No mires el espejo

Capitulo 15: Algo en los ojos

Cuando Daniel volvió a casa, encontró a Claire esperándolo en la puerta, con una expresión que no supo interpretar de inmediato: no era miedo, exactamente, sino una especie de confusión inquieta, como quien no logra decidir si algo que acaba de presenciar merece o no preocupación real.
—¿Qué pasó? —preguntó él, cerrando la puerta detrás de sí y pasando el cerrojo por costumbre, aunque ya no estaba del todo seguro de que eso sirviera de algo.
—Sam —dijo Claire, bajando la voz, aunque los niños estaban en la sala, viendo una película en la vieja televisión que Elias había dejado en la casa—. Estuvo raro toda la tarde. No mal raro, solo... distinto.
—¿Distinto cómo?
—No sé explicarlo bien. Le pregunté si quería su merienda de siempre, la de mantequilla de maní, y me miró como si no entendiera la pregunta. Como si tuviera que pensarlo un segundo de más antes de responder que sí. Y hace un rato, cuando Emily le hizo cosquillas como siempre hace, él no se rió. Solo la miró, sin más, hasta que ella se sintió incómoda y paró.
Daniel sintió que el estómago se le encogía, recordando las palabras de Walter apenas una hora antes. He notado cómo camina distinto desde hace unos días.
—Vamos a verlo —dijo, dirigiéndose hacia la sala con un paso que intentaba parecer más tranquilo de lo que realmente sentía.
Sam estaba sentado en el sofá, con las piernas cruzadas, la mirada fija en la pantalla donde una película animada de dibujos brillantes desfilaba sin que él pareciera realmente prestarle atención. Emily estaba a su lado, comiendo palomitas de un bol, lanzándole miradas de reojo a su hermano que no pasaron desapercibidas para Daniel.
—Hey, campeón —dijo Daniel, sentándose al otro lado de Sam, con un tono deliberadamente casual—. ¿Cómo estuvo tu día?
—Bien —respondió Sam, sin apartar la mirada de la pantalla.
—¿Solo bien?
Sam se giró hacia él entonces, y por un instante, tan breve que Daniel después no supo si lo había imaginado o no, algo en la mirada de su hijo le pareció distinto. No los ojos en sí, que seguían siendo los mismos ojos castaños de siempre, sino algo detrás de ellos, una quietud que no encajaba del todo con la energía habitual de un niño de nueve años.
—Bien, papá —repitió Sam, con una sonrisa que llegó un segundo más tarde de lo esperado—. ¿Puedo seguir viendo la película?
—Claro —dijo Daniel, forzando una sonrisa propia—. Claro que sí.
Se levantó del sofá y le hizo un gesto a Claire para que lo siguiera a la cocina, donde bajó la voz hasta convertirla casi en un susurro.
—Tienes razón —dijo—. Hay algo distinto en él. No sé qué es exactamente, pero lo sentí.
—¿Qué hacemos? —preguntó Claire, con los ojos brillantes de lágrimas contenidas—. No podemos simplemente encerrarlo en su cuarto y vigilarlo cada segundo del día, Daniel. Es un niño. Se va a dar cuenta de que algo pasa, se va a asustar más de lo que ya está.
—Walter me dijo algo hoy —admitió Daniel, y le contó, en voz baja y rápida, la conversación completa en el colmado: la esposa perdida, el consejo de no dejar a Sam solo, la advertencia sobre actuar antes de estar completamente seguros.
Claire escuchó todo con los brazos cruzados sobre el pecho, como si intentara sostenerse a sí misma.
—¿Confías en él? —preguntó, cuando Daniel terminó.
—No lo sé —admitió Daniel—. Hay algo que no termina de cuadrarme sobre su historia. Pero el consejo en sí parece razonable, independientemente de quién lo haya dado.
Esa noche, decidieron turnarse para dormir cerca de la habitación de Sam, sin decírselo directamente a él, inventando una excusa sobre "hacer una fiesta de pijamas familiar" que Sam aceptó con un entusiasmo que, para alivio de ambos, sonó genuinamente infantil, genuinamente el de siempre.
Claire se quedó despierta la primera mitad de la noche, sentada en una silla junto a la cama de Sam, observando la respiración pausada de su hijo dormido, memorizando cada detalle familiar de su rostro como si temiera, sin decírselo del todo a sí misma, que en algún momento, mañana, la próxima semana, no sabía cuándo, pudiera necesitar recordar exactamente cómo lucía Sam cuando todavía era, sin ninguna duda, completamente él mismo.




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