Desde pequeña pensaba que la vida era solo jugar, ser feliz, la familia, amigos, solo diversión. Las risas llenaban el lugar dando una alegría inolvidable, los días parecían eternos, el sol brillando esplendidamente y meriendas dulces.
La voz de mamá llamándome para cenar, el abrazo de papá al volver del trabajo, las risas y momentos compartidos con mis amigas en el recreo. No conocía otro amor que ese: el que se da sin pedir nada a cambio, el que se encuentra en una mirada atenta, en una mano que sostiene, en un "todo va a estar bien" dicho a tiempo. Para mí, amar era preocuparse, estar cerca, cuidar, esperar a alguien con entusiasmo, preparar un dibujo para sorprender, correr a abrazar sin motivo. Solo dar cariño.
Vivía rodeada de afectados sencillos, pequeños gestos que, en mi mundo de niña, eran gigantes. Y creía firmemente que así sería siempre. Todo tan hermoso e increible... entonces, ¿Qué mal podría existir en este mundo?
Editado: 25.02.2026