No seré la Otra

CAPÍTULO 7

Cuando el pasado alcanza

LIONEL

—Ninguna mujer me quitará lo que es mío, Lionel —escucho detrás de mí—. Y menos una arribista como esa…

Cierro los ojos.

Porque por primera vez entiendo que podría perderlo todo.

—¿En verdad crees que tú y yo seguiremos casados para toda la vida, Ebonie? Solo falta un año. Un año más que debo soportarte, y lo haré —la miro—. Entremos, sigamos fingiendo el bello matrimonio que solo ocurre en tu cabeza.

—Me voy a encargar de que esa mujerzuela no tenga ganas de verte más nunca en su vida.

Solo sonrío.

Regresamos a la fiesta. No tengo ánimos de nada; solo me siento y observo. Mi mirada se posa en Hedelis, quien conversa con Ebonie como si se conocieran.

—Pool, ¿de dónde conoces a la señorita Aine? —le pregunto.

Pool es primo de Ebonie y quien me ha estado empujando a asociarme con la multinacional Vaughan.

—Aine —pronuncia con media sonrisa—. Ella era… y es mi obsesión. Esa mujercita me traía de rodillas ante ella, claro que no literalmente, pero así me sentía. La conozco desde que éramos niños. Le hacía la vida imposible, al igual que ella a mí. Tú ves a esa mujer calmada, como si nada le molestara, pero por dentro lleva una fiera indomable que deseo, con toda mi alma, domar.

—¿Se conocen desde pequeños?

—Sí. Estuvimos a punto de casarnos.

—¿Casarse?

—Si no hubiera escapado, hoy sería mi esposa.

Creo que Aine también guarda sus secretos.

—De lo que te salvaste, primito —interviene Ebonie.

—Aine no es una mala persona, solo hay que entenderla. Ahora que la he vuelto a ver, la voy a conquistar como sea. Esa mujer será mi esposa.

—Aine tiene la mirada puesta en otros objetivos —dice Hedelis, mirándome.

—No me interesa cuáles sean ahora. Ella será mi esposa, tal como me lo propuse hace años. Esta vez no habrá nada que lo impida —dice Pool con convicción.

No digo una palabra más. Siento que ya he dicho demasiado.

Media hora después me despido y salgo de la fiesta, casi arrastrando a Ebonie.

La dejo en su habitación y me voy a dormir al sofá. No sé cómo voy a hacer para recuperar a Aine, pero lo haré. No la voy a perder por nada del mundo, y mucho menos voy a permitir que Pool me la quite.

Al día siguiente me preparo para enfrentar a mi leona. No sé cómo lo haré, pero arreglaré las cosas con ella.

—¿A dónde crees que vas? —pregunta Ebonie.

Cierro los ojos. Lo último que quiero es discutir.

—No deseo pelear contigo.

—No discutiríamos si estuvieras a mi lado cumpliendo tu papel de esposo —sonrío.

—Te recuerdo que tú fuiste la que dijo que le daba asco que te tocara, que yo no despertaba ningún deseo en ti. ¿O ya se te olvidó?

—Lionel, no sabía lo que decía en ese tiempo.

—Es tarde, Ebonie. No volveré a fijarme en ti.

—Sabes que, si no fuera por mí, no serías hoy lo que eres. Fui tu motivación y tu empuje.

—Te equivocas. Lo hice por mí.

Hace años sufría de baja autoestima. Era un muchacho escuálido, con un padre que me manejaba a su antojo. Siempre hice lo que me pidió para ganarme su aprobación, y por eso hoy estoy atado a un matrimonio por conveniencia.

La mujer que él eligió como mi esposa me despreció desde el primer día. Cuando intenté conquistarla, me humilló y me comparó con sus amantes. Fue entonces cuando decidí cambiar, reinventarme por completo. Aún tengo mucho que corregir, como dejar de obedecer a mi padre como si fuera mi amo.

Salgo del apartamento ignorando a Ebonie. Subo al auto y conduzco hasta el apartamento que compartía con Aine.

Al llegar, saco las llaves y entro. Las fotografías ya no están. Voy a la habitación: vacía. Busco sus cosas, pero no hay absolutamente nada. Marco su número; me manda al buzón. Le dejo un mensaje de voz.

Paso las manos por mi rostro. No sé cuántas llamadas le he hecho, ni cuántos mensajes le he dejado.

—Aine, amor, te amo. Necesitamos hablar, por favor escúchame. No quiero que esto se acabe —susurro en uno de tantos mensajes.

Busco una nota, algún rastro… nada.

Bajo a recepción.

—¿Ha visto hoy a mi novia? —le pregunto a la recepcionista.

—La señorita salió hace media hora. Iba con maletas y tres hombres.

—¿Tres hombres?

—Sí.

Vuelvo a llamarla. Buzón.

Regreso al hotel donde está Ebonie, tomo mi maleta y empaco lo poco que tengo.

—¿Qué haces?

—Regresaré.

—¿Qué?

—Si quieres quedarte, hazlo.

—Soy tu esposa. Estaré donde tú estés.

Sonrío y niego con la cabeza, pero no digo nada.

Media hora después volamos de regreso.

—Te voy a encontrar, Aine —murmuro—. Si ibas con maletas, seguro regresaste con tu familia.

Al aterrizar voy directo a la casa de mi padre.

—¿Por qué no me dijiste que tu sociedad era con la empresa Spears? —reclamo.

—¿Y cuál es el problema?

—El problema eres tú. Tomas decisiones sin consultarme. Se supone que yo manejo la empresa, ¿o no?

—Claro que la manejas, pero a veces yo también decido.

—No me haré cargo de esa sociedad. Busca a alguien más.

—Te harás cargo, quieras o no.

—No esta vez, Nathan. Ya me harté de tus manipulaciones.

Salgo ignorando sus gritos. Es hora de tomar las riendas de mi vida.

Voy a mi apartamento y contacto a mi intermediario para concretar una reunión con Theodore Vaughan.

Llevo dos días llamando a Aine sin respuesta. Su ausencia me consume. Me siento vacío.

Hoy es la reunión. Al llegar me anunció con la recepcionista quien de inmediato me guía al último piso.

—Señor Vaughan, el señor Corney —anuncia su asistente.

—Pase.

—Es un placer conocerlo señor Vaughan —estrecho su mano.

—Lo mismo digo: señor Corney. Tome asiento.

—Gracias por aceptar esta reunión.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.