No mires hacia atrás

Capítulo 24

Capítulo 24

 

17:00 pm

Esa tarde Alex fue a mi casa, así que estábamos sentadas en la mesa de mi comedor tomando mates.

– Es increíble, ¡cómo pueden pasar tantas cosas en tan poco tiempo, por Dios! Encontraron el cuerpo sin vida de Theo el mismo día que mi hermano tuvo un accidente, la puta ma… mierda. –sus ojos estaban llenos de lágrimas.

– ¿Qué fue exactamente lo que le pasó a Arian?

– No sé, bueno, sí...  –respiró profundo y explicó–. Venía conduciendo, él dice que miró hacia atrás por el espejo retrovisor por un segundo y de la nada un auto gris se le cruzó… y perdió el control del auto por un momento y al recuperarlo ya había subido a la vereda y chocó contra un árbol, aunque gracias a Dios logró frenar un poco, o todo hubiera sido peor, Sel, en serio, pudo haber sido peor y que hubiera pasado si él…  –se le escapó un sollozo y la atraje hacia mí para abrazarla, sin saber qué decirle. Sabía lo horrible que era pensar en “que hubiera pasado si”, y lo que menos quería era que ella lo viviera. 

Pero la realidad era esa, Theo estaba muerto, al igual que Catalina.

Muerto, muerto, muerto, muerto.

La respiración me comenzó a fallar y mi cabeza empezó a doler, cerré los ojos, no quería volver a la escena de la casa, a Theo colgado del techo, a sus ojos… no, no, no. No podía. 

–¿Sel?, ¿Sel, qué pasa? Tranquila, ey, estoy aquí, mírame. 

Abrí los ojos y encontré los marrones llenos de lágrimas de Alex. –Tranquila…–. Asentí y segundos después nos acomodamos en nuestras respectivas sillas en silencio. 

– ¿Y qué pasó después? digo… el auto que se cruzó, ¿quién era?

– No sabemos, se escapó el maldito cobarde. 

– O ella.

– Lo que sea, se fue como la rata que debe ser. 

Mi celular sonó cuando estaba por decir algo más, lo saqué de mi bolsillo y lo encendí. Llamada desconocida. 

Desconocida… 

Intenté no perder el control. 

– ¿Quién es?, ¿Belén? 

– No, un número desconocido. No es nada. 

– Contesta, tal vez sea alguno de los chicos. 

–¿Por qué me llamarían desde otro número?

– ¡Selena! dame a mí. –Me quitó el celular de las manos y deslizo el dedo por la pantalla y tocó para ponerlo en altavoz. 

–Hola, ¿quién es? –dijo. Del otro lado no se escuchó nada. 

Me miró, y creo que en ese momento recordó de parte de quien había sido la última llamada desconocida que recibí. Abrió la boca para decir algo, pero se detuvo cuando oímos una respiración agitada del otro lado. Nos quedamos quietas observando el artefacto en sus manos. 

−¿Belén?, ¿Brendan?, ¿chicos, son ustedes? –Nadie respondió, se dejó de escuchar la respiración para ser reemplazada por el pitido indicando que la llamada había sido cortada. – ¿Qué demonios fue eso, Selena?

–No lo see.

– Es tu teléfono.

– Pero no lo sé, te lo juro… él... Tal vez no sea nada. Es normal que llamen números desconocidos. Tal vez no sea él. 

– No es normal que te respiren así en una llamada. ¿Le vas a decir a tus padres?

– Lo haré. 

– Okey, pero fue raro. –Asentí de acuerdo. Ambas nos exaltamos cuando el celular volvió a recibir una llamada, nos miramos y esta vez fui yo quien lo agarró. Era Belén, y por alguna razón me dió tranquilidad saber que era ella. 

– Hola, ¿estás bien? 

– Hola, sí. –Su voz se escuchaba rasposa–. Estoy en mi habitación, no tengo ganas de hablar, pero podrías venir mañana antes del velorio, Brendan no está bien. Está acá conmigo, se quedó dormido. Y… Sel, no entiendo nada. –Se escuchó como empezaba a llorar.

– Lo sé, yo tampoco. –Levanté los ojos y pestañeé rápidamente para alejar las lágrimas que se habían asomado–. Estoy con Alex, ¿queres que vayamos?

–No, ahora no… ¿ veni mañana, podes?

–Claro. –dije y ella colgó. 

–¿Cómo está? –me preguntó Alex.  

–Estaba llorando. 

–Le debe doler más que a nosotras, a ella le gustaba. 

– ¿Qué?, ¿de qué hablas?

– De Theo, a Belén le gustaba, ¿no te diste cuenta, tampoco te dijo nada?

– Nunca me dijo eso, me había dicho que le gustaba Facundo. 

– A eso lo sé, pero hace tiempo que ya no lo miraba igual, en cambio a Theo… si lo miraba, Selena. No me digas que no te diste cuenta.

– La verdad es que no, por Dios, que boluda soy. 

– No te carcomas, nunca te das cuenta de muchas cosas, ni de lo que sentís. –Me sonrió para que no me preocupara.

– ¿A qué te refieres ahora? –la miré confusa al escuchar sus palabras. 

– A Brendan, y no te hagas la desentendida. 




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