No vuelvas con el Mamá

Capitulo 1: Mi madre no es miope, es despistada

Ethel

Hoy es el día más importante de la semana, es el día que cualquier amante de la televisión y el cine espera. Hoy es...

— ¡Día de compras para la despensa! —canturrea mi madre levantándome de la cama como solo ella sabe hacer.

— Buenos días a ti también ma, ¿ya nos vamos tan temprano? —pregunto aún adormilada.

— Ethel, son las once de la mañana y te recuerdo mi vida que es sábado y el super cierra a las dos de la tarde así que date prisa o no te compro esas semillas que te gustan. —amenza ladeando una sonrisa.

— Ya voy, cinco minutos más mami que anoche me dió insomnio. —bostezo tapándome más con la cobija.

— Si no te desvelaras viendo cualquier cosa en la tele tal vez no lo tendrías. —musita ella frunciendo el ceño.

— No me desvele viendo cualquier cosa mamá, me desvele viendo Stranger Things para que después Netflix me dijera que el último episodio que hace falta sale el miércoles cuando no puedo verlo. —argumento mordiendo la almohada del coraje que me dió.

Yo estaba en un momento descicivo entre llorar porque estaban la mayoría reunidos o llorar por Steve, no el no se puede morir. Si Steve muere yo lo regreso a la vida con una ouija o lo que sea pero. No. Se. Muere.

— Levantate a bañarte y después bajas a desayunar, hazlo rápido que entre más te tardes más ofertas perdemos y tendré que cancelartelo. — confiesa ella haciéndome jadear de indignacion.

— Eso me ofende, yo no tardo mucho en bañarme — mamá entrecierra los ojos y alza una ceja como diciendo: “¿Que no?”

Ruedo los ojos cansada de las constantes contradicciones de mi madre, tal vez sea por eso que está soltera a pesar de tener cuarenta y cuatro años y le tocó criar a una hija sola por diecisiete años.

La verdad que no me ha hecho falta nada y soy feliz estando sola con ella, puedo decir que mi relación con mi madre es como que este en una amistad con otra adolescente.

Está mujer es igual o más loca que yo, a pesar de su edad ella si es realmente atractiva; ha sabido mantener su físico aún el tiempo y las situaciones han sido malas.

Termino de peinar mi cabello castaño oscuro — opuesto al de mi madre que es negro—, bajo las escaleras y el olor a chocolate y nueces me llaman a sentarme en la mesa y darme un enorme bocado de panecillos de chocolate con crema de nueces.

Pocas veces mama me deja desayunar esto pero hoy es la excepción porque estuvimos trabajando arduamente casi toda la semana recolectando cupones y buscando las mejores ofertas para rellenar nuestra despensa especial para películas y series.

— Vámonos ya, Ethel, o podremos perder el autobús. —indica mamá colocándose sus aretes preferidos.

Me ato los cordones de los tennis, tomo mi bolso y los sobres con cupones recortados de periodico que buscamos y selecciónamos minuciosamente entre las dos para ajustar el dinero suficiente y ahorrar más.

Ya solo en el autobús se nos van como ochenta pesos de ida y ochenta de venida, hay que saber administrar el dinero y más ahora que solo me falta un año para ir a la universidad. El supermercado está ahogado de gente rempujandose los unos a los otros, es una catastrofe.

Mama y yo somos expertas en catastrofes.

— Ya sabes mamá, si te rempujan lo empujas al suelo y le quitas el producto. —explico breve amarrando mi cabello en un moño acción que ella replica.

— Si te quieren quitar algo defiendes el producto, hija.—me indica dándome un abrazo antes de la tormenta.

Esto parece irreal, loco, y muy surrealista pero la verdad es que ya hemos estado en esta situación incontables veces desde que era una niña.

¿Cuantas madres educan a sus hijas como guerreras del ahorro? La mía lo hace y debo decir que estoy agradecida por eso, tengo la habilidad de repartir tiempo para organizarme entre la escuela y el trabajo.

Falta un poco para que vuelva a clases y me gradué, con mamá hemos estado ahorrando desde hace mucho tiempo para pagar el viaje que queremos en celebración.

— ¡Ethel! —exclama ella abalanzandose sobre la mujer que quería quitarme la caja de café de entre las manos — ¡Con mi hija no, perra!

— ¡Suelteme, señora ciega! —le ordena la mujer tratando de tomarle el brazo a mi madre.

— ¡Mi madre no es una señora como usted! Ella es señorita soltera con hija y no es miope, es despistada. —musito liberando a mi mamá de las garras de la mujer.

Cuando logramos salir de ese caos victoriosas nos percatamos de que estuvimos metidas ahí tres horas luchando por el bienestar de nuestra glotoneria y esperando que las cajeras—preocupadas de su vida— nos atendieron.

— Lo logramos cariño, nos ahorramos como tres mil pesos con cupones y puntos de las tarjetas. —felicita mamá abrazándome por la espalda mientras le ayudo cargando parte de las bolsas.

— Lo hicimos mami. —digo feliz de verla sonreír así por nuestra pequeña hazaña a ojos de otros pero grande para nosotras.

A ella y a mi nos hacen falta un que otro tornillo pero eso es lo que hace a mi mamá mi mamá. Pueden criticarla lo que quieran pero se las verán conmigo, yo soy la única que puede molestarla así como ella conmigo. Parecemos más hermanas que madre e hija sin sorpresas.




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