No eras parte del plan

Capítulo 26 - Volver

El lunes por la mañana, el despertador sonó como una bofetada.
Tina tardó unos segundos en recordar dónde estaba.
El techo blanco. La cortina color menta. El ruido del tráfico al otro lado de la ventana.
Madrid. Su habitación. Su vida de antes.

Se tapó la cara con la almohada y soltó un bufido.
Le parecía imposible que, apenas dos días atrás, estuviera viendo amanecer en la playa con Nico.
Que el olor a sal, la arena en los pies y su risa se sintieran tan lejanos ya.

Bajó a desayunar en pijama. Sus padres hablaban de horarios, de profesores, de los exámenes que tenía que recuperar antes de que terminara el trimestre.
Tina asentía en silencio, removiendo el café sin ganas.
Todo le sonaba a ruido de fondo.

Cuando por fin consiguió escapar a su cuarto, cogió el móvil.
La pantalla se encendió enseguida.
Un mensaje nuevo.
Nico 💬:

> ¿Sobreviviste al desayuno familiar? Porque yo casi no sobrevivo al silencio de la casa sin ti.

Tina sonrió sin poder evitarlo, tumbándose boca arriba.

> Más o menos. Creo que mi madre ya ha hecho un plan de estudio para toda la semana.
Y tú, ¿qué tal el pueblo sin mí?

No tardó ni un minuto en contestar.

> Aburrido. Y demasiado tranquilo. Lucas se ha empeñado en hacerme hablar de mis “sentimientos”. Ayuda.

Tina soltó una carcajada.
Podía imaginarlo perfectamente: Nico, despeinado, intentando esquivar las bromas de su mejor amigo.

Pasaron así la mañana, entre mensajes y audios, contándose tonterías, haciéndose fotos del desayuno, enviando memes.
Nada espectacular.
Pero suficiente para que todo pareciera un poco menos gris.

A media tarde, mientras repasaba apuntes, su móvil volvió a vibrar.
Nico 💬:

> Prometiste no olvidarte de mí. Pero por si acaso… tengo una idea.

Tina arqueó una ceja.

> ¿Qué idea?

> Videollamada esta noche. En el mismo horario en el que veíamos pelis. No acepto un no por respuesta.

Tina sonrió.
Miró su escritorio lleno de papeles, suspiró y escribió:

> Vale. Pero que sepas que si suspendo, será tu culpa.

> Perfecto. Me encantará ser tu excusa.

Ella rodó los ojos, riendo bajito.
Quizá volver a su rutina no era tan terrible.
Quizá, con él al otro lado del móvil, el verano podía alargarse un poco más.

Esa noche, a las diez en punto, la pantalla del móvil se iluminó.
Videollamada entrante: Nico.

Tina se quedó unos segundos mirándola, como si con solo hacerlo su corazón ya empezara a correr una maratón. Se pasó una mano por el moño despeinado, se acomodó el cojín detrás de la espalda y respiró hondo antes de deslizar el dedo para aceptar la llamada.

—¿Hola? —dijo, y su voz sonó más suave de lo que esperaba.

—Hola tú —respondió Nico, con una sonrisa ladeada que la desarmó en cuestión de segundos—. Veo que te has arreglado muchísimo para nuestra cita.

Tina se miró en la cámara y soltó una risa.
—Eh, esto es mi look de concentración académica. —Se señaló el moño con fingida seriedad—. Es tendencia.

—Ya, claro. —Nico se reclinó en el sofá, y Tina pudo ver detrás de él la luz cálida del salón de la tía Vera—. Me encanta. Aunque echo de menos la arena en el pelo.

—Yo echo de menos no tener que estudiar —replicó ella, poniendo los ojos en blanco.

Él se rió, y ese sonido, tan familiar, le llenó el pecho de una sensación dulce y nostálgica. Hablar con él era como volver a casa, aunque solo fuera a través de una pantalla.

—¿Y tú? —preguntó ella, intentando sonar casual—. ¿Qué tal por allí?

—Tranquilo. Demasiado. —Nico sonrió con un aire distraído—. Vera me hace comer como si quisiera engordarme para el invierno, y Lucas se pasa el día riéndose de mi “cara de enamorado”.

Tina soltó una carcajada.
—Bueno, no le falta razón.

—¿Ah, no? —dijo él, arqueando una ceja con esa sonrisa que la hacía perder el hilo de todo—. ¿Y tú cómo sabes que tengo cara de eso?

—No lo he dicho —se apresuró a aclarar, aunque el rubor ya le subía por el cuello—. Pero… puede que sí.

Hubo un pequeño silencio, de esos que no incomodan.
Solo los dos, mirándose, sonriendo con timidez.
El tipo de silencio que dice más que mil palabras.

—Dios… —murmuró Nico al fin, con voz baja, casi ronca—. Ya te estoy echando de menos.

Tina sintió cómo se le encogía el pecho.
—Yo también. Mucho más de lo que pensaba —susurró.

Él la observó con ternura, con esa calma suya que siempre la desarmaba.
—Esto de las videollamadas no está tan mal, pero… —hizo una pausa, inclinándose un poco hacia la cámara—. Prometo que, en cuanto termines con los exámenes, te pienso ver en persona.

—¿Amenaza o promesa? —bromeó ella, aunque la sonrisa le temblaba.

—Las dos. —Su tono fue suave, sincero.




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