No eres real

2. Desvelada por un librojuego

Marie

Lunes, diecisiete de abril de 2017.

Cartagena de Indias, Colombia.

Estoy a punto de atraparlo.

Estoy a nada de saber quién asesinó a Lorena.

Pobre chica, no se merecía una muerte tan cruel.

Y ojalá el tipo que se suponía que la amaba, no fuese tan terriblemente sanguinario.

He perdido la cuenta de cuántas muertes he visto en una sola noche a manos de Bernardo Sánchez.

Son tantas, y tan crueles, que ya me duelen los ojos de solo intentar contar los números rojos que titilan en frente de mí, y que cada vez aumentan más y más rápido.

Parpadeo, y doy un Click para que mi personaje avance por el mapa.

Soy consciente de que debería estar durmiendo, especialmente tras haber tenido una jornada de playa —y, se supone, después de estar todo el día en el mar uno duerme como bebé—, pero yo estoy haciendo exactamente lo contrario.

Llevo quién sabe cuánto tiempo pegada a este librojuego.

Y pensar que empecé a jugar como desde las diez de la noche, después de llorar durante, por lo menos, dos horas, abrazada a mis hermanas por culpa del desenlace del libro de Bajo la misma estrella, que por fin terminamos de leer.

John Green no sé qué pretendía con ese final tan agridulce, pero si el plan era hacernos llorar como magdalenas, definitivamente lo consiguió, y, además, con honores.

El punto ahora es que, en este momento, estoy tan enganchada a esta cosa que ni siquiera tengo noción de qué horas son exactamente.

Lo único que sí sé, es que, probablemente, aún es de madrugada.

¿Quizás las tres, cuatro de la mañana?

Ni idea, la verdad.

Solo intuyo aquello debido a la luz pálida de la luna que alcanzo a distinguir a través de la ventana que conduce a mi balcón.

Imagínense:

Una chica lista, la mejor de su clase, y quien se supone conoce los beneficios que tiene una noche de sueño reparador en el cerebro, ¡desvelándose por un librojuego!

—¿Qué puedo decir?

Soy noctámbula.

—¿Debería preocuparme por serlo?

No lo creo.

Pero, de todos modos, si a alguien he de culpar por mi noctambulismo, es a mi hermano mellizo.

Quién, por cierto, está sentado en mi escritorio con su portátil, monitoreando los progresos que voy haciendo en el juego, desplegando cuidadosamente cada línea de código.

Un bloque de texto aparece en la pantalla de mi móvil:

Estás entrando al rancho donde asesinaron a tu amada. Tu corazón te dice que ahí está la respuesta a este injusto crimen, pero mantén tus oídos atentos por si acaso. Ah, ¡y no bajes tu cuchillo de carnicero!

Frunzo el ceño.

Seguro fue la tal Susana, este rancho es de ella.

Y, por lo que puedo recordar de la historia, Susana estaba celosa de que Bernardo se fijase en Lorena, en vez de hacerlo en ella.

La chica, al parecer, odiaba a quien, se supone, era su mejor amiga...

Pero en silencio.

Tremenda amiga resultó ser esta niña.

Con amigas así, no, gracias.

No me imagino a mí misma matando a Alexandra, mi mejor amiga, por quedarme con su novio, si lo tuviera.

Qué ridiculez.

Es infantil, inmaduro y completamente absurdo.

De todos modos, ¿quién usaría un cuchillo de carnicero para asesinar a Lorena? ¡Y encima en estos tiempos!

Hoy en día todo es a los balazos...

¿Pero un cuchillo? ¿Es en serio?

—Sí, lo mismo pensé yo. Tiene que tener la sangre muy fría para asesinarla así, y dejar el arma en la escena del crimen.

Por suerte no lo encontró la policía.

Solo este tal Bernardo, quién, enloquecido por la fiebre de la rabia y el dolor, ya ha matado a medio pueblo de forma fría, consciente, y, además, sin remordimientos.

Ains.

Normalmente no me gustan los librojuegos de este estilo, pero este en particular, es enganchante.

Además, todo sea por hacerle un favor a mi hermano, quien me pidió que fuese su beta tester.

Él fue el creador del mismo.

Diseñó la historia, los personajes, le puso música, sonid os, gráficos, imágenes de paisajes y mapas impresionantes…

Es tremendo genio para la informática y la programación.

Con apenas catorce años, ya ha participado en entrevistas con ingenieros y programadores de renombre, y planea irse a estudiar a alguna universidad fuera de Colombia en cuanto terminemos el colegio.

Qué juicioso salió... y, además, suertudo.

—No podría estar más de acuerdo contigo.

Yo todavía no he decidido a cuál universidad iré, y si tomaré psicología, o literatura...

Bueno, en realidad... me inclino más hacia lo primero.

Siempre se me ha dado muy bien aconsejar a la gente, escuchar los problemas de otros y ayudarles a sentirse mejor.

Mis amigos me dicen que soy la psicóloga del grupo.

Yo no lo creo.

Solo amo ayudar a los demás.

Y todavía ni siquiera tengo el título de la licenciatura para considerarme psicóloga, mucho menos el de bachiller...

Pero es que hasta mis padres piensan que tengo mente de futura profesional del comportamiento.

Siempre me dejan a cargo de mis hermanos pequeños, y, muchas veces, soy quien evita peleas por juguetes o seca lágrimas y abraza cuando alguien ha sufrido un golpe.

Incluso mi madrina ya está haciendo planes para que ingrese a la misma universidad donde ella trabaja y así estudie la carrera que tanto quiero.

Sí, amo la psicología. Me encanta ayudar a otros, para qué negarlo…

Pero también me gusta la literatura, escribir, reseñar libros…

Y la verdad es que... Todavía no tengo muy claro si quiero entrar en la universidad donde trabaja mi madrina.

Donde, sí, tengo una plaza asegurada —ventajas de tener una madrina que es además la directora del programa de psicología de la misma—, pero también quisiera, como mi hermano, irme a estudiar fuera...




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