Mulan en mí

Capítulo 12: Lo sé

De vuelta en el campamento, todo siguió su curso. Pero algo había cambiado en el aire: una tensión invisible, como la electricidad antes de una tormenta.

Sofía lo notó en las miradas más largas de Xiao Ce, en las pausas de Chen Yan antes de hablarle, en la forma en que algunos soldados cuchicheaban cuando ella pasaba. Su secreto pendía de un hilo.

Una noche, mientras los demás dormían, Sofía salió de la tienda y caminó hasta el pozo. Se inclinó sobre el brocal y miró su reflejo en el agua oscura.

—Zhù shǒu —susurró, practicando las palabras que algún día podrían salvarle la vida—. Zhù shǒu.

«Detente.» «Alto.» La frase que había ensayado en silencio durante semanas. Su chino seguía siendo torpe, pero cada día añadía una palabra nueva a su arsenal. Ya no era la muchacha que llegó sin entender nada. Ahora podía mantener conversaciones simples. Podía entender órdenes. Podía, si se esforzaba, hacerse entender.

Pero todavía no se atrevía a hablar delante de los demás. La fobia social seguía allí, agazapada en su garganta como un animal herido. Practicaba sola, de noche, junto al pozo. Y cada vez que intentaba decir algo en público, las palabras se le atragantaban.

—Sabía que estarías aquí.

Era Chen Yan. Se acercó con paso tranquilo, las manos en los bolsillos de la túnica.

—Llevo tiempo observándote —dijo—. Practicas de noche. Te escondes para hablar. ¿Por qué?

—Porque tengo miedo.

—¿Miedo de qué?

—De que me oigan. De que sepan que no soy... de aquí.

Chen Yan asintió lentamente.

—Yo tampoco sé quién eres. Pero sé lo que has hecho. Salvaste a Zhou Dayong. Frenaste la epidemia. Mejoraste las catapultas. Enseñaste a Peonía a curar. Eso no lo hace cualquiera.

—No soy Mulan.

—Lo sé.

Se hizo un silencio. La luna se reflejaba en el agua del pozo, temblorosa.

—¿Quieres saber quién soy? —pregunté.

—Solo si quieres contármelo.

Respiré hondo. Y entonces, por primera vez desde que llegué a ese mundo, le conté a alguien la verdad. No toda. No lo de Lin Hao, no lo del libro, no lo del viaje en el tiempo. Pero sí lo esencial.

—Vengo de muy lejos —dije—. De una tierra que no está en ningún mapa. Mi abuela me enseñó las hierbas. Mi madre me enseñó a tejer. Mi abuelo me enseñó a cazar. Todo lo que sé hacer aquí... lo aprendí allí.

—¿Y cómo llegaste?

—No lo sé. Estaba en un lugar... y de repente estaba aquí. En este cuerpo. No sé por qué.

Chen Yan no dijo nada durante un largo momento. Luego, lentamente, asintió.

—No sé si entiendo todo esto. Pero te creo.

—¿Me crees?

—Sí. Porque lo que has hecho no lo podría hacer nadie de este mundo.

Me tomó la mano. Fue un gesto simple, sin pretensiones. Pero sentí que algo se rompía y se recomponía dentro de mí.

—Gracias —dije.

—No me des las gracias. Solo... no desaparezcas.

—No voy a desaparecer.

Era una promesa que no sabía si podría cumplir. Pero la hice de todos modos.

Esa noche, cuando volví a mi petate, encontré una nota bajo la almohada de paja. Estaba escrita en caracteres chinos, con una caligrafía temblorosa.

Solo tenía dos palabras: «Lo sé.»

No era de Xiao Ce. Su caligrafía era precisa y elegante. No era de Chen Yan. No era de A Chai.

Era de alguien que nunca había hablado. Alguien que había estado observando en silencio todo ese tiempo.

Doblé la nota y la guardé bajo el vendaje del pecho, junto al corazón.

Alguien más sabía mi secreto. Y no sabía si era un aliado o un enemigo.

Mientras tanto, al otro lado del campamento, en la tienda de mando, Xiao Ce desenrollaba un informe sobre su mesa.

—La investigación está completa —le dijo a Chen Yan, que estaba de pie al otro lado—. He contrastado los datos. No hay ninguna Mulan registrada en la unidad de reemplazo del este.

Chen Yan apretó los puños.

—¿Qué significa eso?

—Significa que alguien falsificó su enrolamiento. O que ella lo falsificó. En cualquier caso, la identidad que nos ha dado es falsa.

—¿Vas a denunciarla?

Xiao Ce se quedó en silencio un momento. Luego negó con la cabeza.

—No. Todavía no.

—¿Por qué?

—Porque hay algo más. —Xiao Ce sacó otro documento—. He recibido informes del norte. Los rouran están movilizando tropas hacia el paso oriental. Esto no es una escaramuza de frontera. Es una invasión en toda regla.

Chen Yan palideció.

—¿Cuándo?

—Pronto. Muy pronto. Y cuando llegue ese momento, necesitaremos a todos los que puedan luchar. Incluso a los que no son quienes dicen ser.




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