Capítulo 2.4 Misión: Conseguir el número
– ¡Buenos días, amiga! ¿Me invitas a un café? –preguntó Sasha al escuchar en el altavoz del teléfono la voz somnolienta de Olya.
– ¿Qué café? ¿Dónde estás? ¿Qué hora es? ¿Me he dormido? –se llovieron las preguntas de Olya.
– Estoy debajo de tu casa, quiero café –confesó Sashka–. No te has dormido, es que yo me he levantado temprano.
– Sube, qué remedio –dijo Olya levantándose de la cama–. Tengo una amiga que sustituye al gallo.
Sasha subió rápidamente al piso correspondiente, y cuando su amiga abrió la puerta, agitó frente a sus ojos la bolsa de marca de la cafetería de al lado.
– ¿A esos también los has despertado? –preguntó Olya, sabiendo que aún faltaba media hora para la apertura oficial.
– Recién hechos. ¿Y qué? ¿Acaso no necesitan buenas ventas? Pues les he inaugurado el día con éxito –dijo Sasha–. Como si no tuvieras ganas de cruasanes. Vístete, que yo pongo el hervidor.
Alejandra fue a adueñarse de la cocina, puso el hervidor en el fuego, sacó su taza favorita y una taza para Olya, y colocó bonitos los cruasanes aún calientes en un plato justo cuando Olya entraba.
Olga era dos años mayor que Sasha; eran amigas desde que iban a clases de baile. Sashka era una niña muy inquieta en su infancia y había pasado por todas las secciones deportivas. El entrenador de karate casi se santiguaba cuando Sasha entraba al gimnasio, el entrenador de boxeo se cogió una baja médica para no meter a la niña en su grupo, la entrenadora de gimnasia les dijo a los padres que se negaba a entrenar a su hija hiperactiva, y el instructor de natación peinó canas ya en el primer entrenamiento. Cuando fueron al colegio a captar niños para el grupo de bailes deportivos, a Sasha le gustó la combinación «bailes deportivos» y fue a bailar. En las clases de baile, Sasha conoció a Olya, que estaba en el grupo de bailes de salón, y ahí empezó todo... Sashka dijo que bailaría con el compañero de Olya y que a ella le traería a uno de sus hermanos. Menos mal que había de dónde elegir. A fuerza de chantaje y manipulación (nada de ruegos, persuasiones ni recompensas), Oleg terminó yendo a clases de baile. Aunque más tarde Alekséy se arrepentiría de que Sashka no lo hubiera elegido a él como la «víctima» para ser el compañero de Olya.
Olya preparó el café e iba a dar el primer sorbo cuando sonó el teléfono del trabajo. Olya trabajaba como operadora en el servicio «Marido de alquiler». Hacía bien su trabajo y sus jefes le permitían coger las llamadas desde casa, con la única condición de que tomara pedidos las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. A Olya le gustaba este trabajo. De hecho, fue ella quien atrajo a este servicio a Sasha y a Alekséy. Olya hizo un gesto para que su amiga se callara y cogió la llamada.
– ¡Buenos días! –saludó Olya con voz alegre y cogió de inmediato un bolígrafo y una libreta para anotar la información necesaria–. Le da la bienvenida el servicio «Marido de alquiler». ¿Qué problema tiene?
– ¡Buenos días! Ayer estuvo en mi casa Alejandra arreglando un grifo, me gustaría saber su número de teléfono –dijo el usuario. Olya abrió los ojos como platos y, aprovechando que Sasha estaba al lado, puso el altavoz.
– ¿Llama para poner una queja? –preguntó Olya.
– No, para nada, todo se realizó de manera profesional, al más alto nivel –respondió Vladislav, mientras Olya le ponía una cara graciosa a Sashka al ver que esta le sacaba la lengua.
– Muy bien, le transmitiré su alta valoración –respondió Olya intencionadamente fría, aunque por dentro se moría de la risa.
– Espere, necesito su número de teléfono –insistió Vlad.
– Lo siento, pero no facilitamos información sobre nuestros empleados –respondió Olya con aire profesional, y Sashka le mostró el pulgar hacia arriba. ¡Él se lo había buscado! ¡¿Por qué no le pidió el número ayer?!
– Pero es que lo necesito mucho –dijo Vlad con tonolastimero.
– Si ha dicho que le arreglaron todo y que está satisfecho con el resultado, ¿para qué quiere el número? –argumentó Olya con lógica, intentando no reírse. Por fin se había despertado la jirafita.
– Quisiera agradecerle personalmente y proponerle una colaboración –dijo Vlad.
– ¿Una colaboración? ¿Y qué sentido tiene para nuestra empresa compartir el número de teléfono de una valiosa empleada a la que usted desea proponerle una colaboración? –preguntó Olya, dejando a Vlad en un estado de estupor–. Si ya le solucionaron todo y no hay problemas, cuando los tenga, vuelva a contactarnos –dijo Olya y colgó.
– Pero qué has hecho, ahora ya no va a llamar –dijo Sasha ofendida y triste.
– Vaya si llamará. ¡No hay que ser tan despistado! Si no le pidió el teléfono antes, que ahora pase por la misión: «Consigue el teléfono de Sasha» –dijo Olya con tono pomposo, y el teléfono volvió a sonar–. ¡Te lo dije!
– Pon el altavoz, yo también quiero oír –pidió Sashka.
– ¡Buenos días! El servicio «Marido de alquiler» le da la bienvenida. Describa su problema –repitió Olya.
– ¡Buenos días! Me gotea un grifo y necesito a la especialista Sasha para que lo arregle –pidió Vlad.
– Facilíteme su dirección, por favor, para enviar a la especialista –dijo Olya profesionalmente.
– Calle Mirna, cinco, apartamento treinta y seis –respondió Vlad con la esperanza de que Sasha apareciera.
– Pero si ayer hubo una llamada para esa dirección. Oiga, ¿por qué me toma el pelo? Dijo que ayer se lo arreglaron todo, ¿qué pasa ahora? –interpretó Olya la indignación de forma impecable.
– Ayer arreglaron todo en la cocina, y esto... esto es que gotea el grifo del baño –se orientó Vlad.
– De acuerdo, espere, la persona encargada llegará en el plazo de una hora –respondió cortésmente Olya.
– Muchísimas gracias. Estaré esperando –respondió un Vlad dichoso.
– Oye, ¿en el plazo de qué hora? Yo tenía otros planes –dijo de inmediato Sasha.
– ¿Y quién ha dicho que a esa dirección vayas a ir tú? –sonrió Olya–. Tenemos muchos empleados profesionales. Puede ir a la calle Mirna el tío Sasha a arreglar ese grifo.
– U-u-u-uh, pero qué intrigante me has salido –sonrió Sasha de oreja a oreja.
– Con el ejemplo que tengo, aún me queda mucho por aprender –respondió Olya sorbiendo su café frío.