No mires hacia atrás

Capítulo 16

Capítulo 16

Martes, 16 de abril

06:00 am

Al despertar con un nuevo día delante de mí, lo primero que hice fue pensar, creer, desear que lo ocurrido la noche anterior hubiese sido un sueño. Incluso recé, Brendan hubiera estado orgulloso de mí. 

Pero al abrir los ojos, solo pude contener las lágrimas que luchaban por salir. ¿Cómo hacia una simple adolescente de diecisiete años para sobrellevar esa situación? Había alguien, una persona de carne y hueso amenazándome, no solo a mí, sino a todos los que quería. Sentía que me faltaba el aire. Mi pecho dolía. 

Me levanté de mi lugar desesperadamente con la intención de acercarme a la ventana y abrirla. Necesitaba más aire.

Recorrí los pocos metros que me alejaban de la ventana y al llegar a ella y correr la cortina dejé de respirar por un momento. Estaba abierta, no me había dado cuenta de cómo las telas se movían junto al viento que soplaba fuera. Mi mente estaba perdida en remolinos de pensamientos, allí arriba era una enredadera, razón suficiente para no notar la ventana. 

Fue entonces cuando un pensamiento se abrió camino sobre los demás y tuve que colocar una mano en mi corazón y dar varios pasos hacia atrás cuando el miedo se empezó a apoderar de mí, al hacerlo me enredé con las sábanas que habían caído al suelo, caí también. 

¿Y si…?

No, no, no, por favor.

La sola idea me hizo largar todas las lágrimas que se habían acumulado. Me tapé la cara con ambas manos, apretándolas sobre mis ojos. Me tenía que calmar, debía controlar mi respiración o solo empeoraría las cosas. 

Pero ¿cómo? ¿cómo? ¿cómo?

1, 2, 3…

Así continué, pasaron minutos hasta que llegué a cien. 

Descubrí mi cara y apoyé la cabeza sobre el colchón en mi cama. Solté una fuerte respiración para luego acercar mis rodillas a mi pecho y abrazarlas, apoyé mi mentón sobre ellas. 

En esa posición observé atentamente la ventana abierta frente a mí. El exterior estaba oscuro, era demasiado temprano para que saliera el sol, y estábamos en otoño, por lo tanto faltaba aproximadamente una hora para que comenzara a aclarar. 

Las sombras se formaban en el exterior a causa de los árboles y la poca luz que había en la calle no calmaba mi miedo. La brisa que entraba en la habitación era húmeda y fresca aunque no dejaba de ser suave, y yo llevaba mi pijama que era lo suficientemente abrigado para proteger mi cuerpo y no pasar frio, pero aun así lo sentía, adentro, mi alma estaba helada. 

No sé cuantos minutos transcurrieron y yo seguía allí, observando y al mismo tiempo no, pensando en todo sin pensar en nada. Dejando que la preocupación y el terror se adueñaran de mí ser. 

Mis padres estaban cruzando el pasillo, descansando sin ser conscientes de nada, y la idea de que esa persona fuera capaz de entrar en nuestra casa, en mi habitación; aquel lugar seguro, era insoportable. No estaba completamente segura de que lo hiciera, pero no había otra explicación. Él había estado allí, probablemente me había observado. Me venía observando desde hace días si mi teoría era verdad. 

Y seguiría adentrándose en mi lugar seguro, saliendo impune, porque yo tenía miedo y no sabía qué hacer a continuación. 

Porque tan solo era una chica, con demasiado dolor en sí misma, que no sabía reaccionar rápidamente ante las diversas situaciones que Dios le ponía adelante. Que todavía estaba aprendiendo a vivir en un mundo que le había quitado a su persona favorita. Tan solo era una chica que estaba siendo amenazada por un adulto, que tenía el poder para seguir quitándole a las personas que amaba.

Tan solo era yo.

 




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