que ahora le esperaba un armagedón en versión de Frambesita, pero la cita con Olya en el restaurante lo valía con creces. Una hora después, Alekséy, aprovechando que Olya había ido al baño a retocarse el maquillaje, llamó a su hermano.

– Oleg, ¡hola! Hay un asunto. Entra a la habitación de Sashka y quita la silla que bloquea la puerta de su cuarto de baño –le pidió a su hermano Alekséy.
– Hola. ¿Acaso tengo cara de kamikaze? La que has liado, te va a comer vivo –dijo el hermano con conocimiento de causa.
– Pero si tú vas a ser su salvador, ella descargará su ira conmigo. Ábrela, no vaya a ser que tire la puerta abajo o abra un portal hacia lo de los vecinos –reflexionaba Alekséy sonriendo.
– Es muy capaz –constató Oleg–. De acuerdo, la abriré. Pero vas a fregar los platos por mí durante dos semanas. No te envidio nada.
– Hecho. Gracias. Ya me las arreglaré con ella –dijo Alekséy al ver que Olga regresaba a la mesa.
– Qué raro, estoy llamando a Sashka y no coge el teléfono. Ya me estoy preocupando de que le haya pasado algo –decía Olya con inquietud.
– Si acabo de hablar con ella –mintió Alekséy–. Dijo que no podría venir y pidió que le mandara un informe con fotos de que la estás pasando bien y que no te he molestado demasiado. Me da la impresión de que organizó esta cita a propósito para nosotros porque ve lo mucho que me gustas –confesó Alekséy.
– Creo que podré perdonarla –sonrió Olya. Le gustaba Alekséy y se lo estaba pasando de maravilla con él. La chica se pegó a Alekséy para hacerse una foto para el «informe de Sashka». Alekséy le envió la fotografía a Sasha y escribió:
«Gracias, mi querida hermanita. Te libraste de mí para que no me comiera el borsch, pero he cenado en una compañía maravillosa. Constato que no me avergüenzo, no me arrepiento y no estoy dispuesto a aceptar ningún castigo. Te quiero, mi querida Frambesita».
Sashka justo se estaba secando el pelo tras el baño relajante cuando escuchó un ruido detrás de la puerta. Comprendió que había sido liberada del cautiverio. Por supuesto, podía haber salido disparada del baño y montar un escándalo, pero el baño aromático había hecho su trabajo y en ese momento solo tenía ganas de dormir.
La chica salió del baño y cogió de inmediato el teléfono. Tenía más de diez llamadas perdidas de Olya y un mensaje del contacto «Pepino». Así era como estaba registrado Alekséy. De pequeña, Sasha había recibido el apodo de Frambesita, el cual no le gustaba, porque se había comido todo un tarro de mermelada de frambuesa de una sola vez y le dio una alergia tremenda. Y a su hermano lo había bautizado como «Pepino» por un poema infantil que el hermano no lograba aprenderse para la fiesta de la Cosecha, donde hacía el papel de pepino con un disfraz a juego. Él no quería aprenderse el poema, pero la pequeña Sashka se lo aprendió al instante. Desde entonces llamaba a su hermano «Pepino», bueno, al principio era «Pipino», porque Sashka no pronunciaba bien la r de pequeña.
La chica quería escribirle algo lleno de furia a su hermano, pero vio cómo brillaban los ojos de Olya en la foto que le había mandado. Mires por donde lo mires, hacían una buena pareja. Aunque fuera una injusticia que semejante «pepino» le tocara a su mejor amiga, no era la peor opción. Sasha escribió rápidamente una respuesta:
«Sigue vivo de momento, pero no te me alegres demasiado, porque la venganza será brillante».
Sashka sonrió y sacó del armario los materiales necesarios para su venganza.
– Bueno, hermanito, ¡la belleza es un poder terrible! Así que te vamos a dejar terriblemente bello, tanto que ni Olya te va a reconocer...




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