No mires hacia atrás

Capítulo 38

Capítulo 38

—¿Dónde puede haber ido Belén? —pregunté, la preocupación pintando cada palabra.

Brendan y sus padres compartían la misma expresión de perplejidad. Revisamos cada rincón de la casa, llamando su nombre en un intento desesperado por obtener alguna respuesta. La ansiedad se intensificaba con cada segundo que pasaba.

—Estaba en su cuarto ¿Puede que haya salido por algún motivo urgente? —sugirió Brendan, aunque su tono revelaba más esperanza que certeza.

Mis padres se unieron a la búsqueda, llamando a los amigos de Belén y preguntando si la habían visto. La noche, que ya había sido testigo de tensiones y amenazas, ahora nos enfrentaba a un nuevo enigma: la desaparición de nuestra amiga.

–Es porque la tiene él, ¿verdad? por eso no aparece. ¿La tiene él, papi? –le pregunté a mi papá, estábamos en el living de los Burke. Ellos y mi familia, esperando que la policía nos avisara si sabían algo. 

– ¿Cómo hizo para llevarsela? –pregunto esta vez Brendan. Sus ojos estaban llenos de lágrimas. 

–La puerta de atrás estaba abierta –indicó Liam. Nunca lo había visto tan serio. No quería volver a verlo así nunca más en mi vida. 

Tal vez se la llevó por la puerta de la cocina, cruzó el patio hasta llegar al fondo y de alguna manera logró pasar por el tapial y llevarla a ella también, tal vez la amenazó con un arma, desde la calle nada de eso se habría visto, tal vez, tal vez…

Cada minuto sin noticias de Belén se volvía una eternidad. El tiempo, antes un aliado que avanzaba con normalidad, ahora se convertía en una entidad inescrutable que nos mantenía en vilo. La búsqueda de nuestra amiga se volvía un desafío que trascendía las amenazas del acosador, sumiéndonos en un torbellino de misterios y preocupaciones entrelazadas.

Era mi mejor amiga, era una parte de mi, no podía perderla a ella también, no podía. De solo pensar en eso… me daban ganas de perderme para siempre para no seguir causando daño a las personas que amaba. A Brendan.

El teléfono vibró con una nueva notificación, y mi corazón se aceleró al ver que era un mensaje relacionado con Belén. Temblando, abrí el mensaje y leí las palabras que aparecían en la pantalla.

La habitación pareció cerrarse a mi alrededor mientras las palabras se grabaron en mi mente. La amenaza directa contra Belén aumentaba la urgencia de la situación, y la sensación de impotencia se apoderaba de mí.

Corrí hacia mis padres y los de Brendan, compartiendo la noticia que acababa de recibir. La ansiedad se reflejaba en sus ojos, y juntos decidimos llamar a la policía. Cada minuto contaba, y la incertidumbre sobre el paradero de Belén se volvía más angustiante.

“Por ahora estará bien, ella es mas fiel que vos”

 

Domingo 19 de mayo

12:15 pm

Pasaron dieciséis horas desde que Belen fue secuestrada y, hasta ese momento, no habíamos sabido nada de ella. El comisario y el oficial Garcia pensaban que Santiago estaba siendo paciente, que quería algo de todo esto, así que tal vez –tal vez– no le haría daño a Belen. Y yo lo creía, no había otra opción posible, ella estaba bien. Tenía que estarlo. 

Mi teléfono sonó sobre la mesa. 

“Sigues con el”

Brendan estaba junto a mi por lo tanto logró leer el mensaje. 

–¿Se refiere a mi?

Liam sentado frente a nosotros con su celular en mano  levanto la mirada hacia nosotros. 

–¿Qué pasa?

Le pase mi celular e intercambié una mirada con Brendan. 

–Nos está vigilando. 

El papá de Brendan fue rápidamente hacia afuera y llamó a los policías que estaban custodiando la casa, comenzaron a revisar la calle.

Minutos después apareció mi papá.

–Tenemos que llevarte a casa, cariño. 

Me despedí de Brendan y sus padres y con mi papá partimos a nuestra casa.

– ¿Estás bien?

–Lo mejor que puedo estar, saber que él tiene a Belu y que nos está observando es muy… es horrible. 

Llegamos a casa en silencio y al salir del auto me encamine hacia mi habitación rápidamente, les dije que no quería almorzar, luego comería algo, solo quería acostarme un rato. 

Una vez sola en mi habitación hice lo más estupido que se le puede ocurrir a alguien, pero solo era una niña asustada que no estaba pensando claramente. 

Agarré mi celular y mandé un mensaje. 

“Quiero verla”

Pasaron un par de minutos y recibí la respuesta

“Sabes donde encontrarme”

Pero no, en ese momento no lo sabía. 

 




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