Sam no podía dormir. Llevaba media hora dando vueltas en la cama nueva, en la habitación que todavía olía a pintura fresca y a madera vieja debajo de ella, escuchando los sonidos de una casa que aún no terminaba de sentir suya: crujidos en el techo, el viento colándose por alguna rendija, el eco lejano de un búho en el bosque.
Tenía sed. Bajó las escaleras despacio, con los pies descalzos sobre la madera fría, procurando no hacer ruido para no despertar a nadie. La cocina estaba al final del pasillo, el mismo pasillo donde colgaba el espejo cubierto.
Sam apuró el paso al pasar frente a él, como había hecho todos los días desde que llegaron, sin mirar directamente hacia la manta que lo cubría. Pero esa noche, algo lo hizo detenerse.
Un sonido. Suave, casi imperceptible, como una respiración.
Se quedó inmóvil en medio del pasillo, con el corazón latiéndole con fuerza contra el pecho. El sonido venía, sin ninguna duda, de detrás de la tela que cubría el espejo.
—¿Hola? —susurró, sin saber muy bien por qué le hablaba a una manta.
Nadie respondió. El sonido se detuvo.
Sam debería haber seguido hasta la cocina. Debería haber ignorado el impulso que sintió entonces, esa curiosidad infantil e irresistible que lo empujó a acercarse un paso, y después otro, hasta quedar justo frente al espejo cubierto.
Levantó la mano.
—¡Sam!
La voz de Claire, desde lo alto de las escaleras, lo sobresaltó tanto que dio un salto hacia atrás, alejándose del espejo como si hubiera tocado algo caliente.
—¿Qué haces despierto? —preguntó ella, bajando rápido, con la bata anudada a medias sobre el camisón.
—Tenía sed —dijo Sam, con la voz más pequeña de lo habitual—. Escuché algo. Ahí.
Señaló hacia el espejo. Claire se acercó, puso una mano sobre la tela, sin destaparla, solo apoyándola con cuidado y no sintió ni escuchó nada fuera de lo normal.
—No hay nada, cariño. Habrá sido la casa. Las casas viejas hacen ruidos raros.
—No era la casa —insistió Sam—. Sonaba como si alguien estuviera respirando. Del otro lado.
Claire lo abrazó, más por instinto que porque supiera qué decir, y lo llevó de vuelta a su habitación después de darle un vaso de agua. Se quedó sentada al borde de su cama hasta que la respiración de Sam se volvió lenta y pareja, señal de que finalmente se había dormido.
Pero ella no volvió a la cama enseguida. Se quedó de pie en el pasillo, frente al espejo cubierto, más tiempo del que hubiera podido explicar si alguien se lo preguntaba. Estudió la tela, la forma en que colgaba, las cuerdas deshilachadas que la sujetaban en las esquinas.
Y entonces lo vio: un pliegue en la manta, justo a la altura de los ojos, que no recordaba de la tarde anterior. Como si algo, desde el otro lado, hubiera presionado la tela hacia afuera, muy suavemente, solo un momento.
Claire dio un paso atrás. Se dijo a sí misma que era el cansancio, la casa nueva, los nervios acumulados de la mudanza. Se dijo muchas cosas esa noche, ninguna de las cuales terminó de creerse del todo.
A la mañana siguiente, durante el desayuno, Daniel notó que Claire apenas había dormido. Tenía ojeras marcadas y removía el café con una distracción que no era propia de ella.
—¿Todo bien? —preguntó.
—Sam dice que escuchó algo anoche —dijo Claire, sin mirarlo a los ojos—. En el pasillo. Cerca del espejo.
Daniel dejó la taza sobre la mesa con más cuidado del necesario, como si necesitara ese pequeño gesto para ordenar sus pensamientos antes de hablar.
—Probablemente esté nervioso por la mudanza —dijo, aunque su voz sonó menos convencida de lo que hubiera querido—. Es normal en un lugar nuevo.
Claire asintió, sin insistir, aunque una parte de ella, esa misma parte que había visto el pliegue en la manta la noche anterior, sabía que había algo más, algo que ninguno de los dos estaba todavía listo para decir en voz alta.
Emily, que había estado escuchando en silencio desde la puerta de la cocina, con el recuerdo todavía fresco de la conversación con Noah el día anterior, decidió no contarles nada por el momento. No hasta estar segura de qué era exactamente lo que estaba pasando en esta casa, en este pueblo que su familia, sin saberlo, había elegido para empezar de nuevo.
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Editado: 31.08.2026