Mujer de alquiler

Capítulo 4.3 ¡Vaya percal!

Capítulo 4.3 ¡Vaya percal!

Sasha se quedó sola en la habitación. La chica se cambió a un pijama con unicornios rosas y se puso una bata por encima. No tenía prisa por colocar sus cosas en los estantes del armario. A su madre se le pasaría el enfado pronto y Sasha volvería. Tenía tantas ganas de ser mayor, ansiaba tanto la independencia, y aun así todo el mundo la sobreprotegía, intentaba darle lecciones, y lo que más sacaba de quicio a la chica eran las palabras de su madre sobre el futuro marido. Como si fuera un objeto cualquiera, como si fueran a pasarla de mano en mano quitándose de en medio toda la responsabilidad. La chica pensó en llamar al menos a su padre, pero se había quedado sin batería en el móvil.
– ¡Vaya faena! ¡Como siempre, en el momento más inoportuno! –se dijo la chica a sí misma. Sabía que su padre sería el que más se preocuparía.
Sasha revolvió todas sus cosas en la maleta, pero no encontró el cargador por ninguna parte. Cogió el teléfono y salió de la habitación con él.
– Oye, ¿no tendrás un cargador? –preguntó Sasha señalando su móvil. Vlad se quedó unos segundos colgado. Se veía tan hogareña con aquella ropa, parecía que fueran una pareja de verdad y que llevaran muchos años conviviendo.
– Ahora miro –respondió Vlad y miró el modelo del teléfono. Un móvil viejito y barato, pero con una funda rosa llena de frambuesas. ¡Quién lo iba a dudar! Vlad recordó que por ahí tenía una batería externa (power bank) con todos los tipos de puertos posibles. Al final la encontró y se acercó triunfante a Sasha.
– Te propongo un trato: el cargador para tu móvil a cambio de tu número –ofreció Vlad.
– Qué chantajista estás hecho, no pierdes ocasión –respondió Sasha.
– A la fuerza ahorcan, los métodos van acorde a los tiempos –contestó Vlad.
– Nadie me había conseguido sacar el número a base de manipulaciones –constató la chica.
– Seré el primero. Oye, ¿es que hay muchos deseando tener tu número? –empezó a celar Vlad.
– Hacen cola y todo –respondió Sasha.
– Entonces a mí dámelo sin hacer cola, por favor –pidió Vlad.
– ¿Y tú eres de los que tienen trato preferente?
– ¡Pues claro! Si hasta tengo una escayola –señaló su pierna Vlad.
– Me has convencido. Trae la batería para acá, porque como sigas negociando tardamos una hora –dijo Sasha y conectó su móvil para cargarlo.
– Dictámelo o anótalo tú misma. Pero no hagas trampas, que lo voy a comprobar –sonrió Vlad.
– ¡Ay, no te vas a despegar ni con agua caliente, anda, apunta! –dijo Sasha y le dictó su número.
– ¡Listo! Gracias.
A Sasha le daba curiosidad saber cómo la había guardado en los contactos, pero Vlad estaba sentado lejos y no alcanzaba a ver lo que tecleaba.
– Oye, Sasha, hablando en serio, de verdad necesito tu ayuda –dijo Vlad–. No he conseguido encontrar un traductor para los coreanos, y ellos insisten en que sigas siendo tú quien lleve las negociaciones. Te pagaré lo que me pidas. Te necesito –dijo Vlad, pero pronunció las últimas tres palabras con tanta ternura que Sasha por poco se derrite.
– ¿Y qué pasa con mi trabajo? Si yo trabajo.
– Si quieres, podemos tramitar el encargo a través de tu empresa. Estoy dispuesto a pagar el doble –aseguraba Vlad.
– ¿Cuándo es la reunión con los coreanos?
– Pasado mañana.
– Vale, intentaré hacer un hueco en mi apretada agenda –dijo Sasha con tono profesional.
– Tengo otra propuesta más. Pero no te asustes y escúchala hasta el final, por favor –pidió Vlad.
– No me asustes –dijo Sasha.
– Le has caído muy bien a mi abuelo y él se piensa que somos pareja, ¿no podrías hacer de mi novia, de forma ficticia, al menos durante un tiempo? –soltó Vlad, y a Sasha le dio un vuelco el corazón al oír la última palabra–. Ya sé que tienes a Alekséy, a Oleg y a Stepán...
– A Ostap –le interrumpió Sasha.
– Eso, pero si ahora estás aquí conmigo, no creo que las cosas vayan tan bien con ellos. Te prometo que no te haré ningún daño y estoy dispuesto a acatar tus reglas; si quieres, firmamos un contrato –hablaba Vlad como todo un hombre de negocios.

– ¿A que no me digas que no puedes contratar a otra para este papel? Yo no soy actriz, lo mismo no doy la talla.
– Con el abuelo fuiste muy convincente. Hasta yo mismo me lo habría creído de no saber la verdad –dijo Vlad.
– Gracias por el cumplido, pero paso. Mira, mañana tienes que arreglar el grifo que reventaste, pasado mañana ayudarme con los coreanos... Ya sales demasiado en mi vida. Déjame respirar en paz –dijo Sasha–. Perdona, tengo que hacer una llamada.
En cuanto cogió carga, la chica encendió el teléfono. La pantalla se iluminó y empezó a parpadear con notificaciones de llamadas perdidas y mensajes de su madre, su padre, sus hermanos y Olya.
– ¡Menudo percal! Me van a matar –se dijo Sasha para sus adentros y empezó a maquinar qué hacer para evitar que la emparedaran viva en su casa.
Decidió llamar primero a Olya.
– ¡Dios, por fin! ¿Estás viva? ¿Te ha hecho algo? ¿Los tuyos ya están allí? –le llovían las preguntas a la preocupada amiga.
– Todo bien. ¿Quién me iba a hacer algo? Si soy yo la que le hace algo a quien sea. ¿Cómo que «los tuyos ya están allí»? –el corazón de Sasha dio un vuelco de mal agüero. ¡Si ya decía ella que su sexto sentido le advertía de que algo iba mal!




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