Mulan en mí

Capítulo 14: Celos con olor a perfume caro

Gao Wei llegó tres días después del asalto, con un séquito de criados y una carta de recomendación de su tío, el influyente consejero Gao Gong.

Era joven, apuesto y perfectamente consciente de ambas cosas. Llevaba la armadura bruñida y el cabello recogido en un moño alto que olía a aceite perfumado. Al pasar entre los reclutas, sonreía como quien pasea por un jardín. Sofía estaba en la tienda de curas, preparando una infusión para un soldado con fiebre, cuando Gao Wei se detuvo frente a ella.

—Así que tú eres el soldado del que tanto hablan —dijo, con una voz untuosa que le recordó a los jefes de las empresas donde había solicitado trabajo en Lima—. El que cura, teje y dispara catapultas. Casi demasiado bueno para ser cierto.

Sofía bajó la cabeza. No respondió.

—Es mudo —intervino A Chai—. No habla.

—Ah, el mudo. He oído historias muy curiosas sobre ti. Dicen que salvaste a un hombre con un licor cualquiera. Que tus vendas son mejores que las del médico. Que hablaste por primera vez para defender a un compañero. —Gao Wei sonrió—. Eres una caja de sorpresas, ¿verdad?

Sofía sintió un escalofrío en la nuca. No era el frío. Era el instinto. Ese hombre no era de fiar.

—Prepárame una infusión para el dolor de cabeza —ordenó Gao Wei—. El viaje ha sido agotador.

Sofía obedeció. Preparó la infusión y se la tendió en una taza de cerámica. Gao Wei bebió un sorbo e hizo una mueca.

—Sabe amargo.

—Es la corteza —dijo Sofía, en el chino más neutro que pudo articular—. Para el dolor.

—Interesante. Un soldado mudo que sabe de hierbas, teje mejor que las mujeres y hasta cocina. —Gao Wei la miró de arriba abajo—. Eres menudo para ser soldado. Y tienes facciones suaves. Casi como una muchacha.

Sofía sintió que la sangre se le helaba. Pero mantuvo la postura. Los hombros hacia atrás. La mandíbula apretada.

—Es joven —intervino una voz detrás de ella—. Pero ha demostrado su valía en combate.

Era Chen Yan. Estaba de pie en la entrada de la tienda, los brazos cruzados sobre el pecho. Su voz era fría. Cortante.

—Capitán Chen —Gao Wei sonrió—. No sabía que este soldado estuviera bajo su protección.

—No está bajo mi protección. Está bajo mi mando.

—Entiendo. —Gao Wei dio otro sorbo a su infusión—. Entonces quizás debería pedirle permiso antes de solicitar sus servicios.

—Quizás debería dedicar su atención a los mapas de defensa, teniente Gao. En lugar de a los soldados que no le han pedido compañía.

El silencio que siguió fue tan tenso que hasta los criados dejaron de moverse. Gao Wei soltó una risa forzada.

—No se preocupe, capitán. No voy a robarle a su soldado favorito. Solo aprecio el talento donde lo encuentro. —Se puso en pie y le devolvió la taza a Sofía—. Prepárame otra para mañana. Más dulce, si puedes.

Se fue. Chen Yan se quedó donde estaba.

—Ese hombre es peligroso —dijo—. No te acerques a él.

—No pienso hacerlo.

—Bien.

Se hizo un silencio incómodo. Chen Yan parecía querer decir algo más, pero se detuvo. Apretó los puños y salió de la tienda.

Esa noche, A Chai se sentó a su lado junto al fuego.

—Ese amigo tuyo está celoso —dijo.

Sofía lo miró.

—Celoso. De verdad. Del teniente Gao. Lo vi. Cuando ese imbécil te dijo lo de las facciones suaves, Chen Yan casi se lo come.

—¿Por qué iba a estar celoso?

—Porque le importas. O porque es idiota. A veces es lo mismo.

Sofía no respondió. Pensó en Lin Hao. En cómo le sonreía cuando estaban juntos en Lima. En la promesa que se habían hecho. «Cuando te gradúes, nos vamos juntos a China.» ¿La estaría esperando todavía? ¿O habría seguido con su vida?

—Es complicado —dijo.

—Siempre lo es. —A Chai se encogió de hombros—. Pero mientras haya chicha, todo tiene arreglo.

Sofía casi sonrió. Casi.

Esa noche, cuando volvió a su tienda, encontró una nota bajo el petate. No era la misma caligrafía de la nota anterior. Esta era más elegante, más cuidada. Decía:

«No confíes en el teniente Gao. Su tío es mi enemigo. Y ahora también el tuyo.»

No estaba firmada. Pero Sofía supo quién la había escrito.

Xiao Ce.

Dobló la nota y la guardó junto a la otra. Dos mensajes anónimos. Dos advertencias. Dos personas que sabían su secreto y no la habían delatado. Pero la sensación de estar siendo observada, medida, evaluada, ya no la abandonaba.

Se tumbó en el petate. Bai Ling se enroscó a sus pies.

—Esto es un lío —susurró en español.

El zorro bostezó.

Chen Yan celoso, Gao Wei sospechoso, Xiao Ce vigilante. ¿En quién confiarías tú si fueras Sofía?
Vota + Comenta + Sigue para el Capítulo 15.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.