No mires hacia atrás

Capítulo 22

Capítulo 22

– Este sujeto te está acosando desde un día antes de que encontraran a Catalina, justo el día del aniversario de tu hermana, ¿no te parece raro? porque a mi si. Y luego de que apareciera el cadáver de ella te dejan un libro en donde se resalta que alguien murió asfixiado, y adivinen que, ¡la causa de muerte de Catalina fue por asfixia porque era alérgica! 

Respiró profundo y continuó con su monólogo: – El sujeto te conoce, sabe de Theo, de hecho debe saber de todos nosotros y anda a saber desde hace cuanto te ha estado observando y justo decidió aparecer tu vida con estos hechos en particular. ¿Y si Catalina no se suicidó? y si él le hizo esto?

–Pero se determino que fue un suicidio.

–Quién elige suicidarse de esa manera, nunca había escuchado que alguien se produzca a sí mismo una reacción alérgica mortal porque estaba harto de su vida. no tiene sentido, las estadísticas muestran otra cosa. 

– No deberías hablar tan a la ligera de la salud mental.

– No estoy haciendo eso, les estoy tratando de mostrar lo obvio –Con Brendan la miramos expectantes–. Hubo un homicidio. 

– Tus especulaciones no son pruebas, y la policía determinó que fue suicidio, no habia razon para creer otra cosa. 

– La policía no está pensando bien, no está conectando todo.

– No están conectando ambos casos, porque son eso, dos casos diferentes. ya me estaba comenzando a cansar de esta conversación. 

– Sel, entiendo que no te ponga contenta esto, pero los…

– ¡Ya para! Mi vida no es una absurda serie de misterio. 

– Lo parece, tu hermana se esfumó en el aire y nadie hizo nada, eso sí me parece un misterio.

– Belén… –Brendan la miró con reproche al escuchar su tono, y yo me sentí triste. No había razón para sacar ese tema.

La cara de Belén se deformó al darse cuenta de sus palabras.

– Perdón, Sel, yo no… soy una idiota, lo siento.

– Esta bien, solo… –sacudí la cabeza–. solo detente.

Un silencio incómodo nos envolvió, esto no estaba bien, este silencio no estaba bien. De fondo se escuchaban las voces de nuestros padres y algunos pajaritos en el exterior.

Levanté la vista de mis manos cuando un celular sonó. Era el de Brendan. 

Él apresuradamente lo busco en los bolsillos de sus pantalones azules, lo sacó y lo encendió, observó la pantalla y luego de varios segundos vimos como en sus facciones se hacía notar cierta preocupación.  

– ¿Está todo bien? –me atreví a preguntar. Él levantó la cabeza y me miró, luego la observó a Belén. 

– Es Alex, Arian tuvo un accidente. –dijo antes de levantarse de la cama y dirigirse a la ventana. 

– ¿Qué? ¿Cómo?

– ¿Está bien? –preguntamos Belén y yo al mismo tiempo.

– Si, iba en el auto y perdió el control, está en el hospital pero se recuperara. –nos respondió. Se quedó mirando un punto fijo hasta que de pronto se dió vuelta y suspiró–. iré a contarle a nuestros papás.

Lo vimos caminar los pocos pasos que lo separaban de la puerta, abrirla y salir al pasillo, la cerró y escuchamos sus pasos avanzar hasta el comedor, se escucharon suaves susurros cuando comenzó a contar la mala noticia. 

En mi habitación reinaba el silencio mientras sacaba mi celular para escribirle a Alex un mensaje preguntando cómo estaba ella, me hubiera gustado decirle algo más, pero no sabia el que. 

 

19:30 pm

El resto de la tarde transcurrió tranquila, o mejor dicho silenciosa. Era como si de golpe nuestra cómoda y cotidiana realidad se hubiera visto golpeada por un remolino de malas noticias. Dirían que había mucho para decir, pero la verdad es que, en ocasiones, cuando pasan cosas malas, no hay lugar para hablar, solo para pensar y sumergirte en tus pensamientos.  

Así me encontraba yo, iba cayendo en un pozo profundo mientras contemplaba la oscuridad que me rodeaba, los trágicos sucesos que me vi obligada a vivir en mi corta vida. 

Cuando ya estaba anocheciendo Brendan nos invitó a acompañarlo a la casa de Theo, pues él hacia ahí se dirigía. Junto a Belén aceptamos. 

Nos despedimos de mis padres y partimos caminando, no quedaba lejos, en un pueblo como ese todo estaba a pocos minutos. 

Las calles de Ameghino estaban tranquilas, pocos autos transitaban y los ladridos de perros se escuchaban a la distancia, comenzaba a sentirse una brisa fresca, por lo que acomode mejor mi cardigan violeta para que cubriera mejor mi cuerpo. 

Caminábamos lentamente, recibiendo el aire fresco en nuestros rostros, me gustaba eso, la tranquilidad que rodeaba al pueblo y el clima en esa época del año. Era reconfortante, no escuchar fuertes ruidos, los colores de los árboles que se veían gracias a las lámparas encendidas en los postes de luz, el cielo con esos cientos de azules y grises.

Me empujó a recordar la primera vez que caminé por esas calles, y lo hice junto a Sabrina. Había cruzado las calles apresuradamente, emocionada, mientras íbamos a una heladería que quedaba cerca del supermercado del que acabamos de salir. Sabri tenía una pequeña sonrisa, no le llegaba a los ojos como era habitual. Ella era puro sonrisas y diversion y de pronto habia dias en los que ya no lo era, durante esos días trataba de entretenerla contándole sobre las hadas que de niña creía que vivían en los árboles,  de los diferentes tipos de mariposas o las constelaciones que habitaban en el cielo y que tanto solía admirar. Yo no dejaba de parlotear y ella sonreía y hacía sus aportaciones, después de todo mis gustos se debían a ella. 




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