Capítulo 5.1 ¡Qué boda ni qué boda!
– ¡¿Qué boda?! –ahora fue el padre quien se llevó las manos al corazón. Él tampoco estaba preparado para entregarle su florecita a aquel hombre al que veía por primera vez.
– ¿Y para qué esperar? Nos queremos –dijo Vlad mientras abrazaba con seguridad por la cintura a Sasha, quien se limitaba a parpadear con sus grandes ojos intentando procesar toda la información.
– Bueno, al menos hay que prepararse. Y ustedes ni siquiera han pedido oficialmente la mano de nuestra hija –dijo Alla Stepánovna, pasándose al trato de usted debido al cariz que estaban tomando los acontecimientos. La mujer seguía sosteniendo el cinturón en una mano. Al darse cuenta de que ya no era muy oportuno y sin saber muy bien dónde meterlo, simplemente se lo ató alrededor de su bata de casa para dejar las manos libres. Tenía un aspecto bastante cómico, pero nadie se dio cuenta porque todos estaban, por decirlo suavemente, en estado de shock. Solo Vlad disfrutaba de la situación. ¡Todo le estaba saliendo de maravilla!
– ¿Y si pedimos la mano ahora mismo? ¿Están todos aquí? –preguntó Vlad, dándole el golpe de gracia a los padres. Sasha se apartó de los brazos de Vlad y se fue a la cocina a por medicinas para su padre y para ella misma. ¡Ay, ella no se imaginaba así la pedida de mano, ni mucho menos!
– Bueno, no vamos vestidos para la ocasión, y además es casi de noche –ideó un argumento la madre mientras se arreglaba el pelo tras palparse los rulos en la cabeza.
– La ropa no importa. Amo a vuestra hija y quiero hacerla feliz –dijo Vlad sin rodeos, y a Sasha por poco le da un traspié al oír sus palabras. ¡¿Qué está diciendo?! ¡Si los padres van a casarla en serio ahora mismo! ¿Y cómo decirle que «no» a Vlad si ella misma lo había llamado su prometido?
– Vlad, compréndanos también a nosotros, los padres; Sasha es nuestra hija y la queremos mucho. Para nosotros es importante que su pareja la quiera no solo de palabra, sino que respalde todo con hechos. No nos precipitemos con la boda, déjenos la oportunidad de conocernos bien –tomó la palabra el padre.
Sasha trajo el agua y le dio el vaso a su padre, quien se lo tragó de un solo trago.
– De acuerdo –aceptó Vlad rápidamente–. Estoy dispuesto a esperar todo lo que haga falta.
Sasha y todos los Sribny soltaron un suspiro de alivio al unísono. ¡Menudo hombre de negocios! ¡Los había abarcado a todos con tanta maestría que hasta se habían olvidado de a qué habían venido!
– A mí no me termina de cuadrar que lleven tanto tiempo conociéndose –intervino de repente Alekséy, inesperadamente. ¡Vaya humanoidito verde! No pasa nada, en el botiquín aún queda yodo y fucorcina. ¡Ya verás como Alekséy siga jugando con fuego!
– Y Vlad no anda con rodeos. Mira tú, hermanito, llevas cuatro años rondando a Olya y todavía no te has atrevido a pedirle matrimonio. Lo único seguro es que vas a conseguir que le salgan canas, que se case con otro o que sea ella la que te pida a ti salir –no pudo contenerse Sasha. Podría haberse callado la boca. Los otros hermanos se callaban y hacían muy bien.
– Quiero que sepan que tengo intenciones muy serias con Sasha. Podemos esperar con la boda. ¿Qué dices tú, mi amor? –preguntó Vlad, y Sasha dio un brinco al oír aquello de «mi amor»–. Por mí, estoy listo para ir al Registro Civil mañana mismo. Tengo contactos, podemos organizarlo todo sin hacer cola.
– ¿Por qué tanta prisa con la boda? ¡Dios mío, Sasha, estás embarazada?! –soltó la madre, expresando otra idea genial que se le había cruzado por la cabeza, y se puso pálida.
¡Vaya carrerita de noche!