No mires hacia atrás

Capítulo 29

Capítulo 29

Ese mismo día había quedado en encontrarme con Brendan en una cafetería, por lo que al salir de la biblioteca me dirigí hacia allí, con la sensación inquietante de que alguien me seguía. Después de mi peculiar encuentro con el profesor en la biblioteca sentía que sus ojos aún estaban sobre mí. 

Decidí compartir mis preocupaciones con Bren, era mi mejor amigo, iba a entenderme,  y era en quien confiaba para recibir una perspectiva objetiva.

Nos sentamos en un rincón tranquilo del café, y, entre sorbos de café con leche, le conté a Brendan sobre las extrañas interacciones con el profesor Santiago, el sentimiento de ser observada y la incomodidad que se apoderaba de mí.

Brendan escuchó con atención, su rostro reflejaba una mezcla de preocupación y consideración. 

– Sel, entiendo que estás pasando por un momento difícil, pero tal vez estás leyendo demasiado entre líneas. ¿Podría ser solo una serie de coincidencias?

Fruncí el ceño, sintiéndome incomprendida. 

– No lo sé, Bren. Siento que algo no está bien. Sus miradas, su presencia... me hacen sentir incómoda.

Él suspiró, llevándose una mano a la barbilla en un gesto pensativo. 

– Mira, tal vez estás un poco nerviosa por todo lo que ha pasado últimamente, y con razón… Pero a veces, cuando estamos en alerta máxima, empezamos a ver amenazas donde no las hay. ¿Has considerado eso? 

Sus palabras, aunque razonables, no lograron aliviar mis inquietudes. 

– Pero, Bren, hay algo en su mirada, en su actitud. No puedo simplemente descartarlo como paranoia.

Él apoyó su mano sobre la mía con ternura.

– Sel, linda, estoy aquí para apoyarte en todo, pero no quiero que te hundas en la desconfianza. Es probable que estés tan nerviosa por todo lo que ha pasado que estás buscando problemas donde no los hay. Deberías relajarte un poco, respirar hondo.

Sus palabras eran reconfortantes, pero la sombra persistente en mi mente no se desvaneció. Sin embargo, la dulzura de Brendan y su tono suave me brindaron cierta tranquilidad, aunque no pudiera dejar de preguntarme si mi desconfianza era justificada o simplemente el resultado de mis propios temores. 

La amistad entre nosotros era fuerte, pero los sentimientos no expresados añadían capas de complejidad a nuestra relación, creando una tela de araña de emociones en la que me encontraba atrapada.

Con una taza de café con leche en nuestras manos, mi amigo y yo nos sumergimos en el tema de la facultad y el futuro, dejando atras aquello que peturbaba nuestra vida. Mientras él expresaba su clara decisión de estudiar derecho, yo me encontraba en la encrucijada de la indecisión.

– Sé que quiero ser abogado. Sabes que siempre me ha fascinado la idea de luchar por la justicia y ayudar a quienes lo necesitan. –compartió eel, sus ojos brillaban con determinación.

Admiré su seguridad en sus objetivos, aunque mi propio camino aún estaba envuelto en neblina. 

– Y eso suena increíble, Brendan. Ojalá tuviera la misma certeza sobre mi futuro que vos.

Con un tono alentador, él respondió.

– No te preocupes, Sel. Mucha gente descubre su verdadera pasión en el camino. Solo tienes que seguir explorando y encontrar lo que te haga feliz.

Decidí cambiar la dirección de la conversación y pregunté por Belen. 

– ¿Cómo está Belu? Creí que vendría.

Brendan asintió, con una expresión ligeramente preocupada.

– Está bien, pero hoy decidió quedarse en casa. Está concentrada en un libro y no quería salir de ese mundo.

– Entiendo. ¿Solo por eso decidió no unirse a nosotros hoy? –inquirí, sintiendo curiosidad por la ausencia de su hermana, quien solía ser una parte integral de nuestros encuentros en la cafetería. Y no me había respondido el último mensaje que le envíe.

Brendan sonrió suavemente. 

– A veces, simplemente necesita tiempo para sí misma. Supongo que hoy es uno de esos días.

La mención de mi mejor amiga añadió una capa adicional de complejidad y conexiones a nuestra conversación. Aunque su decisión de no unirse a nosotros ese día se debía a su necesidad de espacio, la dinámica del grupo y las relaciones entre nosotros se tejían con hilos de historias individuales y momentos compartidos que siempre atesoraria con mucho amor.

El tiempo avanzaba veloz mientras Brendan y yo disfrutábamos de nuestra animada charla en la cafetería. Sin embargo, al revisar mi teléfono, me di cuenta de que la noche se nos escapaba de las manos.

– Oh, Brendan, no me había percatado de lo tarde que es. Mis padres me pidieron que regresara temprano hoy por seguridad. – le compartí, notando una leve punzada de decepción al interrumpir nuestro encuentro.

Él asintió comprensivo. 

– Claro, no hay problema. Te acompañaré a casa.

Juntos pagamos la cuenta y salimos a la calle. salimos a la noche que abrazaba  al pueblo, camiando por las calles silenciosas en dirección a mi hogar. Aunque la oscuridad nos rodeaba, la compañía de Brendan generaba un reconfortante resplandor.




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