Con el tiempo comenzaron las diferencias. Al principio eran pequeñas, casí ni se notaban, eran como encontrar una aguja en un pajar, pero en vez de una, muchas. Esas diferencias silenciosas se fueron agrandando con los días, con las semanas.... con los meses.
Ya no éramos los mismos, había algo distinto, en como nos hablábamos, en como nos mirábamos, y en cómo compartíamos los espacios; desde los grandes gestos hasta los más simples detalles. Todo había cambiado. Los momentos lindos, las risas seguidas, los abrazos largos, y las miradas profundas....se esfumaron. Cómo si el viento los hubiera llevado sin dejar rastro...
No sabría decir cuándo empezó todo, solo sucedio, lamentablemente sin que nadie lo notará a tiempo.
Lo comprendi realmente una noche. Salió con sus amigos, cómo antes, pero algo en su forma de despedirse me dejó con duda. Me dió un beso distraído, y su voz sonó distinta: sin afecto, sin emoción, sin alma.Una frialdad que me atravesó el pecho.
— ¿Habré hecho algo mal o solo pensé mal porque estaba cansada?
Sus palabras, tan simples y tan frías, quedaron resonando en mi cabeza:
—Chao, nos vemos luego.
Di vueltas, una y otra vez, hasta que me dormí.
Editado: 25.02.2026