Chen Yan me encontró junto al pozo. La noche antes de la batalla. La última noche de calma.
El cielo estaba limpio. Las estrellas brillaban. El agua del pozo reflejaba la luna, temblorosa. Me senté en el brocal. Me temblaban un poco las manos.
—Sabía que estarías aquí.
Se sentó a mi lado. No llevaba armadura. Solo la túnica suelta. Olía a jabón de ceniza y a algo más, un aroma limpio que ya reconocía.
—He estado pensando —dijo—. Desde que me contaste la verdad.
—¿Y?
—No sé de dónde vienes. No entiendo cómo llegaste. Pero sé lo que has hecho. Salvaste a Zhou Dayong. Frenaste la epidemia. Mejoraste las catapultas. Enseñaste a Peonía. Luchaste. Curaste.
—No fue solo cosa mía.
—Pero fuiste tú. Y ya no me importa quién eras antes. Me importa quién eres ahora.
Sentí un nudo en la garganta. Las palabras me costaban.
—Hay algo más que no te he contado.
—Lo sé.
—¿Lo sabes?
—Siempre que hablas de tu tierra, hay algo en tu voz. Una culpa. Alguien te espera allí.
—Se llama Lin Hao. Es mi novio. Íbamos a casarnos.
Chen Yan no apartó la mirada. No se movió.
—¿Lo quieres?
—Sí. Pero no sé de qué manera. He cambiado. Ya no soy la misma.
—Nadie sigue igual después de una guerra.
—Tú sí.
—No. —Negó con la cabeza—. Yo también cambié. Antes solo me importaba Mulan. Ahora me importas tú. Y eso me da miedo.
—¿Miedo de qué?
—De perderte. De que un día desaparezcas y no pueda hacer nada.
Le tomé la mano. Sus dedos se entrelazaron con los míos. Eran ásperos, cálidos, firmes.
—No voy a desaparecer. Todavía no.
—¿Todavía?
—El libro que me trajo aquí tiene poder. Quizás algún día me lleve de vuelta.
Apretó los dedos.
—¿Cuándo?
—No lo sé. Pero no será esta noche. Ni mañana. Ni mientras este campamento me necesite.
—Entonces quédate. Mientras puedas.
—Eso haré.
Me miró. Sus ojos brillaban bajo la luna. Dos puntos oscuros y luminosos al mismo tiempo.
—No sé si entiendo todo esto. Pero te creo. Y decidas lo que decidas, quiero que sepas algo.
—¿Qué?
—Que te quiero. No a Mulan. A ti. A la curandera que vino de lejos.
Las palabras se quedaron flotando. No supe qué responder. Así que no respondí. Apoyé la cabeza en su hombro. Sentí el calor de su cuerpo, el olor a jabón de ceniza, la respiración acompasada. El pecho me subía y bajaba despacio.
Mañana habría batalla. Sangre. Muerte. Pero esta noche, bajo las estrellas, dos personas se querían.
Y eso bastaba.
Chen Yan le dijo a Sofía que la quiere a ella, no a Mulan. ¿Era la confesión que esperabas? ¿O crees que faltó algo?
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Editado: 03.06.2026