No mires el espejo

Capitulo 9: Los archivos del ayuntamiento

Emily le mandó un mensaje a Noah esa misma noche, aprovechando la única esquina de su habitación donde el teléfono lograba capturar algo de señal. Necesito hablar contigo. Es sobre lo que me contaste. La respuesta llegó minutos después: Mañana. Te espero en el ayuntamiento a las diez.
Le dijo a Claire que iría a caminar por el pueblo, a tomar aire, a hacer algo parecido a una vida normal de adolescente en un lugar donde no había nada más que hacer. Claire, todavía afectada por la noche anterior, no puso demasiadas objeciones, solo le pidió que volviera antes del mediodía.
Noah la esperaba en la puerta del ayuntamiento, con una llave en la mano que hizo girar entre los dedos con cierto orgullo.
—Mi tío trabaja aquí —explicó, adelantándose a la pregunta—. Archivista municipal. Le robé la llave de la sala de registros hace un rato.
—¿Vamos a meternos en problemas por esto?
—Ashford Hollow tiene problemas mucho más grandes que un par de adolescentes curioseando papeles viejos —respondió Noah, con una sonrisa que no le llegó del todo a los ojos.
La sala de registros era pequeña, con estanterías metálicas repletas de carpetas ordenadas más o menos por década, cubiertas de una capa de polvo que sugería que nadie las revisaba desde hacía años. Noah fue directo a una sección en particular, la de registros de defunción, y empezó a sacar carpetas con una familiaridad que dejaba claro que no era la primera vez que hacía esto.
—Llevo un tiempo con esto —admitió, mientras extendía los papeles sobre una mesa larga en el centro de la sala—. Desde que murió mi abuela. Necesitaba entender si era la única, o si había un patrón.
Emily se sentó junto a él y empezó a revisar las carpetas que Noah le iba pasando. Cada una contenía un certificado de defunción, una breve nota del médico del pueblo, y en algunos casos, recortes de periódico local ya amarillentos.
El patrón, una vez que Emily supo qué buscar, resultó casi imposible de no ver: cada pocos años, alguien en el pueblo moría de forma repentina, "mientras dormía" o "por causas naturales", casi siempre con el mismo médico firmando el certificado, casi siempre sin autopsia, casi siempre con un funeral apurado y un ataúd cerrado.
—Diecisiete —dijo Noah, en voz baja, después de un rato—. Diecisiete casos que he podido documentar desde 1950. Y estoy seguro de que hay más, de antes de que empezaran a llevar registros tan detallados.
—Mi tío Elias contó once, en su diario —dijo Emily—. Hasta la fecha en que dejó de escribir.
—Entonces él llegó más lejos que yo en algunas partes, y yo más lejos en otras. —Noah sacó una última carpeta, más gruesa que las demás, con una etiqueta escrita a mano: Incidente de 1962—. Esta es la más antigua que encontré con detalles reales. Antes de esa fecha, todo son solo certificados escuetos. Pero esta tiene algo más.
Adentro había un recorte de periódico local, con una fotografía en blanco y negro de una mujer de mediana edad sonriendo frente a lo que parecía ser esta misma casa, la casa Hale, y un pequeño artículo sobre su desaparición semanas después de la fotografía.
Martha Sutter, residente de Ashford Hollow desde su nacimiento, fue declarada oficialmente desaparecida el pasado lunes. Su esposo, Charles Sutter, afirma que salió a caminar por la tarde y no regresó. Las autoridades locales han cerrado la investigación sin encontrar rastro alguno.
Emily sintió que el nombre le resultaba extrañamente familiar, aunque no supo explicar por qué hasta que Noah dio vuelta la página y encontró una segunda nota, mucho más breve, publicada casi un año después.
La familia Sutter se muda de Ashford Hollow tras la reciente conducta errática de la señora Sutter, según vecinos consultados. La familia no ha dado declaraciones.
—Espera —dijo Noah, frunciendo el ceño—. Si desapareció, ¿cómo es que un año después está de vuelta y actuando "raro"?
Emily no tenía respuesta para eso. Pero algo en la fotografía de Martha Sutter, en su sonrisa congelada frente a la casa que ahora ocupaba la familia Hale, le provocó un escalofrío que no logró sacudirse durante el resto del día.
—Necesito llevarme esto —dijo, señalando el recorte—. Mi padre tiene un diario de mi tío que habla de todo esto. Creo que si juntamos lo que él sabe con lo que tú has encontrado, podríamos entender de qué se trata realmente todo esto.
Noah dudó un momento, mirando hacia la puerta de la sala de registros como si esperara que alguien apareciera de pronto para detenerlos, y finalmente asintió, guardando el recorte en un sobre y entregándoselo a Emily.
—Ten cuidado con quién le muestras esto —dijo—. En este pueblo, hasta las paredes escuchan cuando alguien empieza a hacer las preguntas correctas.




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