No mires el espejo

Capitulo 26: Cinco de siete

Se reunieron en la casa de los Hale esa misma noche: Daniel y Claire, el padre Coleman, Margaret Bennett —como Daniel ya había empezado a llamarla mentalmente, dejando atrás el apellido prestado de Ferris—, y Marion Marsh, que llegó con una expresión todavía reacia pero decidida a participar, después de que Daniel le contara lo sucedido con Noah y con la Biblia robada.
Emily se sentó a la mesa junto a los adultos, insistiendo en participar de la conversación con una firmeza que nadie, esta vez, intentó cuestionar. Sam dormía arriba, con Noah —todavía con un vendaje en la frente, pero recuperado— haciendo guardia voluntaria junto a su cama, algo que Emily le había agradecido con un abrazo que había durado más tiempo del estrictamente necesario.
—Contando a los Hale, los Corwin, los Whitlock, los Marsh y ahora a Margaret como la Bennett que nadie sabía que seguía existiendo, tenemos cinco líneas activas —resumió el padre Coleman, extendiendo sobre la mesa una copia que había hecho a mano del fragmento original de la Biblia, antes de devolverla a Noah—. Nos faltan dos: los Ashford, extinguidos hace tres generaciones sin dejar rastro conocido, y los Sutter, que abandonaron el pueblo hace más de sesenta años tras lo de Martha.
—Los Ashford no tienen remedio, entonces —dijo Marion, con su habitual sequedad—. Si de verdad se extinguieron, no hay línea de sangre que recuperar ahí, por más que busquemos.
—¿Y los Sutter? —preguntó Claire—. Se fueron, pero eso no significa que la línea se haya extinguido. Solo significa que no siguieron viviendo aquí.
Todos en la mesa se giraron hacia Daniel, que llevaba ya un rato hojeando el diario de Elias, buscando cualquier mención adicional que hubiera pasado por alto en sus primeras lecturas.
—Aquí hay algo —dijo finalmente, señalando una entrada cerca del final del cuaderno—. Elias escribió que localizó, hace unos años, a un descendiente de los Sutter en una ciudad a varias horas de aquí. No dice el nombre completo, solo anota "encontré al bisnieto de Charles, vive en Millbrook, trabaja de maestro". No parece haber llegado a contactarlo antes de morir.
—Millbrook está a poco más de tres horas de aquí —dijo el padre Coleman, sorprendido—. Si esa información sigue siendo válida, es una posibilidad real.
—Entonces alguien tiene que ir a buscarlo —dijo Emily, con una determinación que hizo que Claire la mirara con una mezcla de orgullo y preocupación—. Convencerlo de que venga, o al menos de que ayude de alguna forma, aunque sea a distancia.
—No va a ser fácil —advirtió Margaret—. Yo tardé quince años en aceptar mi propia historia. No podemos esperar que un completo desconocido, que probablemente nunca ha oído hablar de Ashford Hollow en su vida, acepte de inmediato una historia sobre demonios en espejos y rituales de sangre.
—Entonces no le contamos toda la historia de golpe —propuso Daniel—. Empezamos por la genealogía, por la herencia familiar, algo que suene razonable. Y vemos qué tan dispuesto está a escuchar el resto después.
El padre Coleman asintió, aunque su expresión seguía cargada de una preocupación que no había disimulado en toda la reunión.
—Hay otro problema que no hemos discutido —dijo—. Incluso si logramos reunir a las cinco o seis líneas disponibles, seguimos sin saber con certeza si el ritual funciona igual con menos de las siete familias originales. El documento de la Biblia de los Corwin no contempla esa posibilidad. Podríamos intentarlo y descubrir, de la peor manera posible, que un ritual incompleto no solo falla, sino que empeora las cosas.
Un silencio pesado se instaló en la mesa ante esa posibilidad.
—¿Qué alternativa tenemos? —preguntó Claire finalmente, con la voz cansada pero firme—. Quedarnos sentados esperando a que esa cosa vuelva a intentarlo con Sam, o con cualquiera de nosotros, mientras discutimos en abstracto si el plan es perfecto o no. Prefiero intentar algo imperfecto que no intentar nada en absoluto.
Marion Marsh, para sorpresa de todos, fue quien rompió el silencio que siguió a esas palabras.
—Iré a Millbrook con usted, señor Hale —dijo, dirigiéndose a Daniel—. Conozco mejor que nadie en esta mesa cómo suena una historia como esta cuando se cuenta por primera vez a alguien de afuera. Puedo ayudar a que no salga corriendo antes de escuchar todo lo necesario.
Daniel asintió, agradecido por el ofrecimiento, mientras Claire, a su lado, apretaba su mano por debajo de la mesa con una fuerza que decía, sin palabras, todo lo que ninguno de los dos se atrevía a expresar en voz alta frente al resto: el miedo de separarse, aunque fuera por un día, en un momento en que cualquier ausencia podía significar dejar a alguien más vulnerable de lo que ya estaban.
—Saldremos mañana a primera hora —dijo Daniel—. Cuanto antes tengamos una respuesta de los Sutter, antes podremos empezar a planear el ritual de verdad.
Nadie en la mesa mencionó en voz alta lo que todos, de una forma u otra, ya estaban pensando: que un viaje de tres horas fuera del pueblo significaba, también, la primera prueba real de si Ashford Hollow dejaría salir a alguien, ahora que sabía exactamente lo que esa persona planeaba hacer al volver.




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