No vuelvas con el Mamá

Capitulo 3: Me interrogo un viejo verde

Ethel

A duras penas logro esquivar más de las preguntas invasivas del hombre misterioso; siento que me está acosando << la verdad, las cosas como son, tu si estás bien buena >> esto es muy intrusivo y me genera algo de repugnancia que un adulto como el este obstigando con preguntas personales a una adolescente como yo.

— ¿Esque acaso no tienes familia que te la pasas merodeando por aquí?

— Oigame bien, si usted no deja de hacerme esas cero cuestionables preguntas griatre tan fuerte que vendrá mi madre y le pateara el...

— ¿El que? Vete de una vez con tu madre y no vuelvas a aparecer por aquí. —sentencia con voz fría y fuerte, no necesita ni gritar para abrumar.

En cuanto el me abre el paso corro hacia la entrada rezando por qué mama y Ilse ya hayan acabado de charlar para irnos de aquí, no puedo ni respirar en este lugar mientras ese rabo verde siga a metros de mi.

— ¡Mama! ¡Ilse! —grito sin preámbulos lanzandome a los brazos de mi madre quien se sobresalta al sentir mi sudor y mi respiración agitada sumado a lo pálida que estoy.

— Cielo santo dame paciencia con esta mocosa —bufa mama— ¿Que andabas haciendo tu que estás asustada? ¿ A quien molestaste? —inquiere apartando un mechon de cabello de mi frente.

— Te digo que no hice nada mami, estaba tranquilita haciendo lo que Ilse pidió cuando un viejo verde se me cruzó por el camino y me hizo un interrogatorio moralmente cuestionable. Hasta pregunto que que hacía yo en su caritatorio.

Ilse se tensa cuando oye la mencion del hombre, ella trata de disimularlo pero es tarde puesto que mamá le pregunta que sucede.

— Bueno, este lugar ha estado mucho tiempo conmigo pero no es como antes, ya no puedo mantenerlo y los dueños lo vendieron, no se todos los detalles pero se supone que el comprador iba a venir hoy. —relata ella trabandose un poco.

— Es una pena de oir —dice mamá con tristeza y baja la mirada— entonces con quién se encontró Ethel fue el. —Ilse reafirma la sorpresa de mamá lo que ocasiona que está respire profundo por lo que piensa que pude hacer.

— ¡Pero mamá! Ya te dije que no le hice nada —musito indignada de que dude de mi.

— Suficiente, Ethel, yo conozco lo que tengo y se que eres igual a mi por lo que no sabes quedarte callada — la forma en que ella me regaña me avergüenza haciendo que deba ponerme el gorro de la sudadera para ahogar mis penas.

Aun después de haber salido de ahí sigo sintiéndo la presencia amenazante de aquel hombre gélido como el hielo y tormentoso como el plomo. Mama no me lo cree, camino a casa le sigo insistiendo en que de verdad no hice nada pero no es hasta que menciono unas cuantas características de ese hombre que ella empieza a dudar.

— Mamá creeme que de verdad era intimidante, media como metro ochenta y su voz era fría e intimidante, mami creeme. —le pido, le ruego y ella empieza a hacerlo no obstante sigo firme con que tal vez hice algo.

— Ya tuve suficiente Ethel, el caritatorio ya no va a existir y de seguro te metiste en problemas con ese hombre por ti actitud, aveces me preguntó que porque tuviste que salir igual de incontrolable que yo.

Dejo de lado la idea de que ella me crea porque siendo honesta, si es muy probable que yo hubiera hecho algo para iniciar el pleito pero me duele que la mujer que me hizo así me reproche que ella también lo sea. Y después dice que la inmadura soy yo.

Dejo caer mi cuerpo en la suave cama con un resorte salido. Enciendo la lámpara de mi mesita de noche y cierro bien mi ventana, hoy ando cagada de mío desde que ví al rabo verde misterioso. Yo no soy de asustarse facil pero de solo verlo me dió tremendo paron al corazón en el mal sentido.

Dios no lo quiera y ese hombre me reconoce en el futuro y trate de arruinar lo que con tanto esfuerzo mi madre y yo hemos hecho. Me dirán: “Hay Ethel, eres una exagerada”. ¿Cómo no serlo si mi madre me educo a pura novela y películas?

Yo tengo la fuerza mental de Teresa, el espíritu de Enola Holmes, el físico de Isabela Paz y la actitud de María Isabel.

Pero si hay algo que asusta son los demonios hombres que les gustan intimidar menores, eso me ha dado miedo desde que tengo memoria. Cuando estoy a punto de dormirme un estruendo me hace saltar de la cama y volar hacia la habitación de mi madre de dónde proviene el grito.

— ¡¿Que paso?! ¡Yo te salvó mamá! —me pongo a la defensiva poniéndome en posición karateca.

— Perdon hijita, esque me emocione porque finalmente Paola logró casarse con Carlos Daniel ¡Ahhh! —chilla ella golpeando violentamente sus almohadas.

— ¡Hija de la madre que te parió me asustaste! —le suelto carcomida por el enojo.

— A mi no me hablas así jovencita, mejor vente para que sigamos viendo el final de la Usurpadora. —propone, no sé si hacerle caso o volver al miedo de mi habitación.

Me lo pienso y me lo pienso hasta que decido volver a mi habitación, tomo una cobija y mi almohada favorita las lanzó sobre la cama de mamá y después me dejó caer a su costado, ella se ríe y me ve com ternura.

Hay algo en la mirada cristalina de ella que siempre me reconforta como la Santa Trinidad, ella parece una mujer pura y bondadosa pero con un carácter que te deja pensando en si es la misma mujer.

Cierro los ojos dejándome abducir por la melodiosa voz de ella y su calidez que me dejan ver que no estoy sola, que somos ella y yo por siempre.




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