Capítulo 4.4 ¡SE ACABÓ-Ó-Ó!
Sasha se puso pálida y decidió irse a otra habitación para que Vlad no notara las notas de pánico en su voz. Y había razones de sobra para entrar en pánico.
– ¡Si yo estaba con la abuela, la ingresaron en el hospital y va a estar bien! –comenzó a explicar Olya, mientras Sasha escuchaba cada palabra para dimensionar la catástrofe–. Cuando me liberé, vi las llamadas perdidas de Alekséy y le devolví la llamada. Se me había olvidado avisarle de que la cita se posponía. Cogió el teléfono tu madre, puso el altavoz y empezó a preguntar dónde estabas. ¡Claro, como yo no sé lo que os pasa por ahí, podías haberme avisado! Le dije que no estaba en casa, y tu padre comentó que te habías ido y que ya era de noche en la calle –le contaba Olya, y Sasha cerró los ojos imaginándose la cara de su familia en ese preciso instante–. Tu padre dijo que habían llamado a todos los conocidos, a la policía, a las morgues... vamos, que no aparecías por ningún lado. A tu madre le dio por pensar que tenías dinero, y a Alekséy se le escapó que se lo habías ganado a un cliente rico al que le hiciste borsch.
A estas alturas, Sasha se sentó en la cama porque las piernas le temblaban y ya no la sostenían.
– Bueno, solo alcancé a oír que tu madre iba a buscar el cinturón militar y las valerianas, y les mandó a todos que se prepararan porque, según parece, Alekséy sabía la dirección de ese cliente. ¿Quién es? ¿Ese guaperas al que volviste a ir a ver hoy? ¿Estás con él ahora? –preguntaba Olya muy alterada, y con razón. Aunque Sasha estuviera a salvo, sus padres le iban a armar el Armagedon fijo después de esto–. ¿Por qué no les dijiste nada?
– Estoy bien... Por ahora –añadió Sasha–. Sí, estoy en casa de Vlad. Me quedé sin batería.
– ¡Vaya susto que me has dado! Avísale algo a los tuyos, porque si ellos también se presentan en esa calle Mirna, os va a tocar cambiarle el nombre a la calle de verdad. Conozco muy bien a tu madre.
– ¿Y hace cuánto fue eso? –preguntó Sasha.
– Unos veinte minutos –respondió Olya, y Sasha decidió advertir a Vlad de que hoy no era un buen día para recibir visitas.
Apenas Sasha abrió la puerta de la habitación, sonó el timbre. La chica oyó que Vlad ya iba a abrir y corrió a advertirle. Pero el hombre llegó a la puerta más rápido que ella. Giró la cerradura a toda prisa y Sasha voló hacia él gritando:
– ¡No abras!
Pero ya era tarde. Si Sasha abrigaba una mínima esperanza de que la librara la suerte, al final no hubo suerte...
Vlad abrochó (abrió) la puerta de par en par y, a espaldas suyas, Sasha pudo distinguir a su madre en bata de estar por casa y con dos rulos en la cabeza, a su padre en camiseta de tirantes y a los tres hermanos. Sus rostros no eran precisamente amables ni alegres. Incluso Alekséy, con sus lunares verdes, tenía un aspecto de todo menos divertido; más bien de ir en son de guerra. ¡Se acabó! ¡No, SE ACABÓ-Ó-Ó!
– ¡Qué horas de no dar buenas noches! –saludó la madre al reconocer a Sasha al fondo, y dando una exhalación como un dragón, dio un paso al frente. Seguro que su madre había oído su grito de: ¡No abras!
– Ay –fue lo único que acertó a decir Sasha, ya sin escuchar lo que decía Olya al otro lado del altavoz del móvil.
– Buenas, pero vosotros ¿quiénes sois? –preguntó Vlad, sin prisas por dejar pasar a la muchedumbre a su morada. El hombre escaneó con la mirada a la gente de la puerta, reconoció a Alekséy y pensó que debía de ser el novio de Sasha que venía a llevársela por la fuerza. ¡Pero Vlad decidió que no iba a consentir semejante cosa! ¡Con lo que le costaba conseguir a aquella cabra de pelo rosa! Al menos para un noviazgo de mentira, ¡y ya sobre la marcha verían qué hacían!...