Capítulo 3.1 ¿Llego en mal momento?
Sashka voló hacia aquella calle Mirna como una flecha.
– ¡Miren que romper el grifo a propósito! ¡Qué genio! –se indignaba Sasha. Ni siquiera esperó al ascensor, sino que subió corriendo por las escaleras. Tan pronto como presionó el timbre, la puerta se abrió de inmediato, como si Vlad hubiera estado esperándola todo el tiempo mirando por la mirilla.
– Sa-a-asha... –se desfiguró en una sonrisa Vlad al ver a Sasha–. ¡Buenos días! Tenía tantas ganas de verte...
– ¡Buenos días las narices! –bulfó Sashka y entró al apartamento–. ¿Qué pasa esta vez?
– El grifo. El grifo del baño. Gotea tanto, pero tanto... –se lamentaba Vlad, pero sonreía como un bendito. ¡Vaya imbécil! ¡Tiene una inundación en casa y encima se ríe!
Sasha lo miró con el ceño fruncido y se fue al cuarto de baño.
– ¡Pero por qué no cerró la llave de paso! –gritó Sashka tan pronto como abrió la puerta del baño y el agua le salpicó encima–. ¡Si está inundando a los vecinos! ¿¡Quiere pagarles la reforma!?
Aunque Sasha gritaba, cerró el agua rápidamente y comenzó a secar el suelo con toallas. Por alguna razón sentía culpa. Sashka comprendía que él había destrozado aquel grifo por su culpa.
Sasha y Vlad estaban empapados de pies a cabeza cuando terminaron de secar el suelo. No quedó ni una sola gota de agua.
– ¿Para qué tuvo que romper un grifo nuevo? Los vecinos no se lo van a agradecer si se les moja el techo –dijo Sasha con calma.
– Su operadora no me habría dado su número de teléfono –confesó Vlad.
– Y habría hecho muy bien. Quién sabe, a lo largo y a lo ancho podría ser usted algún maníaco o acosador –dijo Sashka a su manera. ¡Con lo mojada que la había dejado por su culpa! ¿Y ahora qué hacía?
– ¿Y tengo cara de maníaco o acosador? –preguntó Vlad haciendo una mueca.
– ¡De imbécil! –diagnosticó Sasha–. Miren que romper el grifo así. Ni siquiera quitó el martillo de la escena del crimen –señaló la chica la prueba del delito.
– Culpable, pero no me arrepiento –sonrió Vlad.
– Hay que cambiar el grifo. Ahora mismo le hago una foto, me parece que vi uno igual en la ferretería. Pero eso será mañana. Hoy cerraré el paso del agua, pero no use el grifo del baño en todo el día –ordenó Sasha.
– ¿Entonces mañana nos volveremos a ver? –sonreía Vlad.
– Bueno, si lo prefiere, mañana puede venir a cambiar el grifo el tío Sasha –dijo la chica mirando a Vlad para no perderse su reacción.
Él hizo una mueca y empezó a negar con la cabeza.
– No, la que necesito es a usted, Sasha –dijo Vlad mirándola de tal forma que a ella le dio un vuelco el corazón.
Para no delatarse, Sasha recogió todas las toallas y las metió en la lavadora. Programó rápidamente el ciclo de lavado y encontró cápsulas de detergente en el armario.
– Estoy empapada hasta los huesos –dijo Sasha. Al fin y al cabo, la fuente no solo había remojado al dueño del apartamento, sino también a ella.
– Ahora mismo busco una solución –dijo Vlad y se fue a su habitación. Del armario sacó una de sus camisas blancas, que a Sasha le quedaba como una túnica.
– Tome, póngase esto mientras tanto –dijo Vlad con culpa–. Cuando se laven las toallas, podremos meter su ropa, y yo mientras tanto nos pediré algo de comer. No sé usted, pero a mí me ha entrado un apetito feroz. ¿Sushi o pizza?
– Pizza –dijo Sasha y cogió la camisa de Vlad.
El hombre también estaba empapado, así que encargó rápidamente dos pizzas y decidió ponerse ropa seca. Apenas le dio tiempo de quitarse la ropa mojada y ponerse unos pantalones cortos cuando escuchó que llamaban a la puerta.
– Vaya, ¿tan rápido? –se extrañó Vlad y fue a abrir mientras sostenía una camiseta en las manos.
Abrió la puerta y se quedó petrificado de la sorpresa.
– ¿Abuelo? –preguntó Vlad.
– ¿Llego en mal momento? –respondió el hombre con otra pregunta.
– A tiempo, pasa –respondió Vlad, aunque ahora pensaba en cómo explicar la presencia de Sasha en su apartamento.
– He tendido las toallas en el secador y he metido mi ropa a lavar –dijo Sasha mientras se secaba el cabello–. Uy... –se le escapó a la chica al verse observada por dos pares de ojos: unos cautivadores, que parecían quemar cada milímetro de sus piernas asomándose por debajo de la camisa, y otros con una picardía llena de curiosidad que ocultaban un montón de preguntas...