Nadie más que yo

Capitulo 2: Nueva vida

Me siento en mi cama después de escuchar mi alarma, parecida a un terremoto.

No me quiero mover, siento mi cuerpo como una roca, pero no puedo quedarme sin ser alguien en la vida.

Mi hermana me llama a desayunar, pero yo solo puedo pensar en qué voy a hacer si arruino todo, qué pasarán estos dos años que me quedan. Cuando llego a la cocina la abrazo y agradezco, me voy a sentar en la sala mientras ella sigue cocinando para ella. Después de dos bocados llevo y lavo mi plato para luego bañarme y cepillarme - durante esto imagino cómo hacer amigos sin que parezca muy patético e ingenuo.

Me dirijo a mi cuarto y me pongo el uniforme de diario monocromático, que la verdad me gusta bastante, a diferencia del de educación física con su amarillo chillón que me hace sangrar los ojos.

Voy hacia el espejo cercano para ver mi cabello ondulado y desordenado e intentar acomodarlo un poco, pero solo quiero cortarlo. Odio que siempre esté lleno de frizz. Mientras tanto, Samantha habla por teléfono con una persona que no conozco; sin embargo, tampoco me importa mucho.

Antes de salir de mi "super mansión", mi hermana se despide con un te quiero. Salgo poniéndome en los audífonos - Mi Buen Amor de Mon Laferte, que mete en un trance mi mente.

Al llegar noto desde afuera que el colegio es un poco grande y que hay varias personas reunidas con sus amigos. Lo que me hace reaccionar: estoy solo, no conozco a nadie, seré el centro de atención, cosa que no quiero. Además, mis habilidades sociales son asquerosas.

Abren la puerta, por lo que me dirijo adentro. Tengo que buscar mi salón, el cual no sé en dónde miércoles está. Igualmente comprendo que debe decir 10°-3. Sigo recorriendo los pasillos a ver si de casualidad lo encuentro, pero me rindo. Intento tragarme la pena y preguntarle a una chica pelirroja si sabe dónde está, aunque solo puedo tartamudear, lo que hace que me ponga como un tomate - a pesar de que no soy tan blanco.

La pelirroja se ríe de mí, pero amablemente responde:
- Voy al mismo salón, si quieres puedo ir contigo para ayudarte.
- Sí, gracias - con un poco de nervios le digo.

Mientras caminamos por los pasillos, con una leve distancia a ella para no molestar, ella saluda a medio colegio como si fuera una reina.

Al llegar, las miradas de mis compañeros que ya están acomodados se clavan en mí, cosa que me hace sentir como una hormiga. Quiero irme, seguir escuchando música hasta que mis oídos exploten.

La chica pelirroja, antes de llegar al salón, dice:
- Me llamo Manuela, creo que no te lo había dicho. Me pareces un chico un poco callado, sorprende comparándote con los otros niños.

Solo logro responder con una pequeña risa, hasta que llegamos al salón y ella pega un grito al ver a sus amigas:
- ¡Perdón, a veces me dejo llevar! Este es nuestro salón, donde pasaremos el resto de este año.
- Oh, muchas gracias otra vez - le respondo, deseando que con el tiempo se le olvide que me puse como un tomate. Sin mucho más, me dirijo a un pupitre desocupado.

La profesora empieza con clase de matemáticas, una de las únicas materias que amo. Ahora que lo pienso, sí que soy raro - ¿a quién le gustan las matemáticas? Solo a mí, tal vez.

Después de un rato, el timbre suena para el descanso, por lo que me dirijo hacia el patio con mi nerviosismo presente. Solo faltan cuatro horas para irme de aquí. Estoy bien, todo va a salir bien.

Mientras tanto, un chico pasa frente a mí. Cabello rizado, definido. Una piel canela. No llama mucho la atención, pero hace que mi mirada siga en él. Se siente magnético.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.