Mujer de alquiler

Capítulo 5.4 La noche continúa

Capítulo 5.4 La noche continúa

La situación que acababa de producirse no solo la comentaban Sasha y Vlad. Los Sribny, al salir del ascensor, se cruzaron con los policías que habían acudido para resolver el entuerto con la «banda».
– Un edificio de categoría y mira, alguien ya ha llamado a la policía. Menos mal que nuestra Sasha está en buenas manos –dijo Alla Stepánovna.
– A lo mejor han llamado a la policía por su culpa –comentó Alekséy.
– Mejor cállate la boca –le arreó un capón a su hermano menor Ostap.
En el coche todos guardaron silencio mientras digerían lo ocurrido.
– Chicos, cuando lleguemos a casa, mirad si vuestros trajes están limpios, si tenéis camisas –dijo la madre–. Si se han manchado por ahí, habrá que llevarlos a la tintorería para no dar la nota en el restaurante.
– ¡Mamá, que estamos en pleno verano! ¿Qué trajes ni qué niño muerto? –protestó Alekséy y se llevó un codazo en las costillas por parte de Oleg.
– ¿Y cómo vais a ir al restaurante? Que los vecinos vean que el prometido de Sasha tiene pasta y estatus. Así que vosotros también tenéis que estar a la altura.
– Alla, ¿acaso se trata de estar a la altura? Lo importante es que sean felices –terció el padre de Sasha.
– ¡Ay, dónde van a ir! Ya se encargarán de ser felices –respondió la madre.
– Sí, a ver si el prometido con estatus no sale corriendo de nuestra Sasha –soltó Alekséy y se llevó otro capón de Ostap. ¡Es que no paraba de pinchar a su hermana! ¡Ya vería como a los hermanos mayores les diera por coger la fucorcina!
Cuando los Sribny llegaron a casa, Alekséy se fue directo a la cocina.
– ¿Tomamos un té? –preguntó el verdoso.
– ¡Qué té ni qué narices! Vete a dormir ya. ¡Te metes en la cabeza lo del té y no hay quien te aguante! –empezó a quitarse el cinturón la madre.
– Si en casa de Sasha no lo hemos tomado –protestó Alekséy.
– No pasa nada, así tendrás que ir menos al baño –respondió la mujer y se metió en su cuarto.
– ¡Menuda vida! ¡En tu propia casa y no te dejan tomar un té! –se indignaba Alekséy.
– No eres un manco. Hazte el té tú mismo –le soltó su hermano Oleg.
– Tómatelo y vete a dormir. No te pongas a rular por ahí a media noche –añadió Ostap.
– Bah, total, si yo también puedo dormir en la habitación de Sasha –bufó Alekséy.
– Sí, pero luego no te quejes –le advirtió Ostap.
«Tenía el padre tres varones:
el mayor, de sabias dotes,
el mediano, un caso aparte,
y el pequeño, un completo estandarte...» –recitó los versos de un cuento Oleg y se marchó a su dormitorio.
– ¡Ay, los tontos sois vosotros! ¡Hala, a apretujaros los tres en una sola habitación! –no pudo contenerse Alekséy y se fue a la cocina a prepararse el té.
– Y encima no escarmienta –comentó Oleg a su hermano sobre la actitud del benjamín.
– ¿Le hemos avisado? Avisado está –sentenció Ostap y se tumbó en la cama.
– ¡A ver si me va a mandar a mí alguien lo que tengo que hacer! –murmuraba Alekséy para sus adentros mientras fregaba la taza del té.
Su teléfono parpadeó con una notificación.
«¡Ni se te ocurra! ¡Ya sabes que mi venganza va a ser terrible!», decía el mensaje de Sasha.
– Uy, sí, qué miedo me das. ¿Y qué me vas a hacer? Si ni siquiera estás en casa –le hablaba Alekséy a la pantalla, que tenía la foto de su hermana.
Al cabowhile de un rato, Oleg decidió ir de avanzadilla. Se asomó a la habitación de su hermana, pero allí todo estaba en orden y en su sitio. Alekséy estaba durmiendo en una cama plegable en la cocina.
Pero no era el único que no podía dormir.
– Nikolái, ¿qué zapatos me pongo para ir al restaurante? –intentaba despertar a su marido Alla Stepánovna.
– ¿Qué? Los que quieras.
– No hombre, si te lo consulto a ti. ¿De tacón o cerrados? –seguía dale que te pego la mujer.
– De tacón –respondió el hombre con tal de que su mujer lo dejara en paz.
– Pero se me pueden hinchar los pies, mejor me pongo los cerrados, son más cómodos –decía la mujer–. La comadre se va a poner negra de envidia. Siempre iba diciendo que nadie se fijaría en nuestra Sasha con su pelo rosa y su carácter imposible, y mira al final cómo han rodado las cosas.

– Ajá –assentía el marido medio dormido.
– Mañana mismo se lo cuento –murmuraba la mujer mientras se volvía a girar hacia un lado.
Por fin reinó el silencio durante unos minutos.
– No, si tampoco es tan tarde –dijo la mujer con voz de todo menos de estar dormida, cogió el teléfono y marcó el número de la comadre para anunciarle que su Sasha se casaría muy pronto con un apuesto y listo empresario que tenía piso, coche y empresa propia...




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.